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El activismo político en Europa, tres años elevando las demandas por Nicaragua

Migrantes

Cinco nicaragüenses continúan haciendo conciencia sobre la crisis política que vive su país de origen, desde Austria, España, Italia y Holanda


Hace tres años, en abril de 2018, una reforma de Seguridad Social provocó un levantamiento cívico en diferentes ciudades de Nicaragua. La violencia estatal hacia jóvenes y ancianos por manifestarse pacíficamente en la ciudad de León, en contra de dicha reforma, creó tal indignación que provocó un movimiento nacional exigiendo la renuncia de Daniel Ortega como presidente. 

La represión del Gobierno se intensificó a medida que las protestas nacionales crecieron, hasta llegar al punto en el que nos encontramos hoy: un país que afronta el tercer año de recesión económica, alrededor de cien presos políticos, más de 300 ciudadanos muertos, varios medios de comunicación confiscados o asediados, y 100 000 nicaragüenses viviendo en el exilio. 

A pesar de los retos que implica la distancia, los exiliados nicaragüenses y los miembros de la diáspora han dedicado tiempo y esfuerzos a crear conciencia sobre la crisis política que sufre su país. Cinco de ellos, radicados en Europa, nos hablaron de su motivación para hacer activismo político en pro de Nicaragua. 

Los entrevistados provienen de diferentes entornos y adoptan distintos enfoques en su activismo, pero todos coinciden en que lo que está ocurriendo en Nicaragua es lo suficientemente doloroso como para involucrarse en una causa destinada a impulsar el cambio político y social. Estas son sus historias.

Activismo con un enfoque feminista 

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Teresa Gruber en una protesta en Austria para denunciar los crímenes del régimen Ortega Murillo en Nicaragua. Foto: Cortesía.

Politóloga residente en Austria, Teresa Gruber se involucró en las protestas cívicas de Nicaragua porque “era lo más natural”. Sus amigos y amigas estuvieron encerrados en una iglesia de la ciudad de Masaya mientras repartían agua a un grupo de madres que protestaban contra el Gobierno. “La amenaza era tan inmediata (…) que simplemente actuabas. La motivación era casi intuitiva”, explica. 

Al igual que en otras partes de Europa, los nicaragüenses en Viena organizaron acciones para sensibilizar a la opinión pública internacional. “Hicimos vigilias recordando a las personas que habían sido asesinadas. También organizamos plantones en lugares muy públicos de Viena, para hacer visible lo que estaba pasando, aunque Nicaragua es un país muy pequeño”, recuerda. 

El activismo de Teresa se enfoca en el feminismo, lo cual viene de su crianza, a menudo rodeada de miembros del Movimiento Autónomo de Mujeres de Nicaragua. “Todas esas demandas que escuchamos en 2018 ya existían. Las primeras que sufrieron persecución política en Nicaragua fueron las feministas y el Movimiento Autónomo de Mujeres”, dice Teresa.   

Basándose en su experiencia en ciencias políticas y derechos humanos, Teresa explica algunos de los retos a los que se enfrentan los activistas en el extranjero: “la energía de una protesta autoconvocada es momentánea, no es un proyecto construido a largo plazo. La energía dentro de la protesta política es bastante simple, y eso moviliza. Y mantener eso a largo plazo es muy difícil”, advierte. 

Teresa señala que desde el punto de vista geopolítico o económico, Nicaragua no es relevante para Austria, y que hay otras crisis políticas cercanas que se han hecho más relevantes que la de Nicaragua. Organizar a la gente se hace más difícil porque “hay que hacerlo desde una perspectiva ética”, explica.  

Teresa sostiene que el objetivo de una protesta política es crear un momento en el que la gente diga “no” a una estructura política o a una injusticia. “Una protesta no tiene el propósito de crear la secuela (política) y estos movimientos no tienen la responsabilidad de presentar un proyecto político para el futuro”, dice. 

Teresa espera un proceso político que traiga cambios para Nicaragua. Un proceso que “tome en consideración trabajar el trauma de lo ocurrido en 2018, que encuentre la justicia real, o al menos la verdad”, expresa. 

Conocimiento, habilidades y contactos para una causa política 

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Santiago Urbina ha vivido en el exterior por muchos años, pero Nicaragua sigue siendo su centro. Foto: Cortesía.

Santiago Urbina ha pasado los últimos 22 años viviendo en el extranjero debido a su trabajo en asuntos internacionales y comunicación estratégica, pero a pesar de vivir tanto tiempo fuera, Nicaragua sigue siendo su centro. Todo lo que ocurre en su tierra natal le afecta, dice Santiago, que ahora vive en España. 

Antes de 2018, Santiago había notado que la gente en Nicaragua bajaba la voz cuando criticaba al Gobierno, ya fuera en su casa o en público. “Era impresionante porque los nicas, cuando estamos en un bar o un restaurante, somos gritones por naturaleza (…) eso de estar susurrando la disidencia, me parece catastrófico. Abril nos dio voz, una vez más, a todos.”, comenta. 

