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Habla de sus “logros” y promete más de lo mismo en una Matagalpa efervescente

El Presidente en campaña reeleccionista

* Sólo tres actores en la tarima central: Ortega, Murillo y Hallesleven; ningún otro candidato ni Alcalde.
* Murillo bendijo el día festivo; el general retirado sólo se limitó a pedir que voten en la casilla 2.
* Ortega leyó y leyó cifras y cifras con un montó de ceros.

Carlos Salinas Maldonado | 11/9/2011
@CSMaldonado

Rostros. Rostros morenos y sudados. Rostros blancos con ojos de un verde intenso. Rostros lisos, de piel firme de adolescente como el de Marcos. O rostros surcados de arrugas, como el de Zeneida o el de Carlos, de cuero duro, oscuro, seco. Miles de rostros se ven esta tarde en esta polvorienta plaza de Matagalpa. Vienen a ver, a escuchar, a gritar. Lo hace Zeneida, con su boca marcada de arrugas, que lanza un ¡Soy sandinista hasta la muerte! Esperan al comandante, a Daniel Ortega, quien viene a conquistar su voto. Bailan y cantan y beben, porque aunque en Matagalpa hay ley seca, en esta plaza la cerveza y el ron barato ayudan a soportar el sol de la tarde que quema la cara de tanta gente.

Una larga fila de carros, buses y camiones, como una culebra serpenteante gorda y lerda, obstaculizan la entrada a Matagalpa. Vienen siendo como tres largos kilómetros de vehículos. De esos buses y camiones baja gente, la mayoría joven, que carga banderas rojinegras y viste camisetas de letras rosadas, azules y amarillas, con mensajes que llaman a votar por “Daniel”, a secas. La gente va en grupos, contenta, sonriendo, cantando, diciéndose chistes. Ni las burlas de un grupo de jóvenes a un homosexual que se pasea con cartera de mujer al hombro se escuchan grotescas: el muchacho, pura piel de ébano, levanta más el culo y contonea más las caderas, alejándose de las burlas lanzando besos al viento.

Todos vienen a ver a Daniel, el comandante Ortega. Quieren saber qué les va a ofrecer, ahora que arranca oficialmente una campaña que en realidad inició aquel 10 de enero de 2007, cuando fue investido presidente y se convirtió en ese ser etéreo y omnipresente, el que está ahí, siempre, viéndote: en carteles, en pegatinas, en murales inmensos que tapan el sol y en largas peroratas mediáticas que interrumpen ahora el partido de fútbol, luego la telenovela o más tarde aquella buena película. Daniel Ortega, el candidato inconstitucional, el eterno candidato del Frente Sandinista de Liberación Nacional.

En esta improvisada plaza de Matagalpa, polvorienta y seca que arde con el sol de las tres de la tarde, la gente baila una y otra vez al son del Gallo ennavajado, mientras de las torres de parlantes traídos por el gobierno o el FSLN (que prácticamente ahora parecen lo mismo) sale de tanto en tanto un ¡Viva Sandinoooo! que la gente acompaña con más gritos y tragos de ron. Esta es una fiesta. Y de los cuerpos se desprende una electricidad que invita también a bailar como aquella mujer que quiebra sus hombros al ritmo de la música, o ese hombre que restriega su cuerpo con el de su pareja, una mujer de abundantes caderas, al son de “…Y seguimos del Frente con el Frente”. Les da ganas de bailar a los periodistas, a los oficiales que sonríen con la ocurrencia de la gente, y tal vez hasta a los militares que han sido traídos de quién sabe qué cuarteles para cuidar al comandante. Muchos de ellos están allá, en esa pista improvisada cerca de la plaza, donde todos piensan que aterrizará el helicóptero de Ortega.

Pero no. Ortega viene a pie, como todos, como el resto de la gente. Sube a la tarima escoltado por su candidato a vicepresidente, el general en retiro Omar Hallesleven (camisa a cuadros, bluyín, sombrero vaquero) y su esposa, la todopoderosa primera dama Rosario Murillo (vestido blanco, chal de colores rosa, violeta, naranja) y nadie más. No hay ni una autoridad local. Ni alcalde, ni concejal, ni representante del FSLN en Matagalpa. Sólo tres personas en un escenario flanqueado por nueve banderas rojinegras del FSLN y diez azul y blanco. A la derecha e izquierda, dos tarimas repletas de jóvenes con camisetas blancas que están allí para bailar y saludar y animar a la muchedumbre.

Cuando la música para, Rosario Murillo es la primera en hablar, cómo no. Lee un discurso que hace referencia a la paz y el socialismo y el cristianismo: “El pueblo que se da fraternalmente la paz, que se encomienda a Dios, Dios mediante. Nos bendice el señor con este día festivo, de gloria y buenaventura”, grita la primera dama, como si fuera la sacerdotisa que vino a bendecir el encuentro. Abajo, la gente bebe y baila y dice chistes. “¡Somos vos y vos y vos… Somos dos!”, termina Murillo, y presenta a Hallesleven, “el futuro vicepresidente de Nicaragua”. Si alguien recuerda las palabras del general en retiro, será cosa de milagro. Dio algo así como un saludo a las mujeres, los hombres, los jóvenes y pidió que la gente votara en la “casilla de la bandera de la justicia”… Casi ni habló. Y a la gente no le importó. Querían escuchar al Comandante.

Y el comandante habló. Y decepcionó. Sabido es que la oratoria no es el fuerte del presidente Ortega, pero en un ambiente de paroxismo como el de Matagalpa, pues… ¡La gente quería que su líder se uniera a la fiesta! Y los medios que presentara una propuesta de gobierno más o menos razonable. Lo que hizo fue sacar un legajo de papeles y comenzó a enumerar, con cifras de varios ceros a la derecha, lo que ha conseguido él, el presidente-candidato, en cinco años que lleva gobernando con mucho de autoritario y poco de concertador. Ortega dijo: “Vamos a continuar haciendo todo lo bueno que hemos venido haciendo y erradicando todo lo que hemos venido arrastrando”. Sí, lo que ha venido arrastrando, no lo malo que ha ocurrido en su mandato (fraudes electorales, garrote contra los opositores, censura a los críticos, persecución a organizaciones civiles, hostigamiento a la prensa, violación a las leyes y la constitución, destrucción de la institucionalidad…). Ortega dijo: “Tenemos que seguir mejorando los servicios para el pueblo, estamos obligados a escuchar para lograr que las conquistas que hemos alcanzado se sigan multiplicando”.

Entonces, el presidente, como si de un rosario interminable se tratara, se lanzó él solito, para aburrimiento de sus miles de seguidores, a decir que él había logrado pavimentar o rehabilitar 483 kilómetros de carreteras en estos cinco años; que él había entregado 130 mil títulos de propiedad y que espera, si gana las elecciones de noviembre, elevarlos hasta los 150 mil; que ha beneficiado a 267 mil familias con su “Plan Techo”, pero que si votan por él, el beneficio crecerá hasta alcanzar las 750 mil familias; que con él en el poder se han construido 38 mil viviendas, y que de volver a ser presidente esa cifra se elevará a las 78 mil. El presidente también dio la electrificación que ha beneficiado a 306 mil viviendas; es con él que han aumentado en 430 mil las líneas de teléfono fijo y en tres millones las de celular. Ortega ha garantizado acceso a Internet, porque “los hijos de los pobres tienen derecho a acceder a Internet”.  Dijo que con él en el mando, ahora tienen acceso a Internet 500 mil nicaragüenses, y si él gana en noviembre, lo elevará a más de un millón de personas. Ortega siguió con su lista de números, como si se trataran de regalos entregados por él y no del trabajo para el que fue electo y por el que se le paga.

Mientras Ortega hablaba, los rostros perdían aquella alegría que contagiaba. La plaza, que estaba llena (un oficial dijo que allí caben 200 mil almas), se iba vaciando poco a poco. La gente paraba de bailar. Caras de aburrimiento y cansancio comenzaron a verse por todos lados. Los bostezos se repetían de boca en boca, como una epidemia, una enfermedad contagiosa. Hasta los periodistas pararon de apuntar en su libreta. Ya se veía, este día no habría un anuncio bomba, o una crítica fuerte, o una frase anti diplomática como las que suele dar Ortega en sus discursos. Vacío. Números. Cifras. Estadísticas que a la gente no la conectaban con nada. Cuando Ortega paró, volvió la música, pero ya era tarde, la gente había perdido el entusiasmo. Los rostros, morenos y blancos quemados por el sol, regresaban fatigados a sus camiones y buses. Dejaban Matagalpa con la orden clara, precisa, de votar en la Casilla 2 del presidente-candidato Daniel Ortega.

Comentarios

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sierra dos

Misma gente con nacatamal, bolis de guaro, y bastante sol, antes eran bandera del PLN de Somoza, en la misma juerga, hoy dia se repiten, reparticion de la pobreza a los mas necesitados, el mismo plan de somoza pero mejorado, 90% de banderas rojinegra ( en la era hitleriana nunca se vió la bandera alemana, solamente la suástica, ésa era la bandera nacional del Fuhrer), hoy se repite la bandera nacional quedó relegada a segundo plano. Utilizacion de los jovenes, que son los mas faciles de manipular; mismo circo, diferente epoca, diferente actor mas adicionado a una actora (que es co-presidenta, sin ser elegida).cifrars y mas cifras, el papel aguanta todo; al igual que el pueblo sumergido en la ignorancia y pobreza, hasta que explota y revienta al explotador de turno.

2
Tablero Político

Más claro no lo puede cantar un gallo, al oir hablar a Ortega en Matagalpa te dás cuenta que su vocabulario va dirigido al sector más frágil de la población. Frágil en raciocinio. Incide constantemente en las necesidades elementales de la gente paraque ésta por inercia tenga que morder el anzuelo. Daniel Ortega en su discurso, que no fue plan de gobierno, sino informe de datos, le dice a la gente con truculencia: “-por mi tienen zinc, por mi tienen bono solidario, si a mí me sacan del gobierno, también ustedes se van a quedar sin nada. Los que todavía no tienen su bono si me dejan gobernar otros 5 años también lo van a recibir-“. Descuida Daniel Ortega al sector más activo y sensato que desbarató a Somoza. Nicaragua entera tiene un mar de gente que sabe que Daniel Ortega usa el dinero de la ayuda venezolana -que son 2,500 millones de dólares- para lucro personal, asociado con todos los miembros de Caruna. Daniel Ortega usa la recaudación de ingresos como poder para mantener contento a un sector privado que no tiene ninguna influencia en la voluntad popular. La población manejada por Ortega son: Los pocos ciudadanos dueños del gran capital privado y la cantidad de gente que recibe dádivas.

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David

Pensé que el 19 de julio de 1979 habiamos enterrado para siempre la demagogia electorera, que entonces un nuevo capitulo habíamos iniciados; aquí estamos de nuevo, en el circulo (de bateo) vicioso, jugando el mismo partido con la misma bola (de canallas)...la eterna eterización de los totalitarios prometiendo el rio que derrama (sin parar) leche y miel...

...Pobre los incautos..

Pobre l@s abandon@d@s
que amaron pensando
tambien ser amados

(Amado Nervo)

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