Economía

Ortega se adelanta a Ley Renacer y suspensión del CAFTA al alinearse con China

Expertos dudan de que China sustituya a Estados Unidos como nuestro principal socio comercial o inversionista

La semana pasada, un corto comunicado leído por el canciller Denis Moncada, informaba que Nicaragua se plegaba a la visión china de que Taiwán es solo una provincia rebelde, como excusa y explicación para migrar las relaciones diplomáticas de Taipéi a Pekín.

Y si bien las razones para tomar tal decisión, son de tipo geopolítico y económico, dos expertos consultados por CONFIDENCIAL, ven pocas posibilidades de que Ortega y la economía nicaragüense resulten especialmente beneficiadas por este cambio.

“Habrá que esperar para conocer qué se ofreció y qué se negoció, invita el periodista nicaragüense Alberto Alemán, analista de asuntos Asia – Pacífico, quien descarta que haya razones ideológicas, porque “¿quién podría creer que Ortega sea revolucionario o de izquierda? El factor ideológico no tiene mayor importancia en esto, pese a lo que diga Ortega. Solo es retórica”, sentencia.

El salvadoreño Napoleón Campos, especialista en temas internacionales, se decanta por la economía más que por la política, preguntándose “en estos momentos ¿de qué le sirve a China un aliado como Daniel Ortega?”, aislado, señalado de haber cometido un fraude electoral, además de violentar los derechos humanos y el Estado de derecho.

Ambos expertos opinan que además de retar a Estados Unidos, Ortega busca también opciones ante la posibilidad de que Estados Unidos aplique la Ley Renacer, excluyendo a Nicaragua del tratado de libre comercio (Cafta), y que Europa haga lo mismo con el Acuerdo de Asociación, lo que encarecería las exportaciones nicas a ambos mercados.

El difícil TLC chino

El nicaragüense observa que “con la Ley Renacer, Estados Unidos podría imponer sanciones más duras, que representen un aislamiento económico y financiero significativo; podría excluir a Nicaragua del Cafta, con consecuencias severas para nuestra economía, porque Estados Unidos es nuestro mercado principal y principal socio comercial”.

Dado que no piensa dar marcha atrás en la continuación de su régimen dictatorial, “Ortega se ha anticipado a este movimiento y apunta a obtener beneficios de cooperación al menos parecidos a los que conseguía de Taiwán. También quiere obtener acuerdos comerciales importantes, que le ayuden a vender en China parte de la producción nicaragüense, y también buscar inversiones”, complementa.

El salvadoreño señala que “si alguien apuesta que China podrá compensar las sanciones al Cafta, está totalmente equivocado”, porque no es fácil reorientar de la noche a la mañana un cambio de destino de las exportaciones nicas, de Estados Unidos a China, y habría que ver cómo reaccionaría el pueblo nicaragüense a ese nuevo descalabro económico.

Comparando con los beneficios económicos percibidos por los países que dieron el salto antes que Nicaragua, Campos detalla que “salvo las exportaciones ticas de tecnología, las de ningún país han cambiado al aliarse con China… que Nicaragua vaya a reorientar su mercado de exportación a Estados Unidos por el de la China popular, es otro cuento chino”, sentencia.

Campos apunta también que la pandemia ha producido una relocalización de inversiones que ahora están en China, Vietnam, Indonesia o Malasia, porque los empresarios —y los políticos— se dieron cuenta que producir en Asia será más barato, pero resultó en un caos, cuando surgió la crisis logística, por lo que ahora buscarán como repatriar las empresas a su propio territorio, o a ubicaciones más cercanas.

Por su cercanía, México podría ser el gran ganador, pues conviene desarrollar las economías locales, para incentivar la democracia y el desarrollo, a la vez que se desincentiva la migración, lo que hace más difícil que el mercado chino o las inversiones chinas vayan a ser un motor económico para Centroamérica o cualquiera de sus países.

“No es cierto que China traerá flujos de inversión a gran escala, y donde sí lo han hecho, en algunas de las grandes economías sudamericanas, es porque había grandes recursos que pudieran aprovechar”, aclara Campos.

Alemán señala que tiene “serias dudas de que China quiera asumir el papel de caja chica para proyectos de tipo populista, y está por verse si va a igualar la cooperación al desarrollo”.

Campos recuerda que después de tantos años de relación con Costa Rica, y más recientemente, con El Salvador, “está demostrado que China es un tanque de oxígeno muy limitado”, y aunque es razonable que Ortega los haya buscado en este momento en que tiene el agua hasta el cuello, lo que hizo fue entrar a una suerte de laberinto”.

Hacer negocios con China

Alemán explica que “pese a lo que digan los funcionarios del régimen, no es muy fácil hacer negocios con China”, en primer lugar, porque hay una serie de trabas técnicas y hasta fitosanitarias, que lo hacen de difícil acceso.

