Economía

Recesión golpea a informales: vendedores ambulantes, vigilantes, domésticas

La llegada de la pandemia de la covid-19 a Nicaragua, a inicios de 2020, agravó la crisis económica nacional, generando más desempleo

“Yo soy quien lleva el sustento a mi casa, y debo empujarla, pese a lo que está viviendo Nicaragua”, comenta José Danilo García, de 50 años, quien durante 20 años ha trabajado como guarda de seguridad. Actualmente, es vigilante en un residencial ubicado en las afueras de Managua, donde día de por medio debe cumplir con jornadas de vigilancia de 24 horas. Sin embargo, con su salario difícilmente logra solventar los gastos de su hogar.

La llegada de la pandemia de la covid-19 a Nicaragua, a inicios de 2020, agravó la crisis económica nacional, generando más desempleo. Esta situación ha impactado la realidad de miles de nicaragüenses que deben garantizar el sustento diario a sus familias.

Con su salario de 3000 córdobas mensuales, José Danilo sostiene a los nueve miembros de su familia. “Tenemos que lidiar con agua, energía, colegiatura, y para todo eso no nos da”, expone con preocupación.

El sector informal en Nicaragua representa alrededor del 70% de la economía nacional, según datos de la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social (Funides). Este sector ha sido el más afectado por el impacto económico de la emergencia sanitaria que sufre el país. “Para nosotros que no redondeamos ni el salario mínimo, nos afecta más, como trabajadores, guardas y jardineros”, afirma Danilo.

José Danilo siempre está buscando alternativas para percibir ingresos extras, y en ocasiones, realiza trabajos de jardinería o pintura luego de su jornada laboral como vigilante, por los que cobra entre 150 y 200 córdobas. A pesar de su esfuerzo, no siempre tiene suerte.

Él y su familia se han visto obligados a posponer pagos de servicios básicos, para cubrir gastos médicos, cuando alguno de los miembros de su familia se enferma. “Han llegado momentos de grandes necesidades, —relata— más cuando se enferma alguien de la familia, y no tenés de dónde sacar”.

Los asalariados informales en su mayoría no están afiliados al Seguro Social, por lo tanto, no reciben atención médica, pensión por vejez e indemnizaciones por muerte.

Ante el incremento de número de casos de covid-19 en el país, en las últimas semanas, la incertidumbre y el miedo han invadido a la familia de Danilo, sobre todo, porque no saben cómo podrán sobrevivir a la crisis económica si él llegara a enfermarse. “La mayoría de nicaragüenses estamos pasando por esto: la crisis económica y el desempleo”, lamenta el vigilante.

“No hay trabajo y todo está más caro”

Martha Toribio, tiene 56 años de edad, y desde los 16 años se dedica al trabajo doméstico en el departamento de Chinandega. “Me dedico a limpiar casas y a vender cajetas, pero no es como tener un trabajo estable donde podría ganar más”, comenta.

En Nicaragua, el salario mínimo para una trabajadora doméstica es de poco más de 6000 córdobas y en algunos casos la jornada laboral supera las 8 horas, sin beneficio a seguro médico, días feriados, ni pago del treceavo mes. “Es un trabajo cansado, y no pagan bien”, continúa.

Martha limpia de dos a tres casas por semana, y apenas logra recaudar 400 córdobas, “cuando hay trabajo”. En los últimos meses, le ha sido difícil conseguir clientes, y sus ingresos solamente le alcanzan para cubrir sus necesidades más básicas.

Ante la falta de trabajo, Martha incursionó en la venta de las tradicionales cajetas de zapoyol, como una segunda fuente de ingresos. Sin embargo, los precios de los ingredientes que utiliza para la elaboración de las cajetas, se han incrementado. “Está más cara el azúcar, la leña, —señala— y a veces no me ajusta ni para comprar la semilla de zapoyol”.

El encarecimiento de productos y servicios de la economía nacional afecta a todos los nicaragüenses, pero especialmente a aquellos que no ganan lo suficiente para hacer frente a estas alzas.  De enero a agosto de este año, el precio de la canasta básica incrementó casi 320 córdobas. Productos elementales para el consumo como el arroz y el queso, experimentaron un incremento de 0.64 y 3.69 córdobas, respectivamente. El jabón, el detergente, y los servicios básicos, también sufrieron alzas.

Familias enteras perjudicadas

María Valle, ama de casa, vive con la familia de su hermana en Managua. La familia de seis miembros depende económicamente de su cuñado, quien se dedica a la reparación de productos electrónicos. Con el constante incremento del valor total de la canasta básica, se han visto obligados a racionar y priorizar ciertos productos para ajustar hasta fin de mes.

María comenta que algunos de los productos que han racionado son el jabón, el detergente, e incluso alimentos. “Si antes comíamos carne los tres tiempos, ahora ya no”, cuenta a manera de ejemplo.

Hace tres meses, María enfermó, y con lo poco que tienen, apenas logran hacer frente a una parte de sus gastos médicos, por lo que no ha podido recuperarse por completo. Esta situación en particular, le produce desesperanza.

Las dos sobrinas de María también han tenido que abandonar temporalmente la universidad, porque no cuentan con recursos para cubrir los gastos de transporte y aranceles, pero, además, temen que puedan contagiarse de coronavirus en el campus universitario.

Para esta familia no existen muchas alternativas para sobrellevar la crisis, solo les queda esperar que todo mejore.

Empleo informal continúa creciendo

José Enrique tiene 33 años y es vendedor ambulante de helados en Managua. Hace cinco años, decidió buscar un trabajo por cuenta propia, para tratar de ganar más que el salario mínimo.

“La mayoría de empresas de este país te obligan a trabajar, y el salario mínimo no compensa el costo de la canasta básica, porque la canasta básica aquí redondea entre los 15 000 y 16 000 córdobas, y el salario mínimo no llega ni a los 6000”, denuncia el vendedor.

Con la venta de helados Enrique ganaba lo suficiente para llevar el sustento diario a su hogar, pero desde 2018, sus ingresos han disminuido en un 50 por ciento.

La empresa de helados para la que trabaja incrementó el costo de sus productos, afectando tanto a vendedores como a consumidores. “Si un helado valía 10 córdobas, y vendías 100 paletas, te ganabas 4 córdobas por cada paleta, equivalente a 400 córdobas de ganancia, —explica—pero ahora la empresa da esa paleta a 15 córdobas, y ya no se le puede ganar lo mismo, porque la gente no tiene para comprarla tampoco”.

Los niveles de inseguridad del país y la pandemia, también perjudican su trabajo como vendedor ambulante. “Vos ya no podés andar tranquilo de noche, ya no es lo mismo este país”, expresa.

Enrique y su familia han sufrido en carne propia el encarecimiento de la vida en el país, y lamentan que cada día los productos “están más caros”. La situación económica ha llevado a Enrique a buscar otro empleo como guarda de seguridad. “Ahora trabajo en el área de seguridad día de por medio, y cuando me toca libre vendo helados para generar más ingresos”, explica.

Danilo, Martha, María y José Enrique, no tienen muchas esperanzas de que la crisis que vive Nicaragua se resuelva, a menos que haya un cambio político en el país. “Yo creo que todos los nicaragüenses esperamos un cambio, pero para que esto mejore tendría que cambiar todo lo de arriba”, concluye Danilo García.


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