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La mirada de Marcela Zamora y el cine político centroamericano

Migrantes

La documentalista nica-salvadoreña con más de doce años de trayectoria, es autora de “María en Tierra de Nadie” y “Los Ofendidos”


Nació en Nicaragua un año después del triunfo de la revolución sandinista. Hija del político salvadoreño Rubén Zamora, exiliado en Nicaragua en los 80 y candidato presidencial de la izquierda en 1994, y de la nicaragüense María Esther Chamorro, catedrática de la Universidad Centroamericana (UCA).

 Vivió sus primeros ocho años en una finca de carretera a Masaya. De esa época recuerda una infancia feliz y libre, la experiencia de jugar en el campo donde desarrolló mucha creatividad e imaginación y una tradición oral muy fuerte en su familia, contar historias y anécdotas marcaron a la mujer que es hoy. 

 “Yo crecí en Nicaragua muy libre y creo que ahí fue mi primera incursión en el cine”, dice. Para Marcela el cine es intrínseco a la imaginación, al autoconocimiento, a la experimentación, a los diferentes tipos de discursos. “Si no podés imaginar, si no podés contar una buena historia, yo creo que muy difícilmente podes hacer cine o cine que trasciende”, explica.

Emigró en 1988, a los ocho años de edad, a El Salvador, durante la guerra civil. “Comencé a saber lo que era el miedo, comencé a sentir rechazo y muchas cosas que no entendía de pequeña”. Ese nuevo entorno también la definió como persona y como profesional, asegura.

El amor por contar historias la llevó a estudiar periodismo, por lo que se mudó a Costa Rica para estudiar su carrera universitaria y se graduó en la Universidad Latina. Vivió durante ese tiempo con su tío Alfredo Zamora, quien fue cineasta en la guerra, y a través de él tuvo su primer acercamiento real al cine. 

Marcela dirigiendo un documental para la Cooperación Alemana sobre igualdad y derechos en la participación política de las mujeres. Foto: Cortesía

Marcela cuenta que al finalizar su carrera sentía que le hacía falta algo, así que, motivada por su tío, su mamá y el cineasta salvadoreño Jorge Dalton, aplicó a la prestigiosa Escuela Internacional de Cine y Televisión en San Antonio de Los Baños, Cuba.

“Yo nunca creí entrar, no tenía background de cine, pero me quedé gracias a que sé contar una historia”. El primer año fue retador, ya que tenía que ponerse al nivel de conocimiento del cine que tenían los demás compañeros, recuerda. Comenzó a ver entre dos a tres películas al día, lo que ayudó a acelerar sus conocimientos. “Yo creo que esa es la mejor manera de aprender a leer el cine y sus diferentes tipos de lenguaje”, aconseja.

 En 2007 se graduó de la Cátedra de Dirección Documental y desde entonces ha forjado una trayectoria cinematográfica de más de una década con trece producciones entre cortos y largometrajes.

Cine político centroamericano

Ser centroamericana y ser cineasta es un reto, dice. “Creo que no puedo no hacer cine político desde lo que soy”, agrega, por eso sus producciones se centran en temas de derechos humanos, de género y memoria histórica.

Su vocación para tratar estos temas viene de sus padres, se trata de un legado heredado que la lleva a producir temas con enfoque social, “temas que incomodan”, pero dan visibilidad a los menos privilegiados.

El primer largometraje que dirigió fue María en Tierra de Nadie, que recopila testimonios sobre la migración de las mujeres y su trayectoria hacia el norte del continente. “Siempre el tema de la migración tenía rostros masculinos, eran quienes salían hablando en los medios, dando entrevistas y las mujeres se quedaban calladas, sentadas con su ‘matata’ de problemas, de abuso y todo lo que traían cargando”, justifica.

Marcela convivió por más de seis meses con una comunidad de migrantes, viajó con las mujeres, las escuchó y acompañó en su trayecto. Recorrió el camino entre el río Suchiate, que marca la frontera entre México y Guatemala, y el río Bravo, que separa Estados Unidos de su vecino del sur.

 Esta producción la realizó junto con el periodista y fotógrafo Edu Ponce, el cronista Óscar Martínez, del diario salvadoreño El Faro; la documentalista israelí Karen Shayo; y Toni Arnau y Eduardo Soteras, reporteros gráficos de la organización catalana de fotografía documental Ruido Photo.

Fue el primer equipo que logró realizar un libro de crónica, uno de fotografía y un largometraje con el que viajaron por el mundo e hicieron incidencia en Centroamérica, México y Estados Unidos. “Nos llamábamos En el camino y creo que esto me catapultó a la palestra internacional”, dice. 

Su último largometraje publicado es Los Ofendidos, que relata el sufrimiento de personas torturadas durante los años de conflicto armado y guerra civil en El Salvador, entre ellas su papá. “Yo siempre había hecho documentales desde temas que me tocaban, pero desde la voz del otro y esta fue la primera vez que me involucré personalmente”, cuenta.

