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Nicaragua y las teorías de la Democracia

* Barrington Moore, Seymor Lipset, Marx, Alvarez Montalván, Consuelo Cruz, Pérez Baltodano y Serrano Caldera.

Carlos Castro Jo | 2/1/2012

Entre los científicos sociales y filósofos ha habido un vigoroso debate sobre el origen y la sostenibilidad de la democracia.  Algunos han escrito sobre  las estructuras sociales que la hacen posible, otros sobre el papel que juega la sociedad civil y sus organizaciones, y otros sobre el aspecto cultural de la democracia.  Este artículo va a tratar sobre estos temas.

Antes de comenzar vale la pena aclarar que lo que comúnmente se conoce como democracia es la democracia liberal y representativa.  No todos los científicos sociales o filósofos mencionados en este artículo creen que este tipo de democracia sea la mejor, aunque casi todos ellos, aun Marx, creen que el individuo debe tener libertad para organizarse, movilizarse, expresarse y elegir.  Algunos, sin embargo, creen que la democracia no se puede reducir a formalidades y ritos, sino que deben haber mecanismos para empoderar al pueblo para que este participe efectivamente en la toma de decisiones en todas las instancias, no solo del estado, sino también del partido. 

Una democracia de este tipo, directa y participativa, puede funcionar pero requiere que la élite, los políticos y los burócratas estén dispuestos a implementarla (y en Nicaragua no lo están, como lo prueba la resistencia del gobierno de publicar la encuesta de INIDE) o que el pueblo tenga mayores niveles de educación, conciencia y activismo que los que tiene actualmente.

Ahora el debate. Los sociólogos generalmente enfatizan las estructuras sociales para demostrar que los procesos sociales están, en parte, determinados por ellas, y por la historia y la cultura, no por la voluntad de los individuos.   En la frase célebre de Marx, “los hombres contraen unas relaciones determinadas, necesarias, independientes de su voluntad; relaciones de producción que son el resultado de un determinado grado de evolución de sus fuerzas materiales de producción”.  Hay que recalcar que a Marx no le hubiera gustado que uno  aplicara esta idea de una manera mecánica.  Lo que esta frase aclara es que el sistema político y la conciencia de los individuos no están divorciadas de las estructuras sociales.

Es también un antídoto contra el voluntarismo.  A veces la gente que no estudia sociología no entiende que las ideas, los intereses y los valores de los individuos están determinados, en parte, por su clase, género, raza, etnicidad, nacionalidad y el momento histórico particular del individuo.  La democracia es una de esas ideas, uno de esos valores que expresa intereses de clase. Los sociólogos no tratamos de justificar o juzgar, tratamos de entender, explicar, analizar.

La democracia liberal

De ahí que algunos sociólogos argumenten que el origen y el tipo de  democracia depende de las estructuras de la sociedad.  Barrington Moore argumentó que las sociedades que tienen una burguesía fuerte (asume que la burguesía es demócrata liberal) y relaciones de producción capitalistas en el campo son las que han creado democracias liberales.  Para que haya democracia liberal, la élite no debe necesitar de esclavos ni de mano de obra servil.  Si las necesitara no estaría dispuesta a aceptar un modelo político democrático liberal, que se basa en el respeto al derecho de los individuos.

Seymour Martin Lipset argumentó que hay algunas condiciones sociales que conducen a la democracia liberal.  Según él, el desarrollo económico –la industrialización, la urbanización, la riqueza, y la educación- tienen una correlación con la democracia liberal.   En otras palabras, es difícil, si no imposible, construir la democracia en países pobres. Lipset asume que la élite no está interesada en compartir el poder, es decir, en democracia, y que puede convencer a las masas empobrecidas a aceptar su hegemonía y permanencia en el gobierno porque las clases bajas tienen necesidades inmediatas que un sistema autoritario puede satisfacer.  El sujeto de la democracia liberal es la clase media que tiene necesidades de otro tipo.  En términos prácticos, un pobre necesita una lámina de zinc; a una persona de clase media le interesa la libertad de opinar y el respeto a la ley que protege sus propiedades y su movilidad social. 

Marx y la revolución

Estas teorías se concentran en darle a la burguesía o a la clase media el papel principal en la construcción de la democracia, pero hay otras que enfatizan el papel de la clase trabajadora.  Marx y Engels, que querían trascender la democracia liberal, reconocieron el papel de la clase obrera de Gran Bretaña en conquistar la democracia liberal. 

Marx y Engels también reconocieron el papel de la organización en la conquista de la democracia: los obreros de Gran Bretaña se organizaron en el movimiento cartista para luchar por un sistema más democrático. Alexis de Tocqueville, por otra parte, enfatizó la importancia de las organizaciones de la sociedad civil para construir un sistema democrático.  Es decir, no solo hace falta que haya una clase social, la sociedad civil debe estar organizada.

