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Xaviera, Ana y Yasuri: La vida de tres mujeres nicaragüenses exiliadas en Costa Rica

Migrantes

Tras casi tres años de refugiarse en el país vecino, ellas siguen con sus vidas, sorteando la falta de empleo, la discriminación y la pandemia


Eran estudiantes, trabajadoras del sector público o privado, mamás, hijas, hermanas, amigas que salieron huyendo de Nicaragua para salvaguardar su vida y las de los suyos. Cruzaron a Costa Rica de forma irregular con solo una mochila, sin pasaporte ni dinero, con la esperanza de volver pronto a su país. Son las mujeres que formaron parte de la Rebelión de Abril y que tuvieron que huir de la represión estatal. 

“Las caras del exilio nicaragüense en Costa Rica”,  un estudio de Fundación Arias para la Paz y el Progreso Humano, registró que el 38.8% de los exiliados en el país vecino son mujeres. 

A casi tres años de haber salido de su país, las nicaragüenses en el exilio buscan maneras de integrarse, medios para formarse y herramientas para sobrevivir en medio de las diversas limitaciones. La resiliencia ha sido su fuerte, apuestan por sobrevivir y resistir

CONFIDENCIAL entrevistó a tres mujeres nicas en Costa Rica para conocer cómo ha sido la vida tras exiliarse, cómo han sobrellevado el desplazamiento forzado y qué expectativas tienen sobre el retorno a Nicaragua. 

Xaviera 

Xaviera en su stand de la feria que organiza junto a otras mujeres exiliadas. Foto: Katherine Estrada.

Vive entre acuarelas, pinceles, utensilios para hornear y decorar. Le encanta el arte, tocar la guitarra, cantar y hacer repostería. Es mamá de dos niñas, una de seis años y otra de ocho meses. 

Llegó a Costa Rica en julio de 2018, luego de la ejecución de la Operación Limpieza en Carazo. Aún sueña con regresar a Nicaragua, ‘ Todavía no siento que estoy totalmente adaptada a este país, aun siento las ganas de estar en el mio, siento por las mañanas las ganas de poder regresar a mi casa, a mi pueblo’, indica. 

Para Xaviera Molina , ser mujer refugiada ha sido un camino difícil y lleno de limitaciones. Asegura que se le subestima en varios aspectos, especialmente en el laboral.  La escasez de empleo la empujó a emprender un negocio de repostería y manualidades para costear sus gastos básicos, al que bautizó  ‘Manitos mágicas by Doraly’. 

A raíz de la pandemia de covid-19, Xaviera se unió con otras mujeres nicaragüenses y formaron un colectivo para acuerparse y crear estrategias de negocios que les permitieran mantener a flote sus emprendimientos. Así nació el proyecto “Las Ferias Pinoleras”, en las que venden sus productos en San José Centro.

La feria en San José en que las mujeres nicaragüenses exiliadas venden sus productos. Foto: Katherine Estrada.

“Nos ha servido un montón, no solamente para nuestros emprendimientos, que fue lo que pensamos inicialmente, sino también para ayudar a más mujeres. Poco a poco ha ido creciendo. Ahora estamos buscando espacios de formación lo que ha consolidado las relaciones entre nosotras y ayudado a que nuestros emprendimientos tengan mejor calidad”, cuenta con emoción al hablar de este proyecto.

En los colectivos Xaviera también ha encontrado espacios de sanación en que pudo hablar sobre la violencia intrafamiliar que vivía. “Me hicieron creer que no era capaz, que estaba sola, que no podía salir adelante… no solo era víctima de violencia por mi ex pareja, sino también era víctima de violencia por el Estado de Nicaragua. Son muchos duelos que debía sanar y entre todas nos acuerpamos, nos damos información”, comparte.

Xaviera va a todos lados con sus dos niñas. A su hija mayor le gusta la pintura, el canto y la repostería, siguiendo los pasos de su mamá. “A ella le gusta un montón decorar conmigo, se divierte mucho, lo ve como un juego…. también le gusta hacer sus pinturas y dedicarlas, es su forma de expresarse y demostrar amor”. Sus hijas son su motivación para salir adelante, dice.   

En Nicaragua, Xaviera estudiaba Marketing y Publicidad en la Facultad Regional Multidisciplinaria de Carazo (FAREM-CARAZO), pero junto a otros estudiantes exiliados fueron expulsados de sus carreras como represalia por participar en las protestas contra el Gobierno. En Costa Rica sigue formándose a través de organismos que le han permitido un crecimiento profesional y emocional.   

Quiere ser una gran empresaria y apuesta por un futuro mejor para sus hijas. A pesar del exilio, sigue enfocada en alcanzar las metas que le fueron arrebatadas en su país natal.

Ana, ‘La enfermera vandálica’

Ana no abandona su lucha por ver a su país libre y así poder regresar. Foto: Katherine Estrada

‘La enfermera vandálica’ Ana Hernández mantiene su humor, su risa contagiosa que hace reír a quienes la rodean. Es una mujer muy activa e involucrada entre la comunidad de nicaragüenses refugiados en Costa Rica. Participa en las marchas, plantones, reuniones porque dice que quiere un cambio para su país. 

En Nicaragua, trabajaba como enfermera en la ciudad de León, en el área de Consulta Externa de Ortopedia y Traumatología del Hospital Escuela Dr. Óscar Danilo Rosales Argüello, pero fue despedida por participar en las marchas masivas que realizaban estudiantes contra el gobierno de Ortega y Murillo.

