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La crisis migratoria y México: “El Gobierno de EE. UU. tiene la batuta”

Migrantes

Director del Servicio Jesuita a Refugiados México, Conrado Zepeda, reflexiona sobre las respuestas ante el creciente flujo migratorio en 2022


El masivo flujo migratorio terrestre hacia Estados Unidos no merma y ahora integra a más nicaragüenses que nunca. Solo en marzo pasado, las autoridades estadounidenses registraron más de 16 mil detenciones de nicaragüenses, una cifra récord, a los que hay que sumar el resto de nacionalidades, para un total de cerca de 250 000 aprehensiones en ese mes. En los primero tres meses de 2022 son 626 431 las detenciones de migrantes en fronteras estadounidenses según la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de los Estados Unidos (CBP, por sus siglas en inglés).

Los migrantes, de todas las nacionalidades, deben recorrer México en busca de su destino final, y se enfrentan a toda clase de peligros en su viaje, mientras el Gobierno estadounidense busca frenar la migración imponiendo políticas que afectan a los migrantes y al país vecino del sur: como la de Título 42, que sigue en pie y que se usa para expulsar de forma inmediata a los migrantes; y como la de MPP o Protocolos de Protección al Migrante , conocida como “Quédate en México”, que obliga a quienes solicitan asilo en Estados Unidos a esperar en México mientras se resuelve su caso.

Conrado Zepeda, director del Servicio Jesuita a Refugiados en México, ofreció una entrevista en el programa Esta Noche, para comentar sobre la situación que se vive en México, que registra un significativo aumento de solicitudes de asilo y cuyo Gobierno, a su criterio, tiene una política errática: por un lado el uso de la fuerza para impedir el paso de los migrantes, y, por el otro, los esfuerzos humanitarios para asistirles en su tránsito.

“El Gobierno de Estados Unidos tiene la batuta”, explica, a la vez que ahonda en la influencia de la actual situación política estadounidense: con las elecciones de medio término en noviembre, se caldea la discusión sobre el manejo de la crisis migratoria por parte del actual presidente Joe Biden.

Zepeda también comenta sobre cómo algunas ciudades mexicanas se han convertido en una suerte de “ciudad cárcel” en las cuales los migrantes se ven impedidos de avanzar hacia su destino. Además, los obstáculos cada vez mayores que enfrentan los migrantes en su intento por llegar a suelo estadounidense han provocado que México se vea como una segunda opción, como una opción de destino final forzado.

¿Cómo  ven los flujos migratorios en México, de refugiados y migrantes rumbo hacia Estados Unidos en el primer trimestre de 2022, en comparación al año anterior?

Es una tendencia que ha venido cada año incrementándose, sobre todo desde 2018, cuando iniciaron las caravanas de gran envergadura con miles de personas, y están, constantemente, cada año aumentando. Para las solicitudes, por ejemplo, como es una migración indocumentada, no tenemos datos exactos para decir tanto ha subido, tanto ha bajado. Lo que sí tenemos como números que nos puedan dar algunos indicativos, son las solicitudes de asilo en México.

En 2020, por ejemplo, habían sido cerca de 70 000; este año 2021 el cierre fue en 131 000 solicitudes de asilo a través de la Comisión Mixta Mexicana de Atención a Refugiados (Comar) aquí en México; y lo que va de este trienio, el aumento ha sido exponencial. Se espera un incremento de un 30-40% más para este año.

Antes de 2018 se hablaba entre 300 000 y 500 000 personas cruzando el territorio mexicano, eran los cálculos que hacíamos los defensores derechos humanos. Creo que después de 2018 se podría considerar hasta un millón de personas por año. El embajador de Estados Unidos en México acaba de informarnos que expulsaron, en 2021,  1.7 millones de personas de varias nacionalidades cruzando indocumentadas hacia los Estados Unidos. Eso te puede dar una idea de la magnitud y del crecimiento exponencial de los flujos migratorios que cruzan por México.

 Y según esa experiencia en terreno del Servicio Jesuita a Refugiados, ¿cómo han visto evolucionar la cantidad de nicaragüenses en México, en tránsito para llegar hacia Estados Unidos, y qué los está motivando de salir de su país?

En años anteriores no era un flujo considerado, casi siempre era del Triángulo Norte, mayoritariamente hondureños, guatemaltecos, salvadoreños, pero a raíz de la crisis política nicaragüense, ha habido un aumento en el número de personas que han salido de Nicaragua.

Se registraron, hasta marzo, 1676 personas solicitantes de asilo ante la COMAR, pero esto se incrementó en abril a 2343 solicitudes de nicaragüenses.

 ¿Y cuáles son los principales riesgos que corren actualmente los migrantes nicaragüenses, y todos los migrantes que van de manera irregular,  que pasan por México con rumbo hacia Estados Unidos?

Necesitamos entender el fenómeno migratorio como uno regional, y si estamos hablando de todos los perfiles, no solo son migrantes económicos, sino que hay de todo, y hay distintas facetas que van presentando estas personas a lo largo de su recorrido.

Las  condiciones que se van encontrando, sobre todo personas que vienen del sur hacia el norte, es que se han ido externalizando más las fronteras. Antes estaba el muro famoso de (Donald) Trump, pero se han formado otros muros y otras barreras: con la Guardia Nacional,  con el Instituto Nacional de Migración aquí en México, con otras policías y, en algunos momentos hasta civiles. También en Guatemala: se  tiene el conocimiento de que la policía migratoria en Guatemala está siendo entrenada por ICE. ICE es quien vela por el tema de la seguridad y el tema de los migrantes en los Estados Unidos.

Se han ido extendiendo cada vez más hacia el sur estos muros invisibles que van deteniendo cada vez, y desanimando más personas. Por lo tanto, las personas buscan nuevos caminos para poder llegar a los Estados Unidos, se van por lugares cada vez más riesgosos, donde tanto particulares como crimen organizado, incluso personas del mismo Gobierno, extorsionan a las personas migrantes.

Antes de 2018 veíamos generalmente a hombres en edad productiva, dieciséis, dieciocho, treinta años. Hoy no, hoy vemos familias completas migrando, mujeres embarazadas, niños en brazos con sus abuelos y abuelas. Los flujos también se han modificado, y hay mucho mayor riesgo, sobre todo por las redes de trata y tráfico de personas.

Y esos flujos migratorios que usted menciona también convergen mucho en la ciudad de Tapachula, donde las autoridades han tratado de impedir o disolver algunas caravanas de migrantes centroamericanos.

Es  un fenómeno que se repite en varias partes del mundo. Conociendo los flujos migratorios de África y en Francia, haciendo un análisis, se han hecho estas ciudades cárcel, que es un punto donde puedan llegar los migrantes, pero no pueden acceder a servicios ni pueden avanzar. Tapachula se ha convertido en una ciudad cárcel. La frontera con Guatemala y México tiene más de 400 puntos ciegos, donde no hay ningún control, donde la gente puede cruzar en balsas o en algunas partes por algún puente… y como en las penúltimas ocasiones las caravanas habían sido detenidas y disueltas en Guatemala,  lo que hace la gente es que se junta, cruza en pequeños grupos y se reúne en Tapachula para proseguir, pero se topan,  aunque muchos de ellos sean solicitantes de asilo, con una barrera donde, por el incremento exponencial de solicitudes de asilo, no es posible dar una respuesta en tiempo como lo marca la ley, y se extiende y la gente se desanima; también está la violencia de los grupos que te digo.

Hemos notado que empiezan a aparecer más centros nocturnos,  clandestinos, donde está el tema de la trata y se puede visualizar en esos sectores de Tapachula.

La situación es muy difícil, desalentadora, pero la gente sigue intentando por las necesidades y por las causas estructurales por las que están huyendo, de violencia, hambre, cambio climático, falta de oportunidades, salen y siguen saliendo, porque el hambre no espera. Por eso huyen y siguen buscando maneras de cruzar, y se ha incrementado el número de personas en el coyotaje, los costos (del viaje) también se han ido incrementando.

¿Y  en qué ciudades hay mayor presencia de migrantes?, ¿y cuáles son las situaciones prioritarias a atender en este momento?

En Tapachula, un tercio de la ciudad es migrante. Ha habido una política medio errante, no entendida, de parte del Instituto Nacional de Migración, donde ha ofrecido tarjetas y transporte para llevarlos a otros puntos donde puedan solicitar asilo o pedir esta tarjeta de migración, y dispersó estos grupos amplios. Pero, sigue habiendo grupos que se quedan, que son discriminados, y no se les ofrece las mismas oportunidades y eso ha generado conatos de violencia.

Siempre había sido México como de tránsito. En los últimos años ha aumentado como destino, ya que como la frontera cada vez más se cierra para ingresar a Estados Unidos, se ve como una segunda opción, como una opción forzada, quedarse en México.

