El cineasta iraní Jafar Panahi ganó la Cámara de Oro en el Festival de Cannes de 1995, por su largometraje debut, “El Globo Blanco”. En el año 2000 se llevó el León del Oro del Festival de Venecia por “El Círculo”. En el 2006, “Offiside”, película sobre muchachas que se visten de hombre para poder entrar al estadio y ver juegos de fútbol, se llevó el Oso de Plata del Festival de Berlín. Pero el prestigio no lo ponía por encima de la realidad. En el 2009, mientras Teheran se sacudía con masivas protestas contra la cuestionada re elección de Mahmoud Ahmadinejad, el cineasta hizo lo que hace naturalmente.Tomó su cámara y salió a la calle para filmar lo que pasaba. Registraba el entierro de Neda Agha-Soltan, la joven cuyo asesinato durante una protesta callejera dió la vuelta al mundo por YouTube, cuando fue apresado por agentes de seguridad del régimen.
Desde entonces, el gigante de la Nueva Ola iraní permanece atrapado en un kafkiano laberinto legal, entre casa por cárcel y prisión. Usando su telefono, Panahi se las arregló para filmar un documental autobiográfico que retrataba un día en su vida como prisionero en su propio hogar. “Esta No Es Una Película” se logró estrenar en mayo del 2011 en el Festival de Cannes. Alguien la sacó de Irán en una memoria USB, oculta dentro de un pastel enviado por paquete postal. A finales de octubre del 2011, una corte de apelaciones confirmó la draconiana sentencia: 6 años de prisión, y una prohibición de 20 años para filmar películas, escribir guiones, dar cualquier tipo de entrevistas o abandonar el país. El caso aún puede ventilarse en la Corte Suprema, pero no hay mucho optimismo sobre su eventual decisión.
Según las autoridades, Panahi es culpable de “colusión con la intención de cometer crímenes contra la seguridad nacional del país, y producir propaganda en contra de la República Islámica”. Mas bien, su “crimen” fue apoyar al Movimiento Verde y al candidato opositor Mir Hossein Mousavi, y pretender retratar las realidad de su país sin ceñirse a la visión monolítica del oficialismo. Tambien es culpable de filmar hermosas películas de profundo humanismo que denuncian la discrimación que sufren los niños y las mujeres. Por supuesto que están prohibidas en Irán.
A nivel mundial, la comunidad de artistas, críticos y empresarios relacionados con el séptimo arte ha cerrado filas en apoyo a Panahi. La actriz francesa Juliette Binoche le rindió tributo al recibir el premio a la Mejor Actriz en el Festival de Cannes del 2011. El director británico Ken Loach, mejor conocido en nuestras tierras por su oda a la revolución, “La Canción de Carla” (1995), es uno de los miles que han firmado peticiones para que el gobierno iraní libere a Panahi. Artistas de todas las nacionalidades y signos políticos coinciden en el tema.
¿Y que hay de Nicaragua? Me gustaría creer que aunque sus películas son inéditas aqui, los cineastas y cinéfilos de nuestro país se solidarizan con el director que ya no puede dirigir, el artista que no puede expresarse, el hombre enfrentándose valientemente a un sistema represivo. Ahora que Mahmoud Ahmadinejad se apresta a pisar territorio nacional, quizás su controversial visita pueda servir para un bien mayor. Quizás la Primera Dama, Rosario Murillo, pueda apoyar a uno de los cineastas mas comprometidos con la causa de los derechos de las mujeres. Quizás como poeta, pueda solidarizarse con otro artista. Quizás Murillo pueda abogar personalmente por la libertad de Jafar Panahi. Quizás.

Comentarios
Definitivamente hay que abogar por la libertad donde sea,Jafar Panahi es un Icono de la Primavera Musulmana,Libertad Libertad Libertad para Jafar Panahi.
Libertad para Jafar Panahi!!!