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De los Archivos No Tan Secretos del FBI

“J. Edgar”
Dirección: Clint Eastwood
Duración: 2 horas, 17 minutos
Clasificación: * * (Regular)

Juan Carlos Ampié | 31/1/2012

El camino al infierno esta pavimentado de buenas intenciones, y también de los archivos secretos de John Edgar Hoover. El controversial fundador del FBI es objeto de una biografía fílmica dirigida por Clint Eastwood, maestro del estoicismo conservador; y escrita por el guionista Dustin Lance Black, ganador de un Óscar por “Milk” (Gus Van Sant, 2008). Por décadas, Hoover fue el perro guardiá de los valores más conservadores de la sociedad norteamericana, a la vez que ocultaba – con más o menos éxito – su verdadera naturaleza. Era homosexual. En una trágica ironía, solía perseguir y chantajear por esa misma causa.

La vida de Hoover es rica en material, no para una película, sino para varias. Fue instrumental en la modernización de la investigación criminal. Fundó el Buró de Investigación Federal (FBI), que logró sofocar la ola criminal mafiosa que surgió con la Gran Depresión. Su anticomunismo visceral lo convirtió en un agente de desestabilización. A punta de chantaje e intimidación, se constituyó en una especie de siniestro poder paralelo, ejercido caprichosamente a espaldas de ocho presidentes – todos ellos, blancos de sus “investigaciones”. Repelió la lucha por los derechos civiles de los negros. Durante décadas, Hoover arruinó las vidas y carreras de innumerables políticos, artistas y ciudadanos. Solo la muerte pudo detenerlo.

 Eastwood y Black toman la difícil tarea de humanizarlo. Su esfera privada se convierte en el eje principal de un filme aderezado por estampas de momentos claves de su carrera: la fundación del FBI, el rapto del bebé Lindbergh, el asesinato de John F. Kennedy. Es un tratamiento interesante, al menos conceptualmente. El problema está en que la estrategia estructural que asumen disipa cualquier momentum dramático que la película podría adquirir. Hoover dicta sus memorias a diferentes reclutas jóvenes que actuan como mecanógrafos y – en los momentos más torpes – dobles del espectador, dando voz a las preguntas mas obvias que se forman en nuestra mente. La narración antojadiza y auto-complaciente del viejo Hoover justifica los flashbacks, pero nada mas. Un personaje le desinfla el ejercicio de auto-mitificación, pero de paso socava la película misma.

En el laberinto episódico, las escenas concentradas en la esfera más íntima son las más efectivas. Una temprana cita con Helen Gandy (Naomi Watts), quien llegaría a ser su secretaria de por vida, revela su profunda ansiedad por encajar en un inalcanzable ideal de masculinidad. Watts es brillante. Lástima que la película no tenga para ella ninguna otra misión. Judi Dench devora el escenario como la gorgona cristiana de Mamá Hoover: con una cruel anécdota siembra a su vástago de por vida al fondo del closet. Buena parte del metraje se dedica a la  relación de Hoover con el agente Clive Tolson (Armie Hammer), su no tan secreto compañero de vida. En la función a la que asistí, la rechifla que suele acompañar escenas de personas del mismo sexo mostrándose afecto cedió a medida que avanzaba la película. Quizás el público ya los aceptaba como pareja.

 O quizás el público ya se había dormido. Con más de dos horas de metraje, la película es demasiado larga. Su caprichoso tratamiento de la historia demanda conocimiento básico de la época para conectar con el material. En estas circunstancias, los pequeños detalles que le perdonaríamos a una narrativa cautivamente molestan y distraen. Muchos se han quejado del maquillaje envejecedor de Dicaprio – el de Hammer es peor, parece máscara de Halloween. Es encomiable que Eastwood y Black se propongan tomar el camino más difícil y no crucificar a ese troll maligno. Como el humanista Jean Renoir, operan en el entendido que cada quien tiene sus razones para actuar de la manera en que lo hace. Pero menos que el retrato de un hombre reprimido – y a pesar de la buena actuación de Dicaprio -, “J. Edgar” es un ejercicio de reduccionismo. El monstruo era vulnerable, también. ¿Y qué?

Vea el trailer de la película aquí.

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