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Chat con una mujer valiente

Mildred Largaespada | 9/12/2011
@1001tropicos

― Hola ―Así escribió Luchi, un día, por el chat, muy de mañana. ―Hey, qué pasó mujer― escribí, contenta de recibir su mensaje, teníamos rato de no chatear. Nos contactamos cuando vine a vivir a El Salvador, antes ella había vivido en Nicaragua, con su familia refugiada por la guerra de aquí.

Estudió un tiempo en la UNAN de Managua, después se regresaron, ella continuó estudios aquí en la UES. Tiene 40 años, así que teníamos como 20 de no vernos. Quería saludarla. Nunca pude hacerlo, ella no podía venir, un día me citó y me dejó plantada. Una le disculpa plantones a las amigas, así que cuando justificó su ausencia, ni reclamé. Comprendí que mis ganas de ver a la gente no tenían por qué ser recíprocas. Sólo tenía su correo electrónico, y por ese medio le enviaba mensajes. Un día, hace dos años, me pidió contacto por Skype.

― Hola –dijo un día.

― Hola –dijo otro.

Y se hacía el silencio de varios días. Hasta que ocurrió:

― ¿Qué tal tus hijos? –preguntó una vez.

― Bien, bien, todo bien por aquí… ¿y tu hija, todo bien?

― Me le pegó a la niña –contó Lucía, Luchi le dicen. ― Casi me la mata.

― ¡¿Quién Lucía?! –pregunté…

― Él, dijo.

Así empezó aquel chat que duró varios días. Aquella puerta la abrió la Luchi de manera muy brusca. ¿Cómo si no? Para mí fue como que abrió una esclusa para limpiar con toda la fuerza del agua el fango que venía guardando. A punta de palabras, por medio de un chat. Ese torrente de letras entrando por la pantalla me dejó aturdida por varios días. Una vez sí y otra no fueron entrando a mi vida escenas terroríficas, gritos, llantos, llamadas de auxilio que nadie escuchó, silencios familiares cómplices, sangre en los labios, sangre en la piel, moratones, palabras sucias…

Pero no voy a contar lo que él hizo con ella, cómo lo hizo, cómo la puso, pues sería darle protagonismo a la fuerza violenta del maltratador, asumir su perspectiva de vida, asumir el punto de vista del agresor. Me voy a centrar en cómo ella lo vivió, lo que ella, con sus fuerzas hizo para enfrentar la violencia. Porque lo que descubrí con la Luchi es precisamente que dentro de su casa, cada día hubo una resistencia a no someterse. La lucha de Lucía.

―¿Y para qué querés que lo cuente? –le pregunté hace varios meses cuando empezó a insistirme que tenía que escribir sobre esto.

―¡Por eso! Porque es importante que la gente sepa que las mujeres luchamos. Que las mujeres maltratadas luchamos todos los días, no nos dejamos. Aunque no parezca, nosotras luchamos. Y porque creo que eso le puede ayudar a otras que están ahora como yo estaba. Cada vez que leo sobre cómo violan, agreden, maltratan, cualquier cosa, a las mujeres, sólo se ve lo que se hace con ellas y no cómo ellas se defienden. Mire, yo me imagino que a una mujer antes de que la violen más de una patada dio.

Hay rabia cuando narra: “Tengo este pedazo de dedo menos, pero fue porque me quiso dar con el cuchillo en la cara. Y entonces yo le metí la mano. Vaya, me quedé sin dedo pero no me jodió la cara, o no me mató.

“Estoy jodida, sin respaldo familiar, sin amistades, pero preferí cortar con aquella gente que no me apoyó, que me querían ver legal con esposo aunque fuera maltratador, aunque fuera un torturador, un asesino en potencia. Se los regalo si lo quieren.

“Me agarré con él varias veces, me trompió sí, pero yo le mordí”.

“El día que me le pegó a la niña fue porque yo le contesté, él me gritó, me ofendió y le grité también. Entonces le empezó a dar con un cincho, y eso sí que ya no lo aguanté. ¡A mi niña no! Para pararlo le tiré vinagre en los ojos. Sólo así paró, si no hago eso, me la mata, me la mata a mi niña…”.  Y llora la Luchi, intensamente.