A lo largo de su carrera, Santiago ha desarrollado una red amplia de contactos, incluyendo organizaciones internacionales, miembros del Parlamento Europeo y políticos. Para él, es importante demostrarle al mundo lo que está ocurriendo en Nicaragua, y sus contactos son una herramienta útil para movilizar esa necesidad, y así fue que Santiago se involucró en el activismo por la democracia. 

El mensaje de Santiago tiene un doble propósito: demostrar que la crisis política nicaragüense es un asunto de democracia y derechos humanos, no de políticas de izquierda o derecha, y que la justicia es una necesidad perentoria que no surgió en abril de 2018, sino incluso antes de 1979, año de la revolución de Nicaragua. 

Actualmente, el aspecto más importante del activismo de Santiago consiste en abogar por Nicaragua ante instituciones internacionales y Gobiernos de todo el mundo, incluyendo la Organización de Estados Americanos (OEA) y el Parlamento Europeo. También es miembro y facilitador del Comité de Relaciones Internacionales de la Unidad Azul y Blanco (UNAB). 

Urbina considera que la comunidad internacional está de acuerdo en lo que se necesita para Nicaragua. “Vemos cómo la oficina de la Alta Comisionada Bachelet expresó claramente las necesidades del pueblo nicaragüense, para salir de esta crisis”, dice. 

Y aunque se habla de la falta de unidad de la oposición política en Nicaragua, Santiago expresa su optimismo sobre la unidad de nuestra sociedad. “No hay que escarbar mucho. Se puede ver que en los pueblos, en las ciudades de Nicaragua, aunque sí hay mucha polarización, hay una necesidad y un grito de unidad permanente”, señala. 

Santiago cree que todos los esfuerzos que se están haciendo por la unidad -que no tiene que ser perfecta, pero requiere buena voluntad- son necesarios, y esa es la clave.

“Tiene que haber justicia, tiene que haber reparación y tiene que haber no repetición en Nicaragua, si no, no vamos a salir del ciclo”, advierte.

Un testimonio que cambió una vida 

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El testimonio de las Madres de Abril cambio la visión de Luis Montoya sobre el activismo político. Foto: Cortesía.

Luis Montoya creció con padres que le enseñaron que la educación era la única forma de salir adelante, y que Nicaragua también puede salir adelante a través de la educación. Su padre le decía que no tenía nada que dejarle más que una buena educación, y esa ha sido su herencia. 

Antes de la crisis política de 2018, Luis prefería no quejarse y no se involucraba en política. 

Como alternativa, buscaba la manera de contribuir al desarrollo de la educación en Nicaragua desde España, impartiendo cursos gratuitos y aportando la información que él no tuvo cuando fue estudiante en 2006. 

“Mi especialidad es ingeniería estructural, y no había una maestría sobre ese tema en Nicaragua. A través de proyectos de cooperación que busque aquí en España, logramos montar una maestría en la UNAN, una de las primeras maestrías en Nicaragua de ese rango”, recuerda.  

Luis se dio cuenta de que no podía quedarse callado cuando escuchó la noticia de los primeros manifestantes que fueron asesinados por el Gobierno en 2018. Informar a los extranjeros sobre lo que ocurre en Nicaragua ha sido importante para él. Por ello, ha contribuido a la causa realizando documentales sobre la crisis política, y participando en eventos y proyectos relacionados con la visibilización del tema. 

Por ejemplo, Luis asistió a un acto en el que participaron madres de ciudadanos nicaragüenses asesinados por el Gobierno sandinista. La conferencia tuvo lugar en la Universidad de las Islas Baleares, donde trabaja como profesor.

Luis recuerda que se quedó sin palabras tras escuchar al grupo de mujeres, conocidas como Madres de Abril, hablar de los hijos que perdieron. Junto con otros activistas y la universidad, consiguieron ponerlas en contacto con Amnistía Internacional, medios de comunicación y profesores de derecho internacional. 

La experiencia cambió por completo la vida de Luis. Dice que sus amigos españoles le han pedido incluso que se lo tome con calma, porque a veces se ha agobiado. Sin embargo, contar las historias de las Madres de Abril tuvo un impacto. Sus amigos no pueden creer que “esto esté pasando en el mundo, en este siglo”. 

Precisamente por esa reacción dice que no puede quedarse tranquilo. “No puedo parar, mi conciencia no me lo permite”, explica. 

Un compromiso con las “Madres de Abril” 

Sara se mudó a Italia tras recibir amenazas y ataques personales en su contra. Foto: Cortesía.

Antes de que estallara la crisis de 2018, Sara Henríquez se dedicaba a erradicar la violencia de género y a proteger los derechos humanos. Formaba parte de Mujeral en Acción, un colectivo feminista que realizó actividades y eventos socioculturales, conocidos como “Los y las calalas” durante seis años. 