En el contexto de las protestas anti gubernamentales de 2018, su imagen fue viralizada en redes sociales y la bautizaron “La Enfermera Vandálica”, apodo que lleva con orgullo, pero fue también la razón de amenazas constantes por las que tuvo que salir huyendo del país.

A pesar de haber estudiado y ejercido Enfermería por muchos años en Nicaragua, indica que por su edad y las diversas trabas migratorias ha sido muy difícil encontrar trabajo en el vecino país.  “Soy una mujer mayor de edad, voy a cumplir 60 años. He llegado a entrevistas y me han dicho: ‘Una anciana viene a cuidar otra anciana’”.

Comenta que en algunas ocasiones hay contratos para el cuido de personas mayores en que los contratantes también incluyen tareas del hogar y horas extra por el mismo pago, y muchas terminan accediendo por la necesidad. 

Un análisis realizado por el Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad de Costa Rica (UCR) y el Centro de Investigación en Cultura y Desarrollo de la  Universidad Estatal a Distancia (UNED), muestra una participación relevante de personas trabajadoras inmigrantes en Costa Rica en el trabajo doméstico.

En el contexto de la pandemia de la covid-19, esta participación se incrementó, siendo la más alta registrada en los últimos años. 

Aunque los datos demuestran que existe una demanda estructural y estable de mano de obra migrante en el trabajo doméstico, el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS) de Costa Rica, mediante la Recomendación Técnica DNE-DML-OF-139-2020 del 22 de julio de 2020, recomendó no otorgar nuevos permisos de trabajo a personas extranjeras para esta rama de actividad justificando que se debe priorizar a costarricenses y residentes extranjeros que se emplean en estas labores y se hallan sin trabajo en este momento.  

Por razones como esta, varias mujeres nicas en Costa Rica deciden emprender, como Ana. A futuro, quiere crear un espacio donde los nicaragüenses puedan poner negocios formales de productos gastronómicos como tortillas, nacatamales o pinolillo. 

Pronto fundará “Las Mujeres Azul y Blanco”, una comunidad para exiliadas, donde habrá espacios para conocer las necesidades de las mujeres y crear estrategias de apoyo y subsistencia.  

Lo que más extraña de Nicaragua son sus nietos. Añora poder regresar y abrazarlos. Mientras tanto, sigue firme en su lucha, mantiene la energía para salir adelante en el vecino país, apoyando a la familia que ha formado en su exilio.

Yasuri

La joven exiliada quiere seguir aprendiendo en Costa Rica para mejorar su formación como activista social. Foto: Katherine Estrada.

Esta joven activista trabaja con la comunidad migrante en Costa Rica, especialmente con la comunidad LGBTIQ+.

Yasuri Potoy cursaba el último año de la carrera de Enfermería en la Universidad Autónoma de Nicaragua (UNAN- Managua) en 2018, cuando decidió formar parte de las brigadas médicas que daban atención a las personas heridas en el contexto de represión de las protestas contra Daniel Ortega. 

Salió hacia Costa Rica ese mismo año, como cientos de estudiantes universitarios que se manifestaron en contra del Gobierno y fueron perseguidos por ello. Indica que establecerse en este país ha sido un reto, “ser una solicitante de refugio sugiere una estigmatización y discriminación, ser una mujer trans te pone en un grado de vulnerabilidad ya que no hay oportunidad para desarrollarse”, dice.

Además, “muchas mujeres que emigran traen muchas heridas, muchos duelos sin sanar”, explica. En su caso, contar con redes apoyo de organizaciones que trabajan con migrantes, especialmente con mujeres, y con acompañamiento psicosocial, ha sido de gran ayuda para salir adelante.  

Tuvo un empleo formal como encuestadora para una empresa costarricense, pero asegura que el panorama para las mujeres trans en Costa Rica es desalentador. Muchas no cuentan con un lugar estable donde vivir, son víctimas de violencia, trata de personas y agresiones. Los empleos son escasos e incluso sufren limitaciones y discriminación en el sistema de salud.  

La crisis sanitaria de covid-19  ha vulnerabilizado mucho más a esta población migrante. Según la  Organización para las Naciones Unidas (ONU) asegura que la pandemia aumenta el riesgo de que las personas sean víctimas de trata porque las desigualdades sociales están incrementando, como el desempleo, la disminución de los ingresos, la necesidad de comer, de enviar remesas a familiares y de tener acceso a la salud. 

Yasuri realiza una pasantía como asistente en un proyecto que acompaña a personas migrantes en el Centro de Derechos Sociales del Inmigrante, Cenderos. Este espacio le permite aportar a las comunidades migrantes en condición de riesgo.

“Muchas mujeres han tenido que regresar a Nicaragua bajo el riesgo de que puedan ser apresadas. Ya vemos el caso de Celia Cruz, una mujer cuyo único delito fue (pedir) la libertad para nuestro país. Estas situaciones me calan mucho… escuchar a las personas que aspiran a la presidencia no reconocer nuestra identidad (implica) seguir en este proceso de lucha continua”, expresa. 

Por ahora no piensa regresar a Nicaragua. “Es un país donde se vive mucha violencia, vemos a diario noticias de niñas, mujeres, jóvenes desaparecidas”, observa.

Yasuri ve su estancia en Costa Rica como una oportunidad para crecer como activista para luego regresar a Nicaragua. “Para aportar a mi país, para ayudar a desmentir mitos, fortalecer la institucionalidad, para ejercer la labor de la defensoría de los derechos de las personas LGBTIQ+ y en especial de las mujeres trans. Somos una realidad -enfatiza-y necesitamos que esa democracia que se pretende construir sea inclusiva, diversa y sea feminista”.

 



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