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Ugli

“Biutiful”
Dirección: Alejandro González Iñárritu
Duración: 2 horas, 23 minutos
Clasificación: * * (Regular, recomendada con ciertas reservas)

Juan Carlos Ampié | 21/8/2011

Olvídese de la Barcelona turística. No hay nada beautiful en la nueva película de Alejandro González Iñárritu. El director mexicano presenta la ciudad española como la capital mundial de la miseria humana. Es digno escenario para los últimos días de Uxbal (Javier Bardem), intermediario entre empresarios inescrupulosos e inmigrantes ilegales. Él es un eslabón más en una siniestra cadena de explotación, pero no es una mala persona. Se muestra preocupado por los maquiladores chinos y los africanos vendedores callejeros de mercancía de diseñador falsificada. Es un padre abnegado. Su ex esposa, una alcohólica bipolar que se mantiene en su vida pidiendo dinero y traumatizando a las criaturas con sus arrebatos emocionales. Entre tantos tormentos, Uxbal recibe una sentencia lapidaria: tiene cáncer de la próstata en metástasis. Le queda poco tiempo para arreglar sus asuntos. 

Iñárritu, amenaza multimedia de la industria del audio-visual mexicano, ganó fama como cineasta gracias a tres películas basadas en guiones de su coterráneo Guillermo Arriaga. La relación terminó agriamente tras el estreno de la última, “Babel” (2006), en una disputa pública por crédito sobre los filmes. Pero esto no es más que un jugoso chisme sobre gigantescos egos en curso de colisión. Para ese entonces, el binomio estaba creativamente agotado. Como dispuesto a probarse a sí mismo, además de dirigir, el Iñárritu ostenta coautoría en el guión con los discretos Armando Bo y Nicolas Giacobone. 

Las películas de la era Arriaga se fundamentaban en una combustible unión de casualidad y tragedia: accidentes inesperados creaban conexiones inusitadas en un simbólico grupo de personajes, dando tumbos en una narrativa temporalmente fragