Nación

Cardenal: “libertad para opinar” sobre temas discutibles en la Iglesia

Propone: aborto terapéutico, respeto a homosexualidad, ordenamiento de mujeres, liberar de celibato a sacerdotes seculares

El jesuita Fernando Cardenal considera que tiene libertad de opinar, a título personal, sobre temas que han causado debate por décadas en nuestras sociedades y en la Iglesia Católica. El derecho de las mujeres al aborto terapéutico, el respeto hacia los homosexuales, el uso de anticonceptivos, el celibato y la ordenación de las mujeres, son tópicos que el sacerdote aborda con practicidad, desafiando a las corrientes ortodoxas que aún existen en iglesia.

Para opinar sobre temas espinosos como estos, quien fuese Coordinador de la Cruzada de Alfabetización y Ministro de Educación durante la década de los ochenta, se apoya en dos frases dichas por miembros de su propia familia. Una del Papa Francisco, en la que asegura que en asuntos de moral no hay dogmas, y otra de San Agustín. La de éste último es, probablemente, la piedra angular de su pensamiento: “En las cosas necesarias, obediencia. En las cosas discutidas, libertad. Y ante todo, caridad”. Cardenal afirma que él obedece dogmas, pero en tópicos que se prestan a debate, como el uso de anticonceptivos, se siente en la libertad de recomendarlos.

En una entrevista brindada al programa Esta Noche, el jesuita recordó que este tema se ha discutido desde su origen, cuando el Papa Pablo VI creó una comisión para analizar la aprobación del uso de la píldora en la década de los sesenta. Aunque 28 hombres de ese grupo estuvieron de acuerdo con hacerlo y 24 rechazaron la idea, el líder de la Iglesia de aquel entonces temió que la medida estuviese en contra de la encíclica Casti Connubii. “Optó por la opción de la minoría”, recordó el sacerdote.

Hoy día, Cardenal opina que el Papa Francisco se ha mostrado más receptivo con el tema. “Él se ha acercado un poco a esto cuando dijo a los cristianos que no tienen la obligación de reproducirse como conejos. Entonces yo le preguntaría: Papa, ¿cómo puede hacer una pareja para dejar de reproducirse así, si no es usando anticonceptivos?”, ríe el jesuita.

Sin embargo, el pasado 4 de Octubre el Papa Francisco mostró su cara más tradicionalista. Durante la apertura del Sínodo de la Familia –una reunión en la que participan unos 400 sacerdotes y obispos del mundo– el líder argentino defendió la indisolubilidad del matrimonio, reitrando que éste se compone de “un hombre y una mujer”, y condenó el divorcio. También pidió a sus semejantes acompañar a las personas en un contexto “bastante difícil”, en el que la soledad se ha convertido en el “drama que aflige a hombres y mujeres”.

Este tipo de observaciones constituyen la materia prima del libro que Cardenal lanzará próximamente, titulado “Francisco, entre la ciencia y la teología”, editado por Anamá Ediciones. La obra es el resultado de varias conversaciones entre el autor y la socióloga y politóloga mexicana Citlali Rovirosa-Madrazo, quien fungió como su editora. El sacerdote asegura que expone comentarios profundos sobre las dos grandes encíclicas del Papa actual: Evangelii Gaudium y Laudato Si’. “Él es el centro de mi libro”, asegura.

Este es un fragmento de la conversación que el sacerdote jesuita sostuvo con Carlos Fernando Chamorro, director del programa Esta Noche mientras en El Vaticano se llevaba a cabo el Sínodo de la Familia.

I. Familia y homosexualidad

¿De qué concepto de la familia discutirán los obispos en este sínodo?

Parten de la concepción tradicional de la familia: el hombre y la mujer. Pero yo creo que ya se han tocado algunos temas a propósito de esto. Por ejemplo, la Comunión de los divorciados y vueltos a casar, el trato a los homosexuales, los anticonceptivos, el aborto terapéutico. Todas esas cosas giran alrededor de la familia, se han tocado y tal vez se discutan ahora.

