El mundo político e incluso el religioso, no puede evitar parecerse a los mercados, quienes pregonan actuar bajos las reglas de la divina competencia, aun cuando eso signifique solamente escoger, como en muchos de nuestros países, entre Pepsi o Coca-Cola, Claro o Movistar, Esso o Texaco, Gates o Jobs, Barcelona o Real Madrid, católicos o protestantes.
Es una especie de burda ley del péndulo, sin solución de continuidad entre ambos “extremos”. Y en política, bien puede llamarse “izquierda” a la Pepsi y “derecha” a la Coca Cola. O viceversa.
Mientras en Guatemala se escogió entre un ex militar y un empresario de prédica populista en la reciente contienda electoral, en Nicaragua a su vez, se hizo entre un ex guerrillero, ahora empresario y un ex contra, viejo empresario. No sé en realidad quien es de derecha o de izquierda allí.
En Argentina se reeligió la esposa, ahora viuda, de un ex presidente; Perú disputó entre un ex militar populista y la hija populista de un ex presidente preso. Son nuestras Pepsi Colas y Coca Colas… ¡bendito mercado electoral, que nos permite “elegir”!
El caso de España
En España ha sucedido igual en las elecciones de este domingo 20-11, donde el Partido Popular (¿recuerdan a Aznar?), ha derrotado “espectacularmente” al PSOE, quien a su vez había derrotado “espectacularmente” al PP en 2004, el que a su vez había hecho historia derrotando “espectacularmente” al PSOE en 1996, rompiendo su hegemonía desde la apertura democrática impulsada a partir de 1978.
Elegido el derecha Mariano Rajoy
¿Por qué ganó este 20-11, Mariano Rajoy, un derecha bien plantado, al candidato de “izquierda”, Alfredo Pérez Rubalcaba?
Mientras Rodríguez Zapatero derrotó a Aznar en 2004 capitalizando un error político grave de éste (haber culpado a ETA y no a Al-Qda del atentado en Madrid), hoy Rajoy ha derrotado al candidato socialista, Rubalcaba, por la casi caótica situación económica en la que se ha sumido España y por la merma en los derechos democráticos que se han venido observando.
Sin embargo, insistiendo en esa fatídica ley del péndulo entre “izquierdas” y “derechas”, en términos económicos, políticos, manejo de la política exterior, el Presidente “socialista” Jose Luis Rodríguez Zapatero, no se diferenció de la administración de Aznar, como lo prueba su parsimonia en decantarse de las aventuras guerreristas de Estados Unidos, la displicencia con la que dejó correr la especulación inmobiliaria en España entre 2008 y 2009, los programas de rescate bancarios que elevaron la deuda pública, con el efecto final de tener a España en un alucinante 20% de desempleo y al borde del colapso financiero.
Y para remarcarlo, hay que señalar que el nuevo presidente electo, Mariano Rajoy, es partidario de la intensificación de las privatizaciones, del endurecimiento de la política inmigratoria («los extranjeros que vengan a nuestro país cuando hay empleo, y vuelvan a su país cuando no lo hay”), no creía en las intenciones de ETA en dejar las armas («No se puede dialogar, es el abecé, ni en esta materia ni en ninguna otra, bajo la amenaza o el chantaje”.
Es un confeso nacionalista-europeísta («Siempre hemos entendido que sólo con y desde Europa, España podía conseguir convertirse en la Nación fuerte, próspera y segura que debe ser”.
Y de remate, se opone al matrimonio entre personas del mismo sexo y distintas sexualidades, a la investigación con células madres, rechaza el uso de la píldora “del día siguiente”…
Aunque, siendo justos, hay que tomar en cuenta su observación: «Uno habla mucho y se puede equivocar” .
Como sea, el electorado español, ha girado ahora, por esa ley del péndulo, hacia la derecha (siendo el PSOE, la izquierda de España): el PP ha logrado 186 diputados, cifra inédita, “espectacular”.
¿Luz en el túnel derechista?
A pesar de todo, hay que señalar los resultados electorales que benefician a Izquierda Unida (IU) y a su candidato Cayo Lara, que han logrado pasar de dos diputados en 2008, a 11, pudiendo ya conformar su propia bancada o grupo parlamentario, si no hace alianzas con otros grupos progresistas que también han logrado avances, a raíz de la influencia de los movimientos de indignados, hipotecados, jubilados y desempleados.
Y realmente en este embrión contestatario, surgido de las entrañas de la crisis (nombre para referirse a los efectos sociales de las especulaciones de los poderosos grupos financieros mundiales y españoles), está también una respuesta a esa aparente ley del péndulo, a esa estrategia de cambiar algo para permanecer lo mismo.
Por ahora, no parece mucho, quizás sea una pequeña luz en medio del túnel por el que parece tener que atravesar España y lo dijo también Cayo Lara al regocijarse por este punteo: Ni podéis imaginar lo que se agradece de vez en cuando una alegría en la casa de los pobres ».
Cierto, toda vez que no sea tomar una Pepsi en vez de una Coca- Cola...O viceversa.
* Publicado originalmente en el blog del autor Diá-Logos
