Economía

Inversión extranjera directa se desploma en 2020 y 2021

Cuatro años de caída de IED en Nicaragua: Después de los 971 millones de dólares captados en 2017, se proyectan 159 millones en 2021

Los 159.4 millones de dólares en inversión extranjera directa (IED), proyectados para 2021, representan apenas el 16.2% de los 982.8 millones captados en 2014, que fue el año más copioso en ese terreno. La diferencia es de apenas dos décimas porcentuales, si se compara con 2017, el año previo a la Rebelión de Abril del 2018.

Si se confirma el dato, representará el cuarto año de caída de la IED, después de los 970.9 millones conseguidos en 2017.

“Los flujos de IED en el periodo 2001-2007 tuvieron un crecimiento anual ponderado del 16%”, escribió en su blog el economista Alejandro Aráuz, afirmando que la “inversión extranjera directa se espanta de Nicaragua”.

“En el periodo 2008 al 2017 el crecimiento anual ponderado fue del 12.4%. En cambio, la desaceleración de la IED a partir de 2018 hasta el 2021, se estima en una tasa de decrecimiento anual ponderado del 64.1%, implicando un efecto contractivo contundente en la inversión fija y la posición neta de la balanza de pago internacional de Nicaragua”, complementó.

Al rememorar las fuentes que generaron los montos principales de inversión extranjera, Aráuz dijo a CONFIDENCIAL que casi siempre, el origen estaba ligado al caudillo de turno: “En los 70, los inversionistas pertenecían al círculo de Somoza… en los años 80, eran inversiones con recursos del campo socialista”, rememoró.

Los recursos captados en la década de los años 70, se usaron para “desarrollar y aprovechar el mercado interno del país, de donde nacieron industrias que llevaron a la exportación en la rama metalmecánica y química, gracias a la implementación de políticas de desarrollo”, entre ellas, la política fiscal, precisó.

Luego, en los 80, “tenemos una historia de contraste, con inversiones que no tenían sentido de rentabilidad, por el mal manejo de la macroeconomía”, explicó el experto.

Cuando la economía nicaragüense comienza a abrirse, mientras se desarrollaba la ‘ronda Uruguay’ en el marco de la Organización Mundial de Comercio, “el Gobierno de doña Violeta instala políticas de atracción de inversiones, y crecen más con Enrique Bolaños, que hizo un excelente trabajo en lo macroeconómico, después que Arnoldo Alemán dejó la economía desalineada y desarticulada. En el Gobierno de Ortega, mucha de la inversión es gracias a Venezuela, y también para zonas francas”, detalló.

USD8000 millones ¿en qué?

La década 2010 – 2019, fue muy prolífica para la atracción de inversión extranjera, acumulando 8000.9 millones de dólares, suma que ha servido para aumentar las exportaciones –principalmente de la maquila textil, y de materia prima de origen agropecuario- y generar empleos masivos, pero de baja calificación.

“Si bien la IED no ha jugado un papel contributivo en los incrementos de nuevas tecnologías, mejorías salariales y efectos reanimantes para otros sectores de la economía, su papel ha sido efectivo en el incremento de las exportaciones, especialmente de bienes producidos en las zonas francas; producción y exportación de oro; pesca, e inversión en comunicaciones, entre otros”, detalló.

Aráuz considera que la IED ha sido importante para Nicaragua, por su contribución sectorial, y porque su objetivo es ampliar las exportaciones, siendo que nuestro mercado interno es pequeño. “La inversión extranjera no vendrá para elaborar productos que se consuman en Nicaragua, sino para usar al país como plataforma elaboradora y exportadora, aprovechando las cercanías de los mercados”, explicó.

Aunque el país tiene vigentes tratados de libre comercio con las economías más desarrolladas del mundo, así como con las más cercanas, “tenemos un problema estructural: exportamos productos primarios, productos semielaborados de las zonas francas textileras, y unos pocos con tecnología, pero no productos especializados ni complejos, que son los que generan mayores ingresos”.

A modo de ejemplo, mencionó que una de las industrias menos desarrolladas es la ganadería, que está más enfocada en producir y exportar cortes y vísceras, que en procesar la carne para venderla enlatada, embutida, o en otras presentaciones que le agreguen valor.

“Esto tiene que ver con la mentalidad de los productores nacionales, que tienen un atraso de conocimiento -no solo tecnológico- y carecen de un perfil de agresividad, de tomar riesgos. Están atentos a ver qué les puede dar el Estado en materia de apoyo fiscal, pero eso lo fomenta el mismo Gobierno, cuando busca colocar bonos ofreciendo altas tasas de interés”, ilustró.

“Nuestra política no es amigable ni está articulada para aprovechar las capacidades y la mano de obra del país, para buscar cómo elaborar productos más complejos y especializados”, indicó.

No es la democracia… son las políticas

El país debería ser capaz de ofrecer estabilidad política; un marco macroeconómico amigable, y estabilidad social, del mismo modo en que también puede ofrecer mano de obra abundante, aunque sin el tipo de capacitación tecnológica que se requiere para hacer inversiones en productos de mayor complejidad.

“¿Qué régimen político puede ofrecer esto?”, se preguntó el experto. “No veo que la continuidad de este régimen, manejando las políticas como hasta ahora, pueda hacerlo. Incluso, un nuevo gobierno que no cambie las reglas, tampoco podrá mejorar la captación de inversión extranjera directa, y usarla de forma más eficiente”, complementó.

De forma adicional, reconoció que se requiere que haya democracia, Estado de Derecho, eliminar la corrupción, ser un Estado eficiente y articulador, e implementar una educación basada en aspectos científicos y técnicos para poder desarrollar el país.

Si bien en la realidad presente, la falta de previsibilidad, las dudas con respecto a una sólida estabilidad macroeconómica –y política- de mediano plazo, inciden para deprimir los montos esperados para el año pasado y el presente, Aráuz también advierte que la falta de democracia, no implica una caída automática de esos mismos montos.

“Si tenés una dictadura que propicie las condiciones apropiadas, podés tener una alta IED, porque las inversiones son para generar capital, no democracia”, pero también porque “los inversionistas no piensan en temas como la redistribución de la riqueza. Ese no es su problema”, teorizó.

 



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