Economía

Enrique Sáenz: Hay que atacar los pilares que sustentan al régimen

Economista y exdiputado llama a la oposición a “darle vuelta al calcetín” y conectarse con las demandas del 85% de la población que adversa a Ortega

Un ilegítimo Daniel Ortega proclamó triunfalista en su toma de posesión, el pasado 10 de enero, que la economía nicaragüense se recupera después de tres años consecutivos de recesión, con un crecimiento del producto interno bruto (PIB) que oscila entre el 6% y el 7.5%.

Sin embargo, el economista y exdiputado opositor Enrique Sáenz reclama que Ortega y las autoridades económicas del país omiten datos sobre el supuesto crecimiento económico contrastado con la realidad de los nicaragüenses.

Sáenz cuestiona que “Ortega no dijo que ese crecimiento económico no ha movido el empleo formal ni siquiera en 1%” ni tampoco el subempleo, que el mismo Gobierno define como aquellos nicaragüenses que ganan menos del salario mínimo, o que no tienen empleo fijo y trabajan un día sí y un día no, y ronda en el 50% de la población económicamente activa.

Además, agrega que tampoco se corresponde con los salarios reales de la economía formal, que permanecen congelados o han disminuido mientras el costo de los alimentos en la canasta básica incrementó un 15% en 2021, y “eso simplemente se traduce en menos frijoles, menos tortillas, menos queso en su mesa”, detalló Sáenz.

En entrevista con el periodista Carlos F. Chamorro para el programa Esta Semana y CONFIDENCIAL, Sáenz analiza la realidad tras el crecimiento económico de 2021 y las proyecciones de un menor crecimiento en 2022. Además, comenta los desafíos de la oposición ante la continuidad del Gobierno ilegítimo de Ortega y sus quince años de dictadura, y asegura que es tiempo de “darle la vuelta al calcetín”, trasladando los focos de Washington a Nicaragua, e identificando y atacando los pilares que sustentan al régimen, soportado por la represión y el estado policial de facto, e incluye al Ejército y el silencio del gran capital.

 

Las proyecciones económicas de este año, según el Banco Mundial, según la CEPAL, son de un crecimiento considerablemente menor que esa estadística del 7%. Ahora se habla de un 2%, 3%, ¿estas son buenas noticias acaso para el Gobierno, y malas noticias para la población?

Esto es una regla de tres simple… si admitimos que la economía creció casi 8% (en 2021), pero que los salarios se deterioraron, que (el precio de) la canasta básica creció, en el caso de los alimentos 15%, de acuerdo con las cifras oficiales; si el empleo y el subempleo apuradamente disminuyeron en medio por ciento, si esto fue con un crecimiento del 8%, con un crecimiento del 3%, obviamente la situación será bastante más precaria para las familias, obviamente no para los tagarotes que se quedan con el beneficio de ese presunto crecimiento económico.

Sin embargo, el mensaje que transmitió Ortega, y que con otras palabras lo dijo después Rosario Murillo, refiriéndose también al sector empresarial, es el de “borrón y cuenta nueva”. Es decir, Murillo atacó a los empresarios que rompieron con el régimen después de la matanza de abril, y dijeron: ‘Bueno, ahora vamos a empezar de nuevo porque la economía ya se ha recuperado’. ¿Lo que está sugiriendo o hablando Ortega es negociar con las empresas, con sectores económicos, o revivir ese modelo que existió hasta antes de 2018?

Ninguna de las dos cosas, creo yo. Para Ortega de lo que se trata es de un contubernio, es decir, de un arreglo de malhechores para: ‘Miren, aquí hay la oportunidad de seguirse repartiendo’, o una negociación, que no es negociación, (sino) es rendición: ‘Esta es la realidad, o se sientan aquí en mis condiciones o simplemente siguen a la intemperie’. De tal manera que, ni borrón ni cuenta nueva, sino que Ortega lo que pretende es, en general para los nicaragüenses, que nosotros nos resignemos a esta nueva forma de opresión, y que los empresarios retornen, rendidos, en las nuevas condiciones de Ortega. 

Ortega no dijo nada de la demanda nacional de suspender el estado policial que prevalece en el país desde 2018; pero algunos de sus voceros han reivindicado claramente que ese es el statu quo del régimen. Es decir, el estado policial se mantiene, se mantienen también los presos políticos. ¿Qué impacto tiene este cierre total de la democracia en el país, en la economía, en las perspectivas de la inversión privada en el país?

