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El Gladiador de Sherwood

“Robin Hood”
Dirección: Ridley Scott
Duración: 2 horas, 20 minutos
Clasificación: * * (Regular)

Juan Carlos Ampié | 14/6/2010

Es fácil tomar esta nueva versión de las aventuras del legendario forajido con seriedad. Al menos, al principio.  El director Ridley Scott se reúne por cuarta ocasión con el australiano Russell Crowe en el papel protagónico. Genuina realeza  de la actuación les acompañan, como su coterránea Cate Blanchet y el legendario sueco Max Von Sydow, complementan el reparto. También hay nuevas estrellas como Mark Strong, villano británico de lujo, y el galán de origen guatemalteco Oscar Isaac. ¡Y todos ostentan acentos más o menos congruentes! Además, Scott es un maestro de la atmósfera. No soy historiador, pero todo se mira convincente.

La película arranca con Ricardo Corazón de León (Danny Huston) regresando maltrecho de su malograda cruzada. El ejército raído trata de compensar sus pérdidas saqueando castillos franceses durante el lastimoso camino a casa.  El rey arenga a las tropas con la convicción de un actor que sabe que su comedia es un fracaso. Los soldados desencantados siguen el juego con similar desencanto. Entre ellos está Robin Longstride (Crowe), un arquero sin pretensiones de héroe. La desconexión entre el discurso y la actitud le da un giro de ironía perversa a las escenas. Quizás si, este será un “Robin Hood” diferente. Más realista. Más humano.

Pero no estaba supuesto a ser así. Algo huele mal en Inglaterra. Lady Marian (Blanchett) resiste los onerosos impuestos de la iglesia y la corona con el celo de una activista descubriendo el poder feminista (y su empoderamiento llegará  a extremos hilarantes). En el palacio, el Príncipe Juan (Isaac) orquesta sus intrigas palaciegas con el inconfundible estilo del Pato Lucas. Poco a poco, una sensibilidad contemporánea afín con las demandas del entretenimiento taquillero, y la imperiosa necesidad de ser políticamente correcto e inspirador, empiezan a filtrarse en la película hasta dominarla. Lo malos tienen que ser bien malos y fácilmente reconocibles – para eso están los “faux” franceses. Los buenos, deben acercarse a la santidad. Para cuando Robin aparece en los bosques de Sherwood, haciéndose pasar  por un noble caído en una emboscada, ya estamos en territorio de Kevin Costner  su “Príncipe de los Ladrones” (Kevin Reynolds, 1991). Sólo falta Bryan Adams en el fondo, cantando una melosa balada.

Pero eso sería muy divertido, y esta película mantiene su gravedad a pesar de sí misma. La pauta parece marcarla Crowe, quien brinda una perezosa invocación del macho noble de su “Gladiador” (2000), pero sin el filo trágico. Al final, estamos ante una de esas “historias de origen” de súper héroes, tan comunes actualmente. Lo que no quiere decir que no pueda disfrutarse en alguna medida. Después de todo, el director Ridley Scott es ducho en escenificar escenas de acción comprensibles y coherentes.

Después de pobres excusas de películas como “Sex & The City 2”, la eficiencia en el lenguaje visual de la película se siente como un regreso a los clásicos. Si tan sólo fuera más corta – las casi dos horas y media pesan -, podría pasar por una opción perfecta para cerrar un matinée dominguero doble. Su antecesora sería el “Robin Hood” de Walt Disney, uno de sus menores ejercicios de cine en dibujos animados. Casi no se notaría la diferencia.

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