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Tiempo es Dinero

“El Precio del Mañana”
(In Time)
Dirección: Andrew Niccol
Duración: 1 hora, 40 minutos
Clasificación: * * (regular, recomendada con ciertas reservas)

Juan Carlos Ampié | 20/11/2011

Andrew Niccol siempre ha estado preocupado por la libre determinación, el afán de control del ser humano y la ciencia ficción especulativa. Su guión para “The Truman Show” (Peter Weir, 1998), sobre un hombre que habita inadvertidamente en un mundo artificial creado para un perverso reality show, lo puso en el mapa de Hollywood. Su primera película como director fue “Gatacca” (1997), en la que Ethan Hawke y Uma Thurman trataban de sobrevivir en una sociedad dividida en clases por supuesta pureza genética. Su nueva película plantea un escenario donde, literalmente, el tiempo es dinero y la juventud reina.

Los particulares se despachan de entrada en la voz en off del protagonista: en algún momento del futuro se ha desactivado el gene del envejecimiento. A los 25 años, un reloj que registra el tiempo de vida aparece en el brazo con un año de crédito que empieza a correr en cuenta regresiva. El tiempo es la moneda de cambio. Se trabaja para ganarlo. Todo se paga con minutos, días, semanas, años y décadas. Si el reloj llega a cero, un infarto fulminante te convierte en un lozano cadáver.

Todo está diseñado para que una minoría viva para siempre en un lujoso sector, mientras las mayorías son explotadas sin misericordia en arrabales industriales. “Para que unos cuantos sean inmortales muchos deben morir”, le confiesa un sujeto privilegiado (Matt Bomer) al obrero Will Salas (Justin Timberlake), poco antes de traspasarle más de un siglo de vida, suicidándose en el proceso.

Con el tiempo que le queda, Will se dedicará a vengarse del sistema que lo condenó a ver a su madre (Olivia Wilde) morir en sus brazos. Will se infiltra en la burbuja de los ricos y comienza por raptar a Sylvia Weiss (Amanda Seyfried), una pobre niña rica que rápidamente le agarra el gusto a la anarquía.

Más sutileza beneficiaría a esta mezcla de “Logan's Run” (Michael Anderson, 1976) y discurso anti-capitalista, pero eso sería pedirle demasiado. La crítica social es facilista, pero hay agudeza en su oportuna denuncia del culto a la juventud teñido de misoginia. Vea la cartelera habitual de los cines. Está dominada por películas que apelan al espectador de menos de 18 años, protagonizadas por veinteañeros haciéndose pasar por adolescentes.

En el Hollywood de hoy, las estrellas masculinas envejecen encabezando repartos, mientras las mujeres pasan al reparto como madres y abuelas. El mejor chiste encuentra al potentado Phillipe Weiss (Vincent Kartheiser) remarcando lo difícil que es distinguir entre su hija, su esposa y su suegra. Cuando Sylvia dice “nos vemos lindos juntos” ante los carteles que ofrecen recompensa por la captura de ella y Will, está develando la razón de ser de muchas películas con actores como ellos.

La omnipresente juventud se vuelve opresiva y alienante. Y ese es el sentimiento que Niccol desea invocar. Otro talento del director, evidenciado es “Gattaca”, es su facilidad para generar una visión plausible del futuro con recursos limitados y espacios contemporáneos. No hay manipulación digital evidente en los escenarios, todos poseen una refrescante cualidad concreta y física.

Menos afortunados son los agujeros circunstanciales de la trama. Demasiadas veces los personajes quedan con minutos o segundos de tiempo, que milagrosamente les bastan para recorrer distancias imposibles y salvarse en el último momento posible. Sylvia corre como gacela en unos tacones de rascacielos, mientras la persigue un implacable “guardián del tiempo” (Cillian Murphy). Es ahí donde este entretenimiento eficiente pero desechable pone en evidencia que su inversión no depende el tiempo, sino de la credulidad de la audiencia.

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