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El demonio de hoy

Actividad Paranormal 3
(Paranormal Activity)
Dirección: Henry Joost, Ariel Schulman
Duración: 1 hora, 25 minutos
Clasificación: * * * (Buena, recomendada con ciertas reservas)

Juan Carlos Ampié | 23/10/2011

En “Actividad Paranormal” (Oren Peli, 2007), los recién casados Katie (Katie Featherston) y su Micah (Micah Sloat) enfrentaron infructuosamente a la presencia maligna que poseía su casa. En la segunda parte (Tod Williams, 2010), descubrimos que su hermana Kristi (Sprage Grayden) hizo lo mismo poco antes. El éxito económico de ambas películas aseguró la existencia de una secuela que salta aún mas atrás en el tiempo, hasta 1988, para relatar el primer encuentro de las hermanas con el irascible demonio que convertirá sus sueños domésticos en un infierno.

Las películas están filmadas bajo la pretensión de que estamos viendo las grabaciones caseras de los protagonistas, empeñados en registrar los fenómenos paranormales que les asedian. Para suerte del espectador, mientras la situación degenera, no se les ocurre apagar las cámaras como lo haría una persona normal. El truco capitalizado por “The Blair Witch Project” (Daniel Myrick y Eduardo Sánchez, 1999) se acopla como guante al momento en que vivimos a principios del siglo XXI. Las cámaras de video son un electrodoméstico infaltable en cada hogar. La sobredocumentación de la vida privada corre con el combustible de la fotografía digital. Facebook representa el epítome de la construcción de una identidad pública presta a compartirse en internet. En la televisión, la popularidad del reality show anuncia que nada entretiene mas al público masivo como el narcisismo. Y ya no hablemos de la cámara del celular, que ha puesto en aprietos a celebridades, políticos y civiles por igual.

La franquicia “Actividad Paranormal” no tienen ningún punto de vista, ni nada que decir sobre la condición humana, o la manera en que se vive ahora. Las mejores películas de horror trascienden a las convenciones del género, conectan con preocupaciones universales, poseen corrientes subterráneas de pensamiento. “The Exorcist” (William Friedkin, 1973) relataba la historia de la posesión diabólica, pero en el fondo estudia una crisis de fé de multiples aristas: la de un sacerdote que duda del camino que ha tomado, la de una mujer divorciada lidiando sola con una hija – la posesión demoníaca de Reagan (Linda Blair) es como una crisis adolescente hiperbólica. “The Shining” (Stanley Kubrick, 1980) no es solo una historia de fantasmas en un hotel de montaña, también es el lacerante retrato de una familia nuclear auto-destruyéndose en una espiral de violencia doméstica.

“Actividad...” y sus secuelas existen solo para encontrar variaciones ingeniosas de la creación de suspenso dentro de las limitaciones técnicas que el concepto les impone – vea la manera en que usan una cámara móvil montada en un abanico. Su compromiso por recurrir a la expectativa y la sugestión, en lugar de la violencia gráfica, me parece encomiable. Tiene suficiente sentido de humor como para aprovechar su escenificación en los ochentas, y regalarnos a un personaje femenino vestido como refugiada de un videoclip de las Flans. La película también tiene la virtud de la brevedad, indispensable para sostener la tensión en sus modestos términos. Me gustó lo suficiente como para desear que jugara limpio. Si se filmó en la era del VHS, ¿por qué la calidad de la imagen parece video digital de definición estandar del presente? – OK, eso solo podría molestar a los técnicos-.  Pero, ¿quién editó este “corte final” que constituye la tercera parte?  Y si Kristi y su esposo lo ven...¿no dejan de tener sentido sus reacciones al principio de la segunda parte? Realmente no recuerdo, porque las películas son terminalmente insustanciales. Se disfrutan por lo que son, especies de recorridos virtuales por casa embrujadas de feria, que inmediatamente se desvanecen de la memoria como fantasmas. 

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