Parte del éxito de la serie de televisión “Sex & the City” tenía que ver con su calidad aspiracional. Las aventuras de la columnista Carrie Bradshaw (Sarah Jessica Parker) y sus tres amigas se desarrollaban en un Nueva York de fantasía donde recurrían al consumo conspicuo de artículos de lujo para compensar los tragos amargos que las políticas de género les lanzaba en la cama, el trabajo o la vida cotidiana. Esta desechable secuela sigue la senda trazada por la primera película, abrazando la frivolidad latente en el producto original y descartando todo lo demás. Aquí esta, otra vez, un desfile de carteras, zapatos, ropa sin mas razón de ser que su propia existencia como símbolos de un estilo de vida. Súmele una dosis de insensibilidad cultural y desinspiración creativa. Si. “Sex & the City 2” es tan mala como dicen. O quizás peor.
Dos años después de su matrimonio, Carrie y Big (Chris Noth) experimentan con incomodidad la rutina matrimonial, y cierto ostracismo por su decisión de no tener hijos. Samantha (Kim Catrall) lucha por mantenerse deseable y lozana a pesar de los embates de la menopausia. Charlotte (Kristin Davis) trata de mantener la cordura mientra cria a sus hijas con la ayuda de una niñera de amenazantes pechos frondosos, y Miranda (Cynthia Nixon) sigue enfrentándose contra el machismo en su oficina. La tiranía del instinto procreador y los cambios hormonales de la madurez pueden pasar por novedades dramáticas, pero solo son enunciados superficialmente. En el fondo, la vida sigue igual para las “muchachas”. Sus conflictos, ya tratados a lo largo de la serie original, ahora se invocan a la manera de los asteriscos de una columna de revista de modas. Pero la secuela necesita de un factor de novedad. Y es ahí donde entra en juego uno de los dispositivos narrativos más manidos de la televisión: ¡los personajes se van de viaje! Un jeque árabe le ofrece a Samantha pasar una semana en su hotel de lujo en Abu Dahbi, y ella invitó a su séquito de amigas.
Todo esto suena muy inocente, pero el contexto, a como dice Samantha, es “una perra”. Conceptualmente, la película de Michael Patrick King quiere funcionar como los musicales de los años 30 que le ayudaban al público a escapar de las vicisitudes de la Gran Depresión. En lugar de pensar en el desempleo, los bancos en quiebra y la burbuja de bienes raíces que se revienta, los norteamericanos promedio pueden perderse en el exótico oriente. No hay nada de malo en la intención, pero la ejecución es torpe. Después de un par de alusiones a la crisis – Carrie y Big tuvieron que mudarse de su penthouse a un apartamento más cercano al suelo. ¡Oh, no! - . Además de infantilizar a las mujeres, la película se mofa de la reinvindicación del matrimonio gay, convirtiéndolo en un caricaturesco vaudeville que solo sirve de excusa para un gratuito número musical en el que Liza Minelli interpreta “All the Single Ladies” de Beyoncé en una recepción de bodas. Después de eso, las chicas invaden los Emiratos Árabes para confrontar con su fabulosidad a la cultura musulmana.
Aquí es donde “Sex & The City 2” muestra la peor cara del imperialismo cultural. La actitud de los personajes hacia el entorno viene directo de la época colonial, y desdice que las personalidades perceptivas e inteligentes que definió la serie. El ambiente es “éxotico” al estilo de un parque de diversiones, habitado por los “otros” que son vistos como salvajes, atrasados o, en el mejor de los casos, tratados con condescendencia. La actitud de la película ante la mujer musulmana reduce su complicada situación asunto a la diferencias mas superficiales con occidente. Y a manera occidental la única correcta. Las mejores aliadas de Carrie en su momento de más necesidad, visten atrevidos trajes de diseñador debajo de sus burkas. En el fondo, todas experimentan liberación por alta costura. “¡En el fondo todas somos hermanas en alta costura!”, grita la película. Y eso debe bastar como “mensaje positivo”.
La película tampoco le hace favores a sus actrices. Si la serie exploraba las áreas grises del empoderamiento femenino, la película termina de domesticar a sus divas. Quedan reducidar a validarse por los roles de esposa y madre. Samantha es la única anomalía, pero es tan caricaturesca que es vista como un fenómeno de feria, y no una mujer de carne y hueso. Curiosamente, para ser una película tan preocupada con la superficie, con frecuencia retrata a sus divas en la peor luz posible. Y no es por un despliegue de honestidad, para retratarlas en el esplendor de su mediana edad. Es como si hubiesen escogido las peores escenas posibles. Parker es la que más sufre. La comediante que suele sacar buen partido de su atractivo poco convencional, aquí parece un fiestera que debería haberse retirado años atrás de los desvelos de discotecas.
No es de extrañar ese error de visión y producción. El pobrísimo trabajo de Michael Patrick King va a la cabeza en la lista del peor del año. En su guión, cada giro de la trama que se plantea se desestima sin consecuencia. ¡Carrie pierde su pasaporte! ¡La invitación del jeque se complica! Y al final, no importa. En su dirección, no hay sentido de lenguaje visual o ritmo narrativo. Hasta el supuesto valor postalero de las locaciones es cuestionable. Marruecos haciendo de Abu Dhabi se ve muy bonito en las dos escenas que tienen lugar en el desierto, pero todo lo demás tiene cara de haberse filmado en un estudio.
Y así, queda la utilería. Los vestidos extravagantes. Los épicos zapatos. Los elegantes apartamentos y la simplificación sentimental de cuanto drama se puede conjurar. Algunos amigos me dicen, a la defensiva, “pero si sólo es una comedia”. “Sólo voy a divertirme”. Creo que es hora de que esperemos un poco más de nuestras distracciones. Además, con casi dos horas y media de duración, “Sex & The City 2” es como un mal chiste que nunca acaba.

Comentarios
Pues si, después de leer la crítica de Juan Carlos quedé convencido que esta película es una chanchada. Lo preocupante es que basura como esta ocupe primeros lugares de taquilla alrededor del mundo.... y lo verdaderamente angustiante tener una novia que insiste en ver esto.
En mi caso esta película ha creado un cisma de pareja. Ella argumenta que creció viendo estos personajes, yo le argumento que pagando un ticket para ver esto financia la dilapidación del 7mo arte. Le mandé críticas, le pasé este artículo de Confidencial...
Obviamente optó por ir a ver la película.
No nos hablamos desde entonces.
Juan que barbaro como te esmeras escribiendo sobre esta chanchada, espero leas este comentario