Hay programas donde la gente puede solicitar asilo en Monterrey,  Guadalajara, en Saltillo, en Torreón, en Ciudad de México.

El  Gobierno de Estados Unidos ha rechazado y enviado de regreso a México o a su país de origen a cerca de 1.8 millones de migrantes bajo la polémica política del Título 42, una restricción relacionada a la pandemia,  que fue aprobada en la Administración del presidente Donald Trump. Pero ahora,  la Administración de Joe Biden dijo que eliminaría para este 23 de mayo este decreto, pero hay una solicitud de 20 estados estadounidenses de mantenerla. ¿Cómo  impactaría a México, y al flujo de refugiados y migrantes, el mantener o eliminar esta política?

Es una política sanitaria que se aplicó con el pretexto de la pandemia, pero que se utilizó de una manera política, y que era una manera de expulsión “exprés”.

En la Administración de Trump se redujeron los números de solicitantes de asilo y hubo gente que esperó en las fronteras, aunque México no es un tercer país seguro -no hemos firmado ningún acuerdo-, sí fungimos como tal.

Estas expulsiones exprés, de Título 42,  se combinaban con MPP,  que era en español “Quédate en México”, bajo el cual una persona que tuviera un proceso frente a un juez de Migración en Estados Unidos, tenía que regresar a México y esperar acá. Las fronteras se llenaron, hubo gente que esperó hasta dos años.

Con la entrada de Biden, sí hubo un flujo y se reabrió (la frontera) y pueden ingresar las personas que habían estado esperando, que tenían un caso activo como MPP.

Ahorita lo que está funcionando son las excepciones a Título 42, que son mujeres embarazadas,  enfermos, situaciones de extrema violencia,  y que Estados Unidos le solicitó a algunas organizaciones no gubernamentales que pudieran administrar esas excepciones.

Pero, la mayoría de los Gobiernos que están en las fronteras (de Estados Unidos) no son afines a la Administración Biden,  y son del partido republicano. Vienen elecciones de medio término, entonces está el uso político, nuevamente, de los migrantes, por (parte de) estos grupos.

Por ejemplo, el gobernador de Texas envía camiones llenos de personas de Título 42 y los tira, literalmente, en Washington, frente de la Casa Blanca, como para hacer presión de que –’mira,  bueno, ahí­ tienes a tus Título 42′-.

Pero, mi lectura, (que) es una lectura política, es que hay estos acuerdos con los estados fronterizos entre Estados Unidos y México para que llegue más gente, para visualizar más el caos migratorio que existe actualmente, y poderle pegar más a Biden en estas elecciones de medio término.

 ¿Y cómo valora usted la respuesta que ha dado el Gobierno mexicano a la crisis migratoria? Las autoridades hablan de procurar una respuesta ordenada y humana a la migración, ¿es realmente así?

Cuando inició este Gobierno vimos, con mucha esperanza, posibles cambios de que, en vez de ser un tema de seguridad nacional, fuera un tema de seguridad humana. Pero, en los hechos, el Gobierno de Estados Unidos tiene la batuta en estos temas.

En la era de Trump le impuso al Gobierno mexicano, que si no detenía las caravanas, iba a poner aranceles (económicos) hasta del 25%. Y nosotros somos una nación dependiente, casi totalmente, de la economía estadounidense. Se llegaron a acuerdos, no públicos, para contener los flujos migratorios, entonces vino una mayor presencia de la Guardia Nacional en la frontera Sur, en frontera norte con Estados Unidos, en estos nuevos puestos que se pusieron a lo largo de todo el país, tratando de responder a lo que impone Estados Unidos a toda la región.

(El Gobierno) en algunos momentos ha mostrado una cara amable, como cuando ha ofrecido estas tarjetas de ayuda humanitaria, o tratando de reforzar y ampliar las oficinas de la Comisión Mixta Mexicana de Atención a Refugiados.

Junto con organismos internacionales ayudan a tratar de que estos cuellos de botella puedan no serlo tanto, y no afecten a las personas;  hay un reconocimiento hacia ese intento, pero la realidad se impone y es mayor: (es) una política a ratos errante, que para unos sí, para otros no; y está la presión constante de Estados Unidos para la aplicación de estas normas, no acordadas públicamente, pero aplicadas de una manera contundente, que lo vemos nosotros todos los días.

 


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