¡Púchica! Mientras habla la Luchi voy apuntando un repertorio largo de “maneras de luchar contra un maltratador y no morir en el intento”.

Le hago la pregunta ¿y por qué no irte de una vez por todas y se acabó?

― Mire, ni yo misma me lo explico. En serio, no sé. ¡Es que no sé cómo nunca se me ocurrió la idea de irme, agarrar mis cosas, denunciarlo, todo eso de lo que hablan! Ahora lo veo tan fácil, pero en esos tiempos nunca me vino la idea.

La Luchi quiere contar que hay cosas que ayudan a las mujeres maltratadas, o que a ella le ayudaron. “Esas campañas que hacen las organizaciones de mujeres ayudan muuuchooo. A veces yo miraba los pósters, los anuncios en la tele y algo me iba llegando. Una cosa escrita en la pared que decía “los hombres no son dueños de las mujeres”. ¿Sabes por qué? Porque era la primera vez que escuchaba eso, sí, la primera vez, aquí siempre han dicho lo contrario, “cuando te casas él es tu dueño porque es tu esposo”. Ver esas marchas contra la violencia, ese montón de gente diciendo que no hay que maltratar, ¡incluso hombres diciendo eso! Como que de pronto no me sentía sola. Con algunas canciones yo me quedaba como ida, me daban ánimo, fuerza”.

“Decime una canción de aquel tiempo, Luchi”, solicito. Y ella piensa y se decide por Ojalá, de Silvio Rodríguez.

Lucía no se llama Lucía, estoy protegiendo su identidad. Ya no vive en El Salvador. Migró a los Estados Unidos hace un año. Huyó. Dice ella que “ahora está bien”. Pienso en las mujeres que migran debido a este motivo y que no aparecen en las estadísticas de migraciones salvadoreñas. Las cifras oficiales de la violencia hacia las mujeres dicen que son muchas. El subregistro dice que son demasiadas.

―Sos valiente mujer ―Fueron mi palabras repetidas cuando me contó que ya lo había dejado, que se había ido a vivir a la casa de una amiga. “Ahorita sólo soy una mujer que está descansando”, contestó esa vez.

Le envié este texto para que lo revisara, pues sus palabras las he recuperado de la memoria de aquellos días y quería que las confirmara. Sólo hay un cambio. Me dice que ahora tiene una nueva canción. Es ésta:

http://soundcloud.com/navasarenas1/eva-maria-formula-v-720p-hd

Del blog de la autora: http://milyuntropicos.wordpress.com/

Comentarios

5
nasareth

si es verda

4
Aleyda Donaire

Mildred, te felicito, siempre te reconocí cómo una mujer que nació para la pluma y el papel. Son miles de Luchis las que vemos caminando, día a día, por las calles, quienes cargan historias similares, pero pocas las que se atreven a levantar su voz y hacer uso de una trinchera como ésta, para llevar el mensaje a las que guardan silencio.

3
Cristina

Hola Mildred,
Que bueno que uses tu excelente capacidad de escritora para darle voz a mujeres que no la tienen. Siempre te leemos.-Andres y yo.

2
Mildred Largaespada

Lourdes, mujer. Cuánto lo siento. Vivir historias de violencia en la familia es una crueldad, y la cercanía con las mismas historias es igual de cruel, y tortuoso. Comprendo perfectamente los duros recuerdos. No fue fácil, te cuento, escribir esto, por eso no quería. Terminé agotada emocionalmente, exhausta, con dolor de cabeza de imaginar cada detalle y con mucha rabia por lo vivido por la niña. Y lo hice por valorar la lucha de las mujeres que, como tu hermana, dieron y dan todos los días. Tu hermana es una de las valientes.

1
Lourdes Arróliga

Mildred, este artículo me ha traído duros recuerdos. Ojalá y mi hermana, hoy pudiese disfrutar de su canción favorita, como en la historia de Luchi. Pero en su caso, su lucha y su huida no tuvo un final feliz.

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