Nación

Víctimas de la represión rechazan pedido de Ortega de “impunidad”

Defensores de DD.HH. advierten que intenta volver al arreglo con los grandes empresarios, pero nadie está interesado en asociarse con el ilegítimo

La propuesta de Daniel Ortega de “borrón y cuenta” de las masacres perpetradas en abril de 2018, cuando el Estado cometió delitos de lesa humanidad en Nicaragua, fue rechazada por  víctimas de la represión y defensores de derechos humanos nacionales e internacionales que la calificaron como un “anzuelo político” para buscar legitimidad y advirtieron que “no habrá perdón ni olvido”.

Ortega realizó la promesa durante la toma de posesión de su cuarto mandato presidencial consecutivo desde 2007, marcado por el aislamiento internacional, el debilitamiento de su base política, y las sanciones contra su régimen, como las que este lunes diez de enero impusieron de manera coordinada la Unión Europea y Estados Unidos, luego de las votaciones sin garantías democráticas de noviembre pasado.

Francys Valdivia Machado, presidenta de la Asociación de Madres de Abril (AMA), que suma los esfuerzos de las madres y familiares de las víctimas de la represión, reivindicó el derecho a la memoria desde su cuenta de Twitter.

Vilma Núñez, presidenta del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (CENIDH), denunció que no hubo ni una insinuación de rectificación en el discurso del gobernante. Ortega intentó confundir a la población, erigiéndose como víctima cuando fue victimario, dijo Núñez, pues mantiene la narrativa de que su régimen fue objeto de un golpe de Estado en 2018 y lo que busca es impunidad, pero  estos crímenes no “pueden quedar en el olvido”.

Según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), en Nicaragua resultaron 355 personas asesinadas, 2000 heridos y más de 100 000 se fueron al exilio en el contexto de las protestas opositoras en abril de 2018, las cuales fueron violentamente reprimidas por la Policía y fuerzas paraestatales simpatizantes del gobernante sandinista. Uno de los episodios más crueles ocurrió antes del 19 de julio de ese año, cuando el régimen ordenó el despeje violento de las barricadas, levantadas por la población, a cualquier costo, en lo que se conoció como la “operación limpieza”.

La defensora de derechos humanos advirtió que Ortega “insinuó que quiere volver al arreglo con los grandes empresarios. Para mí les quiso tirar un anzuelo y escoger sus propios interlocutores (ante un eventual diálogo). Me preocupa sobre todo la situación de salud, de aislamiento (de los presos políticos), la situación de la seguridad interna, la falta de movilización a cualquier parte del país. Me parece que si está situación sigue, definitivamente el éxodo de nicaragüenses va a seguir”, lamentó Núñez.

La activista de derechos humanos se refería al acuerdo que Ortega mantuvo con los grandes empresarios de Nicaragua, entre 2009 y 2018, conocido como de “diálogo y consenso” que permitió a ambos sectores cogobernar el país. Ese contubernio era vendido como un modelo exportable para la región y en la práctica los dos grupos aprobaban leyes en conjunto, había estabilidad gracias al control del sandinismo en los sindicatos, sumado a generosas exenciones a grupos empresariales. Todo eso se mantuvo hasta 2018 cuando el sector privado tomó distancia del Gobierno, después de la represión a las protestas cívicas.

Abrão: “Memoria, la mejor arma contra la barbarie”

El jurista brasileño Paulo Abrão, ex secretario ejecutivo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que investigó las graves violaciones de derechos humanos cometidas en Nicaragua, considera que Ortega parece no comprender que los derechos humanos cada vez son tomados más en serio.

“Si antes la historia era construida basada en el olvido, la ética social actual clama por `ni olvido, ni perdón`. La nueva revolución es la memoria. Sin conocer los errores del pasado no hay cómo construir una efectiva democracia. La memoria es la mejor arma humana contra la barbarie”, declaró Abrão a una consulta de CONFIDENCIAL.

Haydée Castillo, otra defensora de derechos humanos y presidenta del Movimiento Nicaragüense en el mundo, agregó que el planteamiento gubernamental es un mensaje al pueblo de Nicaragua para que olvide las graves violaciones a derechos humanos, pero opinó que no cree que vaya a tener éxito.

Castillo sostiene que la rebelión de abril fue un parteaguas en la historia de Nicaragua y la población entiende que la importancia que juega la verdad, la memoria, la justicia y el resarcimiento en la meta de alcanzar una paz duradera.

Ivania Álvarez, integrante de la Articulación de Movimientos Sociales, opinó que es paradójico que Ortega habla de olvidar el pasado en su discurso, sin embargo, mantiene un tono repetitivo contra Estados Unidos desde hace años. Para ella, la toma de posesión de este diez de enero fue una fiesta privada, en la cual no hubo una sola persona que le diera legitimidad y si varias personas que se felicitaban entre ellos mismos.

A la toma de posesión, solo asistieron tres jefes de Estado: el saliente de Honduras, Juan Orlando Hernández; el de Venezuela, Nicolás Maduro, y el de Cuba, Miguel Díaz-Canel. Todos ellos fueron efusivos con la pareja presidencial de Nicaragua al saludarlos y compartieron su discurso de defensa a la “soberanía”. Según Álvarez, no hubo nada nuevo en el discurso de la toma de posesión, porque Ortega no le ofreció nada nuevo a Nicaragua, aunque intentó vender ciertos gestos simbólicos como vestir de azul y blanco a los miembros de la Juventud Sandinista.

Lo que sí le llamó la atención a Álvarez fue que Ortega comparara a los presos políticos de Nicaragua con los procesados por el asalto al capitolio, realizado el seis de enero de 2021 por simpatizantes del expresidente republicano Donald Trump en Washington, a los cuales el dictador nicaragüense llamó “presos políticos”.

“A mí me parece que el tema de los presos (políticos en Nicaragua) le es incómodo y asume el costo político”, dijo Álvarez.

Jesús Téfel, integrante de la opositora Unidad Nacional Azul y Blanco, afirma que Ortega busca instalar un modelo político y económico que le funcione, ya que el que él tuvo con los empresarios fue destruido. Sin embargo, no ve a sectores interesados en asociarse con un político que no es creíble, tampoco confiable y que aísla al que se le acerca del mundo.

Téfel añadió que Ortega buscará, igual que con las elecciones del siete de noviembre, hacer una farsa con lo que buscará transmitir alguna sensación de estabilidad a sus bases. Es más, él observa que, si esta vez no mencionó el tema de la liberación de los presos políticos fue porque nadie le dará lo que el ejecutivo necesita para salir de la situación en la que se encuentra.


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