En una cartelera envilecida por secuelas – te estoy viendo, “Sex & The City 2” - y películas que aspiran a secuelas – espera sentado, “Príncipe de Persia” -, llega, horror de horrores, otra secuela. Pero ésta viene para romper el esquema. “Toy Story 3” es el mejor argumento para salvar la idea de múltiples entregas. Yo mismo no tenía mucho entusiasmo después de ver las escenas promocionales. Woody, Buzz y sus amigos deben escapar de un pre escolar para regresar a casa de Andy, presto a irse a la universidad. ¿No había perdido el dueño el interés en las cosas infantiles en la segunda parte?¿No habían escenificado ya un espectacular escape, cuando un coleccionista de juguetes secuestró a Woody hace cinco años o diez? Si, pero todo es mas intenso ahora. En su vida secreta, estos juguetes están lidiando con asuntos humanos muy serios: sentido de propósito, el precio de la madurez, el paso del tiempo y hasta la mortalidad.
Aunque el adolescente Andy es siempre la referencia que define la identidad de los juguetes, lo más importante es ahora la relación entre ellos. Ante su inminente partida, Woody (Tom Hanks) trata de controlar el pánico de sus amigos de cara a un futuro incierto. Las opciones son una bodega en el ático, una donación a una escuela, o el basurero. Una serie de equívocos los manda directo a un pre escolar donde reciban una cálida bienvenida por parte de los juguetes de planta, comandados por un amable oso de peluche (Ned Beatty). Woody insiste en que su lugar está con Andy, y decide volver a casa. Pero el lado oscuro de este paraiso no tarde en revelarse. Los recién llegados se convierten en virtuales esclavos que deben sacrificarse ante una orda de frenéticos infantes, mientras los veteranos gozan del juego amable de niños mayores. Buzz (Tim Allen), “re iniciado”, se convierte en peón de los opresores. Woody descubre la verdad y arriesga lo que mas desea para salvar a los suyos. Y a partir de ahí, la película toma inusitados giros que rayan en lo apocalíptico. Agarren sus pañuelos, esto puede doler.
La invocación de temas mortalmente serios en películas infantiles no es una novedad. Después de todo, Walt Disney no parpadeó a la hora de matar a la mamá de “Bambi” (1942). Hace poco volví a ver “Pinocho” (1940) y la transformación de los niños en burros en la secuencia de la Isla de los Juegos es de las cosas mas aterradoras jamás consignadas en filme. “Toy Story 3” no es buena simplemente porque porque pisa el lado oscuro – podría argumentarse que cada película animada explora temas adultos -. El truco de Pixar está en la manera en que armonizan su contenido para que funcione en diferentes niveles, atendiendo a cada audiencia sin alienar a ninguna. Sus guiones son refinadas máquinas narrativas, alimentadas por diálogos económicos y escenas compactas. Con vigor visual, la cámara virtual construye profundidad dramática en cada oportunidad. Ya quisieran muchas películas con actores de carne y hueso lograr este nivel de sofisticación. Y tiene que ver la versión con las voces originales en inglés. Tom Hanks nunca ha dado mejores actuaciones que la que brinda detrás del micrófono, como la voz a Woody.
El espíritu de generosidad inclusiva se extiende fuera de la película. Pixar mira al pasado, y más allá de las fronteras de EEUU. “Día y Noche”, el cortometraje que sirve de preámbulo, es un perfecto matrimonio entre la última tecnología y la irreverencia meta-fílmica de las animaciones mas atrevidas del legendario Tex Avery. Entre los juguetes de una niña que “adopta” brevemente a Woody, figura un peluche de “Tótoro”, protagonista de la clásica película de Hayao Miyazaki, uno de los referentes del fundador de Pixar, John Lasseter. Los estudios que comanda Lasseter toman los vicios de Hollywood y convertirlos en virtudes. Detesto cuando las marcas comerciales irrumpen en la realidad de una película....pero ese teléfono de Fisher Price es perfecto. Tengo aversión a la “secuelitis”, pero ahora.... ¿“Cars 2” se estrenará en el 2011? ¿“Monsters Inc 2” para el 2012? ¡Apúrense, lentos! No vuelvo a dudar de Pixar.
