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Dama de Deshonor

“Damas en Guerra”
(Bridesmaids)
Dirección: Paul Feig
Duración: 2 horas, 5 minutos
Clasificación: * * * (Buena)

Juan Carlos Ampié | 18/9/2011

Kristen Wiig es la jugadora más valiosa del actual line-up de Saturday Night Live, el legendario programa de sketches cómicos de la cadena televisiva norteamericana NBC. En la recién estrenada “Paul” (Greg Mottola, 2011), hinca el diente en el jugoso papel de una reprimida cristiana fundamentalista que descubre las maravillas de la evolución y el sexo fuera de sacramento, al interactuar con un genuino alienígena. “Damas en Guerra” le pertenece. Es un proyecto personal que, sorpresivamente, se convirtió en el éxito sorpresa del verano. En la testosterónica visión de Hollywood, la temporada le pertenece a esperpentos de acción protagonizados por hombres y dirigidos al público masculino. Esa es una falacia. Y las virtudes y defectos de esta película trascienden al sexo de su audiencia.

Annie (Wiig) atraviesa una crisis múltiple: su pastelería se ha ido a la quiebra, tiene un trabajo alienante que apenas cubre la renta del patético apartamento que comparte con un par de expatriados británicos de pocas luces. Sus prospectos románticos se reducen a humillantes encuentros sexuales con un patán que la expulsa de la cama y la casa como primer orden del día. La única relación sustancial que tiene es con su amiga de infancia, Lilliam (Maya Rudolph), pero cuando ésta recibe una propuesta de matrimonio, su único remanso de paz se convierte en fuente inagotable de stress. Annie es espectacularmente inadecuada para asumir las responsabilidades de una dama de honor. No es ese el caso de la bella, rica y eficiente Helen (Rose Byrne), la nueva gran amiga de Lilliam que a cada paso pisotea lo que queda del frágil ego de Annie. La rivalidad entre ellas se inflama hasta extremos catastróficos.

Podría creerse que “Bridesmaids” es el equivalente femenino del díptico “The Hangover” (Todd Phillips, 2009-2011). Tenemos una celebración tribal de género, en el contexto de una ceremonia matrimonial. También se invocan similares convenciones de la comedia moderna. Véase el interludio escatológico en una tienda de elegantes vestidos. O el amago de nostalgia para jóvenes adultos de cierta edad. Hay poco trecho de Mike Tyson masacrando “One Night in Bangkok” a las Wilson Phillips dando el “do” de pecho con “Hold On”. “The Hangover” invertía sus mejores en esfuerzos en glorificar los peores impulsos asociados con la masculinidad, “Bridesmaids” va mas allá de la superficie para involucrarse genuinamente con sus personajes. Una trafica en shock, la otra en percepción. Compare el tratamiento al “comodín cómico”.

En “Hangover”, Zack Galifianakis era un psicópata de una nota, ejecutando la función del idiota-inocente que siembra las bases del caos. En “Bridesmaids”, Melissa McCarthy parece su clon. Obesa y baja de estatura, derrocha agresividad sublimada. Pero el generoso guión de Wiig y Annie Mumolo se toma la molestia de darle su propio arco dramático, y un climático discurso motivacional para sacar a Annie de su complacencia: “Soy la vida, y te estoy mordiendo el trasero”, cosa que procede a hacer. Literalmente. McCarthy ofrece una de muchas ricas caracterizaciones entre el reparto, mostrando que no hay pequeños papeles, sino guionistas desinspirados y actores perezosos. La película tuerce para que dependan del elemento humano. Las honra y las menoscaba a cada paso. Así, la hecatombe intestinal no encuentra su punto culminante en el momento mas gráfico, si no en una línea de diálogo, y una novia que se deja caer, primorosamente, en una calle. ¿Y la gratuita aparición de las herederas de Brian Wilson y John Phillips? Justificada por la declaración musitada por el padre de la novia: “¡Yo no estoy pagando por esa mierda!”.

“Bridesmaids” está cerca, en espíritu y forma, a las comedias de Judd Apatow, especialmente a la hora de asumir sus debilidades. La puesta en escena es tan básica que parece más adecuada para un programa de televisión. También extiende su metraje más allá de lo recomendable. No hay excusa para que una película como esta dure más de dos horas. El ritmo flaquea en ocasiones, delatando la necesidad de una edición más despiadada. Lo que pasa es que parte del capital cómico de Wiig y sus colaboradores está en las digresiones. Momentos que se estiran más allá de lo esperado, rebasando los límites de la comodidad. Vea su dopado ataque de nervios en un avión a las Vegas. Cada línea funciona, pero la escena completa es demasiado largo. A diferencia de una boda, donde el exceso es la regla, en la comedia menos es más. Suerte que el espíritu de camaradería de Wiig y sus cómplices compensa.

Comentarios

2
Paola

Totalmente de acuerdo con la crítica, la vi por que la recomendaste, no tenía animo de verla, me parecía una comedia más, pero el desarrollo de los personajes es excelente, al final realmente te involucras con el personaje principal, la amás, la compadecés pero también querés darle una bofetada para que reaccione, y sorpresivamente de involucras con todos los personajes, hasta los que al inicio parecían personajes decorativos. Concuerdo igual que fue muy larga, disfrutaba mucho la actuación, pero creo que la escena del avión fue excesivamente prolongada.... y el personaje masculino me encantó!

1
Asustada

Ala Ampie, das unos bandazos que no son juguete..como te va a parecer buena esa pelicula?? reducir la feminidad a eso? ay no...ay papito la cosa no es asi

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