Tampoco es realista esperar que haya empresas de origen nicaragüense instalándose en China continental, porque “los chinos prefieren que las empresas extranjeras tengan socios locales, y hay muchos menos incentivos para las empresas extranjeras, que las que hubo hace 20 o 30 años”, añadió.

Si la idea es exportar, “más allá de unas pocas materias primas tradicionales, no sé qué podemos ofrecer: no producimos soya, petróleo, o algún mineral, ni los productos industriales que le interesen a China… a ellos lo que les interesa es vendernos sus productos industriales”, agrega.

Por todo eso, Alemán insiste en que ve “con mucho escepticismo”, la capacidad de las empresas nicas de aprovechar una apertura comercial china. “No es fácil, ni los beneficios de ese acceso se verán de manera inmediata o tangible, porque es un mercado difícil, además que las empresas nicas no tienen idea de las peculiaridades del mercado chino, en donde los negocios no se hacen de la misma manera que con Estados Unidos”.

Al nicaragüense Joe Henry Thompson, experto en integración centroamericana, le parece “normal que se rompiera con Taiwán, considerando el tamaño del mercado chino, y no descarta que a mediados de 2022, Centroamérica busque un tratado de libre comercio con China continental, si aceptan negociarlo con cuatro de las seis naciones; con las seis, aunque Honduras y Guatemala sigan siendo aliados de Taipéi, o si exigirán que toda la región se rinda unida ante ellos.

Thompson recuerda que si la región tiene un tratado de libre comercio con Corea, es porque “se le había propuesto al Consejo de Ministros de Integración Económica (Comieco) negociar un TLC con China, pero no había consenso, porque varios países seguían con Taiwán”.

Aunque hay quienes argumentan que ni siquiera Centroamérica unida tiene capacidad para surtir mercados tan ricos y extensos como los asiáticos, Thompson destaca que haber firmado un acuerdo comercial con Corea, permite a Nicaragua producir a través del régimen de zonas francas, “cualquier cantidad de prendas, con tela de cualquier parte del mundo, que pueden entrar directo a Corea, con una rebaja de 15% al 22% de los aranceles que habría que pagar”.

Del mismo modo que el país puede importar maquinaria coreana para mejorar la capacidad productiva al emplear mejor tecnología a mejores precios, China también puede convertirse en otro proveedor, porque produce vehículos, fertilizantes, y un sinfín de productos más.

Otra opción es que se decidan a fabricar tecnología en Nicaragua, y que el país haga lo que ellos hicieron: aprender como ellos lo aprendieron de otros países, para luego hacer la transferencia de conocimiento de sus ingenieros a los nuestros, lo que a la larga, “también nos vuelve atractivos para otros inversionistas”, explica.

Mientras haya negocio, se quedarán

Desde la perspectiva de las empresas nicaragüenses que tienen ADN taiwanés, el cambio de un país —y un régimen— por otro, no debería representar mayores cambios en las relaciones comerciales entre los países.

Así lo explica Gilberto Wong, presidente de la Cámara Empresarial Taiwanesa Nicaragüense, (Cetainic), al decir que “no creo que la ruptura de relaciones diplomáticas afecte el comercio bilateral”, y mientras esté vigente el tratado de libre comercio con Taiwán, “no veo razón para no seguir promoviendo las exportaciones de carne, mariscos, café, chatarra, ajonjolí, frijoles, azúcar, etc.”.

Wong también asegura que si bien es cierto, en el pasado algunas empresas taiwanesas se fueron a Vietnam y a Camboya por conveniencia económica, no hay nada que le haga pensar que las tres que siguen en el país en régimen de zona franca (Formosa Textil, China Unida y Roo Hsing), no vayan a seguir operando normalmente, mientras exista el Cafta, que les ofrece ventajas para exportar a Estados Unidos.

Aunque aún es muy prematuro, Wong señala que no conoce que haya inversiones que estén en peligro por esta ruptura: ni de parte de las tres empresas de zona franca, ni del grupo que opera el Hotel Crowne Plaza, más el centro de convenciones y el centro comercial, que es un gran conglomerado empresarial taiwanés.

“No se han manifestado ni creo que se vayan: mientras tengan oportunidades de negocios, lo seguirán haciendo. Cuando Panamá y El Salvador rompieron relaciones con Taiwán, las empresas que estaban ahí, se quedaron, así que mientras no afecte lo comercial, o el Cafta, ellos seguirán operando en Nicaragua”, subraya.

Los que salieron ganando, son los ciudadanos de esa nacionalidad que integran la Asociación China Nicaragüense. Iván Quant, presidente de la entidad, asegura que “no la hemos analizado, porque es una decisión muy reciente”, y dado que la suya es una actividad de tipo cultural, adelantó que “cuando haya una nueva embajada, nos acercaremos a ellos para seguir nuestro trabajo”, optimista porque “antes teníamos que viajar a Panamá, México o Costa Rica para pedir visa, pero ahora podremos hacer los trámites acá”.


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