La fuente de la permanencia de Ortega en el poder es el estado policial. En la derrota política –y así tenemos que llamarla– que sufrió en noviembre, la única fuente de su permanencia es este estado policial. En consecuencia, él no puede negociar el estado policial porque significaría negociar su salida. Y para un dictador que está empeñado, no solo en mantenerse en el poder, sino sembrar ya las estacas de la dinastía, es ilusorio pensar que, simplemente con declaraciones, Ortega se va a sentar a hacer concesiones.

Pero desde el punto de vista del sostenimiento del Estado y de algunos de los aparatos económicos, el régimen ha mantenido una política tributaria extorsiva; y cuenta con financiamiento bastante discrecional del Banco Centroamericano de Integración Económica y de otras entidades internacionales. ¿Está blindado económicamente en este año el Estado con esos fondos y con la promesa de cooperación de China?

Ortega depende, de alguna forma, de un albur, que es lo que pasará en el futuro con los créditos internacionales, (porque) los del BCIE, no son suficientes. Si no hay crecimiento económico, por mucho que exprima al sector empresarial, las recaudaciones no van a crecer de manera suficiente, y los fondos del BCIE no son lo suficientemente cuantiosos para compensar eventuales pérdidas en la recaudación. Así que aquí la incógnita está (en si) continuarán en los mismos niveles los flujos de las instituciones financieras internacionales, Fondo Monetario, Banco Mundial, BID, ya que el BCIE es una constante; y qué es lo que pasará con los chinos, ¿es un intento de Ortega para pretender que tiene una gran alianza, o en realidad va a recibir recursos suficientes para flotar la economía? Es una incógnita.

Y la otra incógnita es: las acciones que está adoptando la comunidad internacional, sanciones que han estado concentradas principalmente en altos funcionarios del Gobierno. Algunos diplomáticos están planteando extender esas sanciones a algunas instituciones como el Ejército de Nicaragua, otros hablan también de instituciones económicas.

Efectivamente, la otra incógnita (es) cuál va a ser la magnitud y la dirección de las sanciones, pero hay que decir que las sanciones tienen un impacto visible y otro impacto invisible.

Por ejemplo, tener una relación hostil con tu principal socioeconómico, en términos de comercio exterior, inversiones, remesas, como es Estados Unidos, eso lo marcan las instituciones, las empresas calificadoras de riesgo, castigando la capacidad de atraer capitales y encareciéndolos. Eso, a la corta y a la larga, tiene un impacto en la economía del país, aunque no se vea, igualmente tiene un impacto en inversionistas nacionales y extranjeros.

Si yo tengo una relación tan conflictiva con Estados Unidos, con la Unión Europea, ¿me voy a meter a invertir en carne, en Zona Franca, etc., cuando tengo la amenaza que a la vuelta de la esquina pueda recibir un impacto del deterioro de esa relación? O sea, las sanciones tienen un impacto directo en quienes son objeto, pero también tienen un impacto indirecto muy fuerte, aunque no sea visible. De tal forma que, efectivamente, también esa es otra incógnita que tendrá que ver con los recursos de las instituciones financieras internacionales, con las inversiones, con la actividad económica, y en consecuencia con la capacidad del Estado para sostener el gasto público.

Ortega está iniciando este año quince de su dictadura con su punto más bajo de apoyo político que se reflejó el 7 de noviembre, bajo un estado general de aislamiento internacional y sin legitimidad nacional ni internacional; pero al mismo tiempo también la oposición se encuentra en su punto de mayor debilidad organizativa, su liderazgo está preso en la cárcel, o en el exilio, y siguen saliendo activistas de la oposición bajo la persecución que sigue ejecutando el régimen. ¿Qué alternativa de cambio le puede ofrecer hoy la oposición al país bajo este estado policial?

Yo creo que hay que darle, como diríamos en buen nicaragüense, “vuelta al calcetín”. Primero, que Ortega con su pantomima de noviembre ni resolvió la crisis política, ni el aislamiento internacional, ni las causas del deterioro económico, y mucho menos del deterioro social y, efectivamente, eso representa una oportunidad, porque es una etapa de debilidad, porque el hecho que disponga de la Policía y el Ejército, no es fortaleza política.

A mí me parece que hay que trasladar los focos de Washington a Nicaragua. La comunidad internacional puede, y ha venido desempeñando un importante papel en apoyo a la lucha por la libertad en Nicaragua, pero no nos va a sacar las castañas del fuego. ¿Cuáles son las bases de sustentación de Ortega? En primer lugar, el Ejército. El Ejército ha venido escondiéndose, utilizando una mampara de que respalda la Constitución, las leyes, las instituciones. Pero ahora es un Gobierno ilegítimo, que significa un Gobierno inconstitucional, un Gobierno de facto. Entonces hay que emplazar al Ejército, ya no es el resguardo de un régimen constitucional, sino que un régimen inconstitucional, ya no puede esconderse en la mampara y hay que ponerlo en la mesa, en la agenda.