Este documental sirvió de exploración para entender a esa niña de nueve años que vivía en el interior de Marcela, una que llegó a El Salvador desde Nicaragua sin entender el contexto de su nuevo país y el conflicto que en ese momento se vivía. “Cuando presenté esta película en el festival de La Habana, en Cuba, tuvimos un tiempo para hablar profundamente de todo y a partir de ahí esta niña desapareció y sentí que eso me permitió seguir”, confiesa.

Marcela Zamora junto con su papá, Rubén Zamora, en la presentación de “Los Ofendidos”. Él es uno de los protagonistas del documental. Foto: Cortesía

Luego de Los Ofendidos, Marcela tomó un descanso de la producción cinematográfica. “Decidí no hacer más documentales hasta recuperar mi luz, ya que había publicado seis largometrajes sobre oscuridad. Ahora que ya la he recuperado, no dejaré de hacer documentales sobre esas esquinas oscuras, esa gente que nadie quiere escuchar o que están ahí, pero uno desvía la vista, esas historias que tampoco queremos escuchar y que duelen”, asegura.

El vínculo con Nicaragua 

“Yo soy lo que soy por Nicaragua”, dice Marcela con orgullo. De su infancia recuerda especialmente la libertad que sentía para pensar y echar a andar su imaginación.

“Nosotros éramos muy humildes, compartíamos todo, no teníamos recursos, pero no recuerdo vivir en pobreza”, dice de aquellos años donde el patio de su casa era el set de producción de muchas historias que en su cabeza creaba, donde desarrolló su talento para contar historias y donde coleccionó los mejores recuerdos. 

Esa es la Nicaragua que Marcela guarda en su corazón y por la que se llena de tanto pesar por lo que es ahora. Describe la situación actual del país como la más dramática en cuanto a derechos humanos, donde se ha instaurado una dictadura que ha reprimido a un pueblo que solo ha dado amor al país, valora.

“Me preocupa mucho porque es mi patria, son mis raíces y nunca me voy a desvincular de Nicaragua. Ahora mi relación es de incertidumbre, de dolor, de angustia y, al final, trato de tener esperanza de que esto sea transitorio y nos deje una enseñanza… yo quiero ver a mi Nicaragua libre y soberana”, dice.

Marcela Zamora en sus primeros años de edad en Nicaragua. Foto: Cortesía

El Salvador “hacia una dictadura”

Como cineasta de lo político y tras comentar la actual crisis que vive Nicaragua, es inevitable pasar a hablar de lo que sucede en El Salvador.

Para Marcela es muy difícil de explicar al ser todo tan reciente. Unos meses atrás el presidente Nayib Bukele, apoyado por el nuevo congreso salvadoreño leal a su persona, retiró de sus cargos a varios magistrados de la Corte Suprema de Justicia y al fiscal general, causando preocupación por la pérdida de independencia entre los poderes del estado. 

La decisión es considerada por la comunidad internacional como un intento de concentrar el poder y ya existen comparaciones entre las decisiones que está tomando el presidente Bukele con las que tomó el presidente Daniel Ortega en Nicaragua al inicio de su mandato. 

 “Tú puedes explicar que Nicaragua ya viene de un proceso que se ha ido agudizando, pero nosotros, literalmente, de un día para otro amanecimos en una dictadura”, considera. Marcela explica que Bukele ganó la elección de 2019 en la votación menos concurrida en la historia de El Salvador. “Fue el resultado de un pueblo con un cansancio profundo, de tanta corrupción que vino tanto de gobiernos de izquierda como de derecha”, analiza.

Ahora El Salvador vive un panorama muy complejo y de retrocesos muy grandes en temas de derechos humanos y de género, explica Marcela. “La violencia contra las mujeres es muy alta y estamos desprotegidas, las leyes nos desprotegen y criminalizan”, explica.

A Marcela también le preocupa cómo el actual presidente de El Salvador ha deslegitimado e intentado silenciar a la prensa. “Es lo primero que hace un dictador, deslegitimar a esa prensa seria que se hace en El Salvador, referente en el mundo, en Latinoamérica”, agrega.

En ese contexto, percibe que se cierran los espacios de escucha y entendimiento entre el pueblo. “No hay un espacio para discutir, para proponer y mucho menos para crear. Yo como artista siento temor, he sentido temor por lo que hago. He trabajado con todos los gobiernos anteriores y nunca había sentido esto”, indica.

Memoria histórica a pesar de los intentos de censura 

Para Marcela la memoria histórica se construye día a día, a pesar de la censura, siempre habrá manera de contar o ser parte de la documentación. “Ya sea afuera o dentro de nuestro país, es importante visibilizar la historia, aquella historia que todos temen contar, pero que se necesita mostrar”, reflexiona. 

Mientras sus dos países de origen transitan por situaciones complejas y de retrocesos, ella guarda la esperanza de verlos libres, y desde su rol como cineasta refuerza su compromiso con los derechos humanos, la lucha de género y por la memoria histórica. Elegir abordar estos temas implica un riesgo que ella asume para acompañar y retratar las historias de quienes no han elegido ser víctimas de esos peligros que viven en esta región del mundo, reflexiona. 

 


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