Economía

Remesas se acercan a 2000 millones de dólares en 2021

Incrementa el exilio de más de 100 000 nicaragüenses y aumenta la pérdida de capital humano

Las remesas —que crecieron 19.7 % al comparar el primer semestre de 2021, con el mismo período del año anterior, para cerrar junio con un acumulado de 1030.2 millones de dólares— se enrumban a superar la barrera anual de los 2000 millones, según información oficial recopilada por el Banco Central de Nicaragua (BCN).

Los datos de julio y agosto, que sumaron otros 351.4 millones, confirman la tendencia.

A pesar de su alta dependencia de las remesas, que, junto con las exportaciones representan las dos fuentes más estables de obtención de divisas, Nicaragua recibe menos de un tercio de los 3658.5 millones de dólares (11.84 % del PIB 2020) que los salvadoreños enviaron a su país en el primer semestre del año, o que los 3476.8 millones de dólares (14.59 % del PIB 2020) que enviaron los hondureños.

Los 1030.2 millones que recibió Nicaragua (8.16 % del PIB 2020), representan casi la séptima parte de los 6966.1 millones (8.97 % del PIB 2020) que recibió Guatemala en ese mismo período, gracias a sus ciudadanos en el exterior.

Con todo, aún con la importancia que representa el envío de estas transferencias que alivian la situación económica de miles de hogares en todo el país, “hasta ahora, Daniel Ortega no ha dicho una sola palabra, ni sobre los nicas que salen del país, ni de reconocimiento del esfuerzo que hacen por mandar dinero a sus familias”, dijo a CONFIDENCIAL el economista Enrique Sáenz.

Ese silencio es injustificable, en especial, considerando que las remesas son “el principal pilar de sustentación de la economía de miles; mitigan las cifras de desempleo y subempleo, alimentan las reservas internacionales, incentivan el consumo, y sostienen la estabilidad del córdoba”, añadió.

“Si la gente no se fuera, el desempleo y subempleo serían mayores, el malestar sería mayor. Con la falta de escrúpulos que caracteriza a la dictadura, ellos lo consideran positivo, tanto así que ni los migrantes ni las remesas existen en su discurso, porque significa reconocer el fracaso económico y social del régimen, y de su modelo cristiano, socialista y solidario”, remachó Sáenz.

Si bien la cantidad de personas que sale de Nicaragua rumbo a Estados Unidos, Costa Rica, España, Panamá, Canadá, El Salvador y México, es mucho menor que la de haitianos que abandonan su país, el sociólogo Óscar René Vargas, hace notar que el cálculo del alto comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), es que entre 2018 y 2020, unas 108 000 personas habían salido de Nicaragua, rumbo al exilio.

Otros cien mil más

“Este año se calcula que se va a finalizar con una ola migratoria de 100 000 personas, de las cuales 60 000 irían hacia Estados Unidos, y 40 000 a Costa Rica y resto de países centroamericanos, lo que muestra que hay un incremento del exilio”, reiteró.

“Ese exilio —sea económico o político— también tiene un efecto negativo en el crecimiento potencial del país. Por ejemplo, cuando mi hijo, que tenía una maestría en Economía, se fue del país, el país perdió. Cuando un trabajador —sea de la economía formal o informal— se va, el país pierde la potencialidad de desarrollarse”, y cuando la economía comience a recuperarse, no tendrá el capital humano para hacerlo, enfatizó.

“Si bien es cierto que promover el exilio puede ser una táctica del régimen, para el país significa la pérdida de su potencial económico de recuperación, por haber perdido capital humano de una manera violenta, porque no se fueron poquito a poquito. La mayoría de la gente que se va por cuestiones económicas, tiene un nivel educativo superior a la media nacional”, aseguró.

Vargas descartó que, al ser tan pequeña la economía nicaragüense, y haber tantas personas buscando empleo, dejar salir a ese exceso ayude a que se equiparen la demanda y la oferta de mano de obra, porque lo que destaca en el balance neto es que se pierde capital humano, de modo que lo que va a quedar en el país, es gente sin preparación para cubrir los puestos de trabajo que requieren mayor preparación.

Aunque un simple cálculo aritmético muestra que, en el supuesto de que en el país hubiera diez másteres, pero el mercado solo ofrece empleo a seis de ellos, y los cuatro restantes se van del país, no se perdió nada porque quedaron los seis que se necesitaban, y los otros cuatro salieron a buscar cómo insertarse en otras economías, Vargas insistió en que tal planteamiento es un error, porque “el país no necesitaba diez másteres o quince: necesitaba a 100”.

“Es que el país, como país, lo necesitaba. Entonces, el país perdió. No es que le dieron trabajo, o que no le dieron trabajo, sino que el país gastó dinero para formar a esa gente, y después se pierde ese dinero. La formación académica de esa persona, le cuesta a la economía nacional, aunque sea la familia la que lo haya sostenido”, graficó.


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