Lleven sus pañuelos a la nueva película de Steven Soderbergh. Los van necesitar, tanto para secar sus lágrimas como para taparse la boca cuando el espectador sentado detrás de usted tosa. Porque lo va a hacer. La paranoia fluye como moco en este tenso y denso filme de horror procedimental. En lugar de seguir a unos detectives tras la pista de un asesino, acompañamos a un pequeño ejército de médicos, científicos, burócratas y pacientes en la senda destructiva que traza un nuevo virus, capaz de hacer que el H1N1 parezca tan benévolo como la bacteria que fabrica el yogurt.
La película arranca sobre la marcha, en el segundo día de la epidemia. Beth Emhoff (Gwyneth Paltrow) es una ejecutiva viajando de Hong Kong a su casa en Minneapolis, EEUU. Cambiando de aviones en Chicago, siente los primeros síntomas de una gripe mientras mata el tiempo en un bar del aeropuerto. Pronto llega a casa con el peor souvenir posible. Convulsiona en el piso de su cocina, convirtiéndose así en el primer eslabón. En su radio de contagio se encuentran su esposo (Matt Damon) y su pequeño hijo, pero ya ha desperdigado el virus por el mundo entero. Gente que entró en contacto casual con esta “paciente cero” protagonizan sus propios focos infecciosos en Japón, Inglaterra y Taiwan.
Kate Winslet, Laurence Fishburne, Marion Cotillard y Jennifer Ehle interpretan a algunos de los personajes que se rompen la cabeza y arriesgan la vida por descifrar el origen del virus, para poder encontrar ya no digamos una vacuna, por lo menos un tratamiento efectivo. Tan insidioso como esta peste es un bloguero amarillista interpretado por Jude Law, dedicado a manipular a la opinión pública para promover una falsa cura alternativa, y generar visitas a su blog.
“Contagio” es la película-desastre para el espectador pensante. Dispensa los golpes emocionales con implacable economía. Momentos de catarsis y agonía que servirían como escenas climáticas, aquí se destilan en una imagen breve, o un corte brutal de una cama a una tumba. No por eso dejan de ser poderosos. La preocupación de fondo del filme no está en responder al enigma de que que incandescente estrella llegará con vida a los créditos finales, si no a los dilemas éticos implícitos en la respuesta a una epidemia.
El virus aparece como un personaje mas, definido incorpóreamente en los certeros montajes de Stephen Mirrione, retratando su paso de una persona a otra, al ritmo de la efectiva música electrónica de Cliff Martinez. Los viejos colaboradores de Soderbergh son verdaderos virtuosos. En su mejores momentos, “Contagion” es como “Traffic” (2000) pero sin los regaños.
El único paso en falso está en el papel de convencional villanía endilgado a Law. El actor se divierte con los manerismos de la cruda caricatura– espeso acento australiano, dientes falsos torcidos -, pero la caracterización parece responder más a una vendetta privada y no la realidad que se construye en su película. Quizás quería pasarle la factura a Rupert Murdoch, el magnate del tabloide sensacionalista; o la los trolls de la internet - “blogear es escribir graffitti con puntuación”, dice con desdén un noble científico interpretado por Elliot Gould -. En cualquier caso, el personaje parece pertenecer a una película distinta.
“Contagio” también padece del mal intrínseco a los filmes corales. Entre tantos actores estimables con sus propios arcos dramáticos, mas de uno se verá poco favorecido por el tiempo. El problema se agudiza porque Soderbergh extiende su economía narrativa al metraje. Condensa una epidemia global en 1 hora y 40 minutos. Es muy corta, pero contiene multitudes. Olvídese de “Actividad Paranormal 3”. Esto si es horror realista.