¿Cómo se vive dentro de la Iglesia el tema de la homosexualidad?

Hasta ahora ha sido una actitud de rechazo completo. Es decir, no tomarlos en cuenta en ninguna labor o acción pastoral, y verlo como algo que está fuera de la Iglesia. El Papa ha tenido que decir que ni los homosexuales ni los que se han divorciado están excomulgados. Ha dado un paso, pidiendo que los consideren como parte de la Iglesia. Creo que se ha avanzado bastante en eso.

¿Cómo has confrontado este tema como sacerdote?

En el Colegio Centroamérica de Granada yo era una bestia en cuanto al homosexualismo, porque había una actitud de rechazo total. Es decir, hasta linchamos a uno. Éramos unos salvajes.

Estás hablando de tu época de estudiante…

Sí. En el internado decíamos “aquí no hay homosexualismo”. Nosotros mismos nos lo prohibíamos. Después fui cambiando, por supuesto, a una actitud de gran respeto por los homosexuales, que es lo que está pidiendo el Papa Francisco. Respeto y misericordia por ellos.

II. Mujeres y aborto

El Papa se pronunció recientemente sobre el aborto, diciendo que las mujeres que lo han practicado en determinadas circunstancias no deben ser vistas como pecadoras. En este manuscrito hablás de manera más abierta sobre tu posición con respecto al aborto terapéutico…

En el aborto general se mata directamente al feto, en el aborto terapéutico se pretende salvar la vida de una mujer enferma que está embarazada. Como consecuencia no deseada, se produce la muerte del feto. Ese feto no está destinado a la vida, está destinado a morir, con o sin aborto terapéutico. Si no hay aborto muere su mamá, si hay aborto muere el feto como efecto secundario. La vida de la mujer es lo que se está salvando y eso es lo importante.

En Nicaragua se permitía el aborto terapéutico desde antes de la Revolución Liberal hasta el año 2006, cuando la Asamblea Nacional lo penalizó previo a las elecciones de ese año…

Y han muerto miles de mujeres desde entonces, sobre todo las pobres porque tienen miedo de ir a la cárcel. Es tremendo, porque las ricas van al extranjero a hacerse el aborto (terapéutico). Las pobres son las que mueren. Eso es terrible.

III. Celibato y sacerdocio femenino

En este libro en preparación te pronunciás a favor de la supresión del celibato para los sacerdotes seculares, pero no para los religiosos. ¿Cuál es la diferencia y por qué hacés esa distinción?

Por cuestiones prácticas. Yo he visto soledad en la vida de los sacerdotes seculares. Los religiosos vivimos en comunidad, con compañeros. Eso ayuda mucho a guardar el celibato, tener una familia en tu comunidad.

¿Pero entonces el celibato es un dogma?

No, es una cuestión disciplinar. Eso lo dice el Papa Francisco. Si se puso un día, se quita otro día. Pero yo creo que hay que conservarlo (para los sacerdotes religiosos).

¿Vos no estás planteando que Fernando Cardenal quiere abandonar su celibato?

Si no lo he abandonado durante 62 años de vida religiosa, ¿lo voy a abandonar a mis 81 años de vida? No, yo amo mi celibato. Pero me da pena la forma en que muchos sacerdotes seculares viven circunstancias de soledad. Lo que sucede es que muchas veces tienen que buscar a una mujercita, porque su vida es muy difícil. Entonces es mejor (dejar) las cosas claras.

En mi libro también digo que estoy a favor de dar la oportunidad a aquellos sacerdotes que dejaron de serlo porque se enamoraron y se casaron, de volver a la vida pastoral. Sacerdotes con su esposa. ¿Por qué no? ¿Cuál es el problema? Esa es mi opinión, totalmente personal.