¿El gran capital y los grandes empresarios están dispuestos a irse en el pozo con Ortega o están en disposición de ser parte de la construcción del proceso democrático? Tienen que resolver ese dilema, pero no lo van a resolver si nosotros los mantenemos a pedradas y a garrote, sino que tienen que definirse.

Esto de los empresarios rojinegros, que es vox populi que están siendo perseguidos por el mismo régimen, o por lo menos vigilados, también necesitamos socavar esa base de apoyo de Ortega. Los trabajadores del Estado, no los podemos meter en el mismo saco. Una directora de una escuela, un director de un centro de salud, ellos tienen que saber que, desde la oposición, nosotros tenemos la convicción de que tienen un futuro sin Ortega, que no están obligados a irse en el pozo con Ortega.

¿Cómo se conecta la oposición con la población afectada por las políticas del régimen?

Tenemos que trasladar los focos no solo hacia los pilares de sustentación de Ortega, sino (también) a los otros sectores.

Si hay 300 000 jubilados que los despojaron de 800 millones de córdobas, mediante una maniobra truculenta de Ortega, y nosotros no tenemos un discurso hacia ellos, ¿cómo vamos a conectar? Si hay más de 100 000 trabajadoras y trabajadores en la Zona Franca para quienes aumentó la canasta básica, y no tenemos un discurso para conectar con ellos; sino tenemos un discurso igual para los empresarios, pequeños, medianos y grandes, a los que no podemos meterlos en el mismo saco, porque los empresarios pagan las más altas facturas eléctricas, lo más altos precios del combustible, los más altas tasas de interés bancarios de Centroamérica, las más altas tarifas de comunicaciones, y además son acosados por la DGI, por la Aduana, por el INSS, por las alcaldías, y están ahorita sin voz, amarrados, y nosotros, desde la oposición, no tenemos un discurso, no le damos la voz a estos sectores, trabajadores, desempleados, subempleados y empresarios, qué conexión, qué confianza, qué esperanza podemos dar. A eso me refiero cuando hablo de darle la “vuelta al calcetín”, atacar los pilares de sustentación del régimen y conectar con todos estos sectores de la población, 85%, que adversan a Ortega. 

Vos estás hablando de un discurso. En el país no hay libertad de expresión, de prensa, de reunión y movilización, porque vivimos bajo un estado policial agravado, reforzado por las leyes represivas, con todos los líderes de la oposición en la cárcel y en el exilio. ¿Cómo se quiebra el poder del estado policial desde la oposición, desde la sociedad civil, desde estos distintos sectores que estás señalando?

No se puede hacer de la noche a la mañana, y aquí tenemos varios desafíos. No podemos avanzar en la lucha contra Ortega si no hay una concertación, y no estoy hablando de unidad, de que 77 organizaciones, sino una concertación básica alrededor de unos temas clave.

Uno: ¿Enfrentamos una dictadura o una democracia de baja intensidad o lo que se le llame…? Enfrentamos una dictadura y aquí quedan estos. (Dos:) ¿El propósito es salir de esa dictadura para instaurar un proceso de cambio democrático? Ahí ya se achicó otra vez la caja, porque no todos los opositores a Ortega son democráticos. (Tres:) ¿Estamos dispuestos a concertar una estrategia básica y que después cada uno la desarrolle de acuerdo con sus posibilidades? Estamos de acuerdo. (Cuatro:) ¿Vamos a trabajar en la configuración de un instrumento de poder, porque no es lo mismo una gran alianza que un instrumento de poder con voluntad de poder para desafiar a Ortega y gobernar? Una vez que se haya ido, bueno pues, vamos a avanzar en esta dirección después.

¿La liberación de los presos políticos es el punto de partida o es el punto final de la salida de la dictadura?

La liberación de los presos políticos es una bandera que no podemos arriar bajo ninguna circunstancia, pero junto con la liberación de los presos políticos tampoco podemos arriar otras banderas como el restablecimiento de las libertades, como el restablecimiento de la libertad de prensa. Ah, que Ortega no la va a conceder, pero porque no las va a conceder en las condiciones actuales, tenemos que cambiar la correlación de fuerzas. La pregunta es: ¿Cómo se lucha contra una dictadura?

Bueno, dicen que las estrategias se aplican y no se explican. No tiene que ser visible, pero basta con empezar a intercambiar información, sensibilizar, etc. En algún momento va a reventar el mecate por algún lado, con la zona franca, con los empresarios… Lo que quiero decir es que no tiene que ser ni público ni notorio las nuevas formas de organización y de resistencia, no solo a nivel territorial, sino que alrededor de los intereses de la población.


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