La tristeza es grande. El vacío es enorme. La Muerte, ésa que él vistió de belleza llenándola de amor, hoy lo llama a su lado. Hoy murió en la isla española de Lanzarote el escritor portugués y Premio Nobel de Literatura José Saramago (87). El hombre que se había convertido en la conciencia de un mundo que él mismo catalogó como un “desastre”.
“La Tierra está rodeada de miles de satélites, podemos tener en casa cien canales de televisión, pero de qué nos sirve eso en este mundo donde mueren tantos. Es una neurosis colectiva, la gente ya no sabe lo que le conviene para su felicidad”.
Comunista declarado (comunista “libertario” se definió), hombre con una profunda preocupación social, escritor controvertido, voz siempre en alto crítica de la realidad, Saramago se había convertido en uno de los creadores más queridos y despreciados de la actualidad.
Sus novelas (títulos como “El evangelio según Jesucristo” o “Caín”) habían levantado ampollas en sectores conservadores, dentro de la Iglesia y hasta del Gobierno de Portugal. Y es que dios y la religión eran dos de los grandes temas presentes en la obra del portugués.
Pero Saramago también reunió a su alrededor una masa de lectores, muchos jóvenes, que lo siguen con pasión. Ya sea en sus novelas o en sus reflexiones publicadas en su blog, El Cuaderno de Saramago, la atalaya desde donde él comentaba los acontecimientos que atraían su atención: los inmigrantes africanos ahogados en su viaje mortal hasta Europa, las arbitrariedades del Gobierno de George W. Bush y la esperanza creada por la llegada de Obama a la Casa Blanca, el maltrato hacia las mujeres, las desigualdades sociales, la contaminación, su crítica dura hacia el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, quien vetó la publicación de sus reflexiones en la editorial italiana (propiedad de Berlusconi) que siempre había editado al portugués.
Desde su Cuaderno virtual, el escritor le concedió un espaldarazo al presidente salvadoreño Mauricio Funes, y un jalón de orejas al nicaragüense Daniel Ortega: “No le pido tanto al presidente electo de El Salvador, salvo que no olvide ninguna de las palabras que pronunció la noche de su triunfo ante los miles de hombres y mujeres que habían visto nacer finalmente la esperanza. No los desilusione, señor presidente, la historia política de América del Sur transpira decepciones y frustraciones, de pueblos enteros cansados de mentiras y engaños, es hora, es urgente cambiar todo esto. Para Daniel Ortega, ya basta con uno”.
Saramago, tras el terror del terremoto en Haití, había cedido los derechos de una edición especial de su novela “La balsa de piedra”, cuyos beneficios serán para ayudar a los damnificados de esa tragedia.
Y es que no es difícil querer a un hombre como Saramago. Leerlo es sumergirse en esa visión llena de sensibilidad que él tenía del mundo: La Muerte que envía sobres violeta indicando que ya nos llegó el día, pero que se olvida de su terrible tarea porque termina enamorándose de un solitario violonchelista. La ciudad en la que todos sus habitantes pierden la visión, desatando todas las intrigas propias del ser humano con su maldad, su envidia, pero también con la solidaridad. Las intrigas de la política en un país donde un día todos los electores deciden votar nulo. O el viaje de aquel elefante entre países cargados de ignorancia y superstición. Aquel dios irritado porque, después de haber creado al hombre y la mujer, se dio cuenta que no les había dado el don del habla. O aquel Jesucristo amante de la históricamente pisoteada María Magdalena. Sus críticas hacia las barbaridades de la Inquisición y la historia de su querido Portugal. Y su vida misma que el retrata con una niñez pobre pero feliz.
Aquella muerte de la que él se burló llenándola de amor, ahora le envía su sobre violeta. Y no quiero imaginarme la discusión en la que desde hoy se plantará Saramago con dios, ni las cuentas que le pedirá.

Comentarios
No hay discusión que la obra literaria de este IMMENSO, GIGANTE, Saramago quedará para siempre en cada rincón hasta donde llegaban sus escritos.
Ya bien lo dice nuestro letrado Ernestos Cardenal:
"gran escritor", "un bello ser humano", y un "comunista profundamente honesto".
"Era un gran escritor, merecedor como pocos del gran premio Nobel (de Literatura), pero además un bello ser humano, un comunista profundamente honesto, defensor de todas las buenas causas, un hombre humilde".
Saramago ya no está. Vive su pensamiento. El decía que no se puede vivir sin ideas y que la Utopía no era del más allá, ni para un tiempo futuro que nadie sabe lo que será. Decía que mirar muy lejos no tiene sentido, que la Utopía es obrar hoy, pensar hoy para cambiar el día de mañana.
Una multitud de cosas pequeñas y próximas están en el testimonio de su Humanidad de vida, La muerte dice es no haber vivido. El ha vivido par nosotros , luego sigue estando. Que importan los Berlusconi de Europa y los de América del Sur, solo les espera el basurero de la historia. No han existido.
Frente a lo que hemos visto en renuncias y traiciones de los que decían y dicen que obran por los pobres, frente a esas humanidades inexistentes, Saramago permite que digamos “todos somos comunistas”.
Veremos amanecer el día de mañana sabiendo que no podemos impedir la deriva de los Continentes, sintiéndonos un poco más huérfanos en el afecto que desborda. ¿Cuantos estamos vivos?
Maribel Wolf
No hay donde perderse. El ADN de un escritor de todos los mundos y todas las épocas, queda registrado, a ver si se reproduce en su lectura, por sus escritos, sus libros, su obra.
EN TODO HOMBRE HONESTO
EXISTE UN IRREDENTO EN POTENCIA
Y UNO QUE OTRO SE SENTIRA MOLESTO
CON ESA VOZ DE SU CONCIENCIA.
ILUSTRE AUTOR DE LAS LETRAS PORTUGUESA
QUE LLENASTE ESPACIO Y TIEMPO, EN VIDA.
TE VAS EN EL VIAJE DEL QUE NO SE REGRESA
PERO TU LEGADO JAMAS SE OLVIDA.
ADIOS, ILUSTRISIMO MAESTRO
AHORA ESTARA EN MUY BUENAS MANOS
GOZANDOSE DEL DIOS NUESTRO,
DE JESUS Y DE TODOS SUS HERMANOS.