Desde el punto de vista de la doctrina, ¿cuál es el planteamiento para que las mujeres no puedan ejercer el sacerdocio como lo hacés vos?

Yo no conozco ninguna razón bíblica ni teológica que prohíba que se ordenen las mujeres. Con el Papa Juan Pablo II estaba prohibido discutir este tema, pero el Papa Francisco ha dicho que tenemos una gran deuda con las mujeres. No hemos estado junto a ellas en su sufrimiento. También ha dicho que no hemos profundizado bien sobre la teología de la mujer. Unido a lo otro, yo creo que está cerca de que se permita.

IV. Pedofilia

El Papa Francisco ha establecido una política de cero tolerancia hacia la pedofilia. ¿Cómo se ubica la Iglesia Católica nicaragüense en esto?

Llevo 81 años de vivir en Nicaragua y hasta hoy, nunca he escuchado de un caso en el que se acuse a un sacerdote local de pedofilia. Pero conociendo al Cardenal Leopoldo Brenes y a Monseñor Silvio José Báez, estoy seguro que aquí se va a seguir lo que dice el Papa: cero tolerancia. Y no sólo consiste en sacarlo del sacerdocio, sino presentarlo a los Tribunales.

La semana pasada se produjeron dos casos en el Colegio Centroamérica, no particularmente con sacerdotes que hayan abusado de menores pero sí de maestros que fueron denunciados. Es decir, esto es un delito común que debe ser abordado por la sociedad en todos los ámbitos…

Por supuesto. Hay que defender a los niños y a las niñas. Para mí eso es esencial. A mí me duele tanto una violación que cuando he leído casos en el periódico sobre violación a la niñez, he pensado en la pena de muerte. Después recapacito en que no soy amigo de la pena de muerte.

Hablando en el programa de radio de Michelle Najlis (poeta, narradora y teóloga nicaragüense) sobre esto, se me salió decir una cosa: la pena de muerte no, pero siento tanto rechazo por estos violadores, que considero que el Estado debe aplicar la pena de la castración, para que no vuelvan a violar a nadie. Después me puse a estudiar y (me di cuenta) que la antología moral católica todavía le niega al Estado el derecho de castrar a un delincuente. Entonces digo en mi libro: ojalá los teólogos morales de la Iglesia aprueben que el Estado pueda castrar a los violadores.

V. Objeción de conciencia

Lo que expresás en este libro son planteamientos que desafían ciertos elementos dentro de la ortodoxia. ¿Puede esto generar algún tipo de reacción en tu contra o considerás que en la Iglesia hay apertura para discutir?

Yo me ceñiría a San Agustín, que me da libertad para opinar en cosas discutibles. Y les pido que tengan caridad, por supuesto, que no me insulten, que si no están de acuerdo conmigo, que dialoguemos, que hagamos un debate de altura. Yo los trataré con caridad a todos, aún a los que me muerdan. Ahora, en las cosas necesarias yo tengo obediencia. Obedezco los dogmas.

En los años ochenta fuiste objeto de una sanción del Papa Juan Pablo II. Mantuviste una objeción de conciencia cuando te ordenaron separarte de la Revolución Popular Sandinista. Fuiste separado de la Compañía de Jesús. Años después se reconoció la validez de tu objeción y se te permitió volver a ser sacerdote jesuita…

Mi problema con el Vaticano fue político. El Papa estaba en contra de la Revolución porque quedó muy marcado por su experiencia como sacerdote joven en Polonia, cuando tuvo la persecución por el partido comunista polaco. Eso lo marcó para siempre. En esa concepción él me obligó a dejar la Revolución. Yo había tomado una decisión muy pensada en 1973, estando convencido que era Jesús el que me pedía que por los pobres me comprometiera a esa revolución. Yo decía, en mi discernimiento espiritual y comunitario, que la voz de Jesús era más fuerte que la del Papa.


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