Cal (Steve Carrell) y Emily (Julianne Moore) son una pareja de mediana edad. En una cena rutinaria, ella confiesa una infidelidad y pide el divorcio en lugar del postre. El sopor existencial de Cal es tal, que su reacción retardada viene minutos después, cuando se deja caer del auto en marcha para no seguir escuchando las razones de su esposa. No se lanza. Abre la puerta y se deja caer. Pasivo hasta cuando toma acciones drásticas. Ya separado, Cal huye de su vacío apartamento de hombre solo refugiándose en un bar gobernado por Jacob (Ryan Gosling), macho alpha capaz de levantarse a cualquier mujer que desee. A cualquiera, excepto a Hanna (Emma Stone), un joven abogada inmune a sus encantos. En una noche lenta, el gran conquistador posa su mirada en el patético cornudo, y decide educarlo en las artes oscuras de la seducción casual.
El astuto guión de Dan Fogelman usa la separación como detonante para dividir la trama en pequeños dramas de parejas que se cruzan entre sí. La “educación” de Cal a manos de Jacob; Emily tratando de entablar una relación con el amante (Kevin Bacon); su hijo adolescente, Robbie (Jonah Bobo), cortejando de la manera mas pública y mortificante a su niñera, una chica camino a la universidad con ojos para un hombre mayor;...los cruces y enredos se multiplican, pero la relojería de la trama está disimulada por la astuta dirección a cuatro manos de Glenn Ficarra y John Requa, quienes dejan que sus actores habiten los personajes y les den vida propia.
Tome el ejemplo de Jacob. El casanovas es hermano espiritual del inexplicablemente popular Charlie Sheen en la serie de TV “Two and a Half Men”, o los patanes de “The Hangover”, pero esta película se toma la molestia de darle espacio al actor para trascender al arquetipo. No se reduce a celebrar su estilo de vida para que el espectador masculino viva una fantasía a través de él, o que siendo políticamente correcta, le dé espacio para justificarse en una escena emocional, o que le muestre lo errado de su conducta. Gosling y los realizadores crean un personaje que adquiere vida propia y supera juicios de valor. Carrell también hinca el diente a la oportunidad. Vea cómo modifica su lenguaje corporal a medida que Cal pasa de ser hombre manso a tiburón seductor, y de ahí, a una especie de asertivo equilibrio emocional. Entre todos los vericuetos, la relación más compleja de “Loco Estúpido Amor” es la amistad entre estos dos hombres, y cómo el balance de poder entre ellos cambia en el curso de su educación emocional.
El filme también gana puntos por el retrato franco de las angustias emocionales de la juventud. Jonah Bobo parece un adolescente de verdad, y no un veinteañero tratando de hacerse pasar por muchacho. Lamentablemente, las mujeres y sus predicamentos no logran retratarse con igual complejidad. Moore es una quimera trémula. Stone se convierte en un dispositivo dramático y Marisa Tomei es desperdiciada en una caricatura estridente. Pero las debilidades no vienen de la misogínia, si no de adoptar una estructura coral transgeneracional que al final no pueden equilibrar. Hay relaciones que simplemente logran retratarse con más complejidad que otras. La carrera hacia el final feliz puede sentirse un poco forzada, pero en un extraño ejercicio de prestidigitación, la banda sonora se saca de la manga dos canciones que suavizan el empujón hacia la dicha. Una es “Revenge”, una colaboración entre Wayne Coyne, vocalista de los Flaming Lips, junto a Sparklehorse y el DJ Danger Mouse; la otra es “Blood”, densa balada de un desconocido grupo australiano llamado The Middle East. Es para descubrir información como esa que siempre me quedo a ver los créditos finales. Y quizás sea una minucia en el gran esquema, pero si algo muestra “Loco y Estúpido Amor”, es que la belleza está en los pequeños detalles.

Comentarios
Lo vi, muy divertido la película.