Uno de los locales en los que se realizaban los eventos, un bar cultural llamado La Olla Quemada, situado en la ciudad de León, fue asediado por la dictadura de Daniel Ortega, y obligado a cerrar. 

Debido a su trabajo como miembro del movimiento feminista en León, Sara experimentó el tipo de persecución política a la que se refería Teresa Gruber en su entrevista, dirigida a las activistas feministas. “La represión se veía venir”, dice Sara.

Ella lo vivió ya en 2017, cuando enviaron a los antimotines a detener una protesta que organizó Mujeral en Acción frente al Hospital Heodra de León, en noviembre de ese año. El colectivo exigía una explicación sobre la muerte materna de una joven embarazada que falleció por mala praxis médica, en el marco de una ley que prohíbe el aborto en Nicaragua, incluso cuando es por razones médicas. 

Sara se unió y participó activamente en las protestas que tuvieron lugar en abril, siendo testigo de la violencia y la represión de primera mano. En julio de 2018, fue invitada a una reunión de activistas de derechos humanos en Nueva York, y habló sobre la situación de Nicaragua con miembros de las Naciones Unidas.

En la reunión, compartió lo que fue ver el dolor y las lágrimas de las madres al asistir a la misa y entierro de Sandor Dolmus, un monaguillo de 15 años que recibió un disparo en el pecho por parte de paramilitares enviados por el Gobierno en junio de 2018, en la ciudad de León.

Sara no pudo volver a Nicaragua debido a las amenazas y difamaciones en su contra. Se trasladó a Italia y pudo ponerse en contacto con otros nicaragüenses gracias a los contactos que había establecido a través de su activismo. 

Participó en la creación de SOSNicaragua-Italia, una red que ha organizado actividades políticas en toda Europa. Han ayudado a las víctimas de la represión del Estado nicaragüense y trabajan en la concienciación de la situación de su país. 

Sara se ha enfrentado a varios retos mientras vivía en Italia, como la barrera del idioma, un océano de distancia y la pandemia de coronavirus, que ha puesto en pausa algunas actividades políticas. Sin embargo, siente un compromiso con las Madres de Abril y sigue uniendo fuerzas con otros activistas para tener un mayor impacto en Europa.  

“Mi motor y mi compromiso es la gente que ha perdido más, la gente que perdió todo, que es perder a tu ser querido. Tenemos que darles la esperanza de que habrá justicia. Pero, sobre todo, construir un país. Esa es la parte más dura que tenemos como desafío”, dice Sara. 

Para Sara, la unidad es el camino para salir de la crisis política de Nicaragua. “Principalmente depende de la unidad y la unidad depende de nosotras (…) Queremos la salida pacífica, y esa salida pacífica son las elecciones”, concluye.  

Apoyo a los presos políticos de Nicaragua

Thelma Brenes ha abogado por los presos políticos nicaragüenses. Su padre fue encarcelado por el régimen. Foto: Cortesía.

Thelma Brenes se involucró de lleno en el activismo político cuando su padre, Carlos Brenes, se convirtió en preso político. Fue detenido ilegalmente, y ella inmediatamente viajó desde su casa en los Países Bajos, a Nicaragua. Quedó impactada al ver lo que estaban viviendo los presos políticos y sus familias. 

 Sabiendo que varias familias de presos políticos no habían podido ver a sus familiares en muchos meses, Thelma viajó a Nicaragua sin la menor esperanza de ver a su padre, pero pudo hacerlo. La experiencia la marcó. 

Dada su experiencia personal, el activismo de Thelma se centra en el apoyo a los presos políticos y sus familias. También es miembro de la Coalición por la Justicia en Nicaragua. Su función es servir de “puente” entre los nicaragüenses en Holanda y la Asociación de Familiares de Presos Políticos. 

Thelma expresó que los presos políticos son lo primero y más importante para ella. Lo que ella presenció en Nicaragua fue muy fuerte. “Las cosas horribles que pasan los presos (políticos), y el trauma que tienen las familias (…) Es una injusticia tan grande, y por eso dije: tenemos que reconocer lo que pasan allí dentro”, recuerda.

En 2019, cuando su padre estaba en prisión, Thelma viajó a Bruselas para hablar con los diputados del Parlamento Europeo. Les contó la situación de los presos políticos antes de que fueran a una misión a Nicaragua. Hizo lo mismo con los miembros de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en Washington. 

“Uno no sabe qué impacto tiene lo que uno dice, pero si en algo se puede ayudar, uno lo hace. “, dice. 

Thelma también piensa que es importante asegurarse de que lo que está ocurriendo en Nicaragua en este momento no se olvide o se niegue en el futuro. Por eso ha dedicado tiempo a documentar con detalle el caso de su padre, para poder construir la memoria para las futuras generaciones. “Eso es fundamental para mí”, explica.

 


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