Los economistas también han participado en este debate.  Dos de los que han presentado un argumento sofisticado son Daron Acemoglu y James Robinson, quienes argumentaron que la democracia depende de dos cosas: del grado de desigualdad social y de un análisis de costo y beneficio por parte de la élite y del pueblo.  En otras palabras, depende de las estructuras sociales y de la racionalidad de los individuos.  Según ellos, si las élites pudieran perder mucho con un sistema democrático, no estarían dispuestas a crearlo o concederlo. Si perdieran mucho con una revolución y si solo la democracia pudiera evitarla, la élite estaría dispuesta a crear un sistema democrático.  Si el pueblo cree que sale perdiendo con la democracia, tampoco estaría a favor de ella.  Los individuos tratan de maximizar sus intereses, y estos dependen de su posición social y del tipo de sociedad en que viven.   La mayoría de los individuos apoyaría cualquier sistema que los beneficie, sea este una democracia o una dictadura.  En los EE.UU. en una encuesta reciente, 38% de los desempleados respondieron que apoyarían un régimen dictatorial que les resolviera sus problemas.  (Acemoglu y Robinson también argumentan que no todos los sistemas autoritarios son iguales).

Cultura política y democracia

Algunos científicos sociales y filósofos nicaragüenses han escrito sobre la situación particular de Nicaragua.  Emilio Alvarez Montalván en "Cultura politica nicaragüense" dice que el autoritarismo es parte de nuestra cultura política.  Según él, el personalismo, expresado en el amiguismo y el compadrazgo, el cortoplacismo y el oportunismo, producen el caciquismo, el caudillismo, el autoritarismo y la dictadura. 

Consuelo Cruz, una politóloga de origen nicaragüense que hizo un estudio en el que comparó a Nicaragua con Costa Rica, también considera que la falta de democracia en Nicaragua es el resultado de nuestra cultura política. Ella dice que los nicaragüenses tenemos una visión maniquea de la realidad.  Para nosotros el oponente es un enemigo, es vil.  A él no se le puede entregar el poder por medio de elecciones. 

En su opinión, esta cultura política viene desde la fundación del país y es parte de nuestra identidad.  Uno de los primeros gobernadores de Nicaragua, Rodrigo de Contreras, era el encomendero más grande cuando se decretaron las leyes que prohibían a los funcionarios de la Colonia ser encomenderos.  Él se opuso a estas leyes nuevas y urdió tramas para violarlas.  Su hijo, Hernando de Contreras, llegó hasta el extremo de asesinar a la oposición más fuerte que enfrentaban los Contreras, el Obispo Valdivieso, que defendía a los indios.  Este es uno los primeros casos de irrespeto a la ley y de uso de la violencia por parte de la clase política que sentó precedente y se ha convertido en una norma en nuestro país.  

El filosófo nicaragüense Alejandro Serrano Caldera es uno de los intelectuales nicaragüenses que más ha escrito sobre la democracia.  Él cree que en Nicaragua y Latinoamérica no ha habido una ruptura con el pasado indígena y español pre-moderno.   Él argumenta que es la ausencia de un movimiento como el de la Ilustración, que produjo las democracias liberales europeas, lo que ha faltado en nuestra región.  Eso no quiere decir que se debe copiar el pensamiento europeo para instituir la democracia.  Él aboga por la creación de un pensamiento autóctono que explique y trascienda la realidad de miseria y de autoritarismo que hemos vivido a través de nuestra historia. 

En su larga trayectoria como filosófo de la realidad latinoamericana y nicaragüense, Serrano Caldera ha escrito sobre varios aspectos de la democracia, entre ellos, sobre los problemas estructurales que obstaculizan su implementación en Nicaragua, sobre la importancia de la sociedad civil y sus organizaciones, y sobre la necesidad de crear una cultura democrática para que la democracia sea sostenible.  Ha escrito, además, que para que haya democracia la sociedad debe lograr un consenso (no unanimidad) sobre la naturaleza de la economía, la política y el estado.  Una de las áreas de consenso, que no existe todavía en Nicaragua, debería ser sobre los mecanismos para acceder al poder.

El politólogo Andrés Pérez Baltodano también ha escrito sobre la democracia en Nicaragua.  Su tesis principal es que el pueblo nicaragüense es providencialista y las élites pragmático-resignadas, lo cual no le ha permitido a Nicaragua transformar su realidad.  Él ha propuesto el humanismo materialista cristiano como una ideología que podría adecuarse a la realidad nicaragüense y transformarla.

Según él, la apertura democrática de 1990 no fue el resultado de cambios estructurales internos en Nicaragua, sino de factores externos, de la presión internacional.  En otras palabras, no es que la élite política haya vencido su resignación y pragmatismo, ni que el pueblo haya trascendido su providencialismo.  Eso da a entender que quizá no haya condiciones para la democracia en Nicaragua. 

Lecciones de la teoría

Para hacer un resumen nos podemos preguntar qué lecciones podemos sacar de estas teorías.  Lo primero que hay que decir es que cada teoría presenta solo un segmento de la realidad.  Las teorías que enfatizan las estructuras sociales muestran los obstáculos que existen para construir la democracia.  También muestran lo que hace falta para lograr la democracia: el crecimiento económico, una mejor distribución del ingreso, mejores niveles de educación.

Mejores niveles de educación y una clase media más numerosa solo se logran con menos desigualdad social.  Esto quiere decir que hay conectar la lucha por la democracia con la lucha contra la desigualdad social.

La existencia de una clase media numerosa no va a crear y mantener la democracia automáticamente.  Se necesita de líderes y ciudadanos demócratas organizados, luchando por conquistarla.  Este aspecto lo cubren las teorías que enfatizan el elemento organizativo, ideológico y cultural .

De esa literatura se deduce que no hay que esperar a que exista una clase media numerosa ni a que se llegue a determinado PIB per cápita para crear un sistema democrático.  Nadie conoce a ciencia cierta qué porcentaje de la población debe ser clase media ni qué nivel de desarrollo económico se necesita para construir este modelo de democracia.

Las teorías sobre los movimientos sociales y las revoluciones apuntan hacia la posibilidad de que la democracia se puede conquistar de otra manera, aunque aun en este caso tienen que haber condiciones estructurales.  Cuando un sistema entra en crisis –y todos entran en crisis-, los líderes políticos que han estado luchando por el cambio a la par del pueblo son los que conquistan el poder.  Si ellos o ellas son demócratas crearán una democracia.

Finalmente, la democracia, una vez conquistada, no se ha conquistado para siempre.  Todas las sociedades tienen individuos cuyos intereses no coinciden con la democracia; en los países demócrata liberales, estos son una minoría, pero en periodos de crisis pueden triunfar e imponer su modelo de sociedad.  Las teorías culturales nos ayudan a entender que para que la democracia sea sostenible, tiene que convertirse en un hábito, en una cultura de la mayoría. 

La pregunta fundamental es cómo se instituye una nueva cultura  Pero ese es otro tema y sobre él también ya se ha escrito bastante.  Cualquier persona interesada en estudiar este tema con rigurosidad se puede remitir a los textos especializados sobre el mismo. 

Esta larga discusión solo pretendía presentar algunas de las teorías sobre la democracia que pudieran  ayudarnos a entender la situación actual de Nicaragua.

* El autor es sociólogo. 

Comentarios

3
el tigre

No creo que la ruptura con el pasado para Serrano Caldera, tenga que ver con "posturas racistas" que Vos David mencionás en tu comentario...más bien, Serrano lo que plantea es todo lo contrario, y lo referí al final de tu exposición, (lo del síndrome) es decir, que la nueva forma de hacer politica debe renunciar a los vicios, a las trampas y marrullas, al deseo de eternizarse en el poder y a utilizarlo como un garrote-zanahoria para dominar y hacer daño a todo el que se interponga en su camino...el “síndrome del encomendero” hasta ahora esgrimido por las élites y la casta politica local (antes timbucos, calandracas, liberales, conservadores y ahora danielistas-alemancistas) significa que, si no gano, arrebato...violo, ultrajo, mato, calumnio, descalifico, elimino... las causas de nuestras desgracias están en ese pasado decimonónico que no hemos superado aún...no sigamos viendo nuestra propia historia nacional y local como un cadaver...veamosla como algo vital que nos empuja a no seguir repitiendo la infamia que nos ha tocado vivir durante tantos siglos...es bueno repensar nuestro pasado, para no seguir "dando coces contra el aguijón" (nuestros propios errores). Es necesario que la ley y el ejercicio democrático se enseñoreen en hogares y escuelas...en la sociedad...

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David Diaz

A grandes rasgos, me parece que los autores nicaragüenses mencionados caen en una visión euro-céntrica. Incluso, algunos posturas son racistas, cómo la de Serrano Caldera, al culpar a la falta de democracia con no hacer una ruptura de nuestro pasado “indígena y español pre-moderno”. Queramos o no, Nicaragua (y Centroamérica) es el resultado del proceso histórico de mestizaje extraordinariamente violento que trajo el exterminio de culturas indígenas precolombinas y la instauración de una sociedad basada en jerarquías raciales y sociales (en orden descendente: el español, el criollo, el mestizo, el indio y el negro). Y cabe recordar que la corona española tuvo un modelo de colonización eminentemente extractivo de recursos. Lo que hay que romper, es el no es tanto nuestro mestizaje indígena-español (y no hay que olvidar la influencia africana e inglesa) “síndrome del encomendero” que afecta a las elites y clases dirigentes del país, -percibir el país, sus recursos y habitantes, como una finca.

1
Giwreh

Gracias por este artículo interesante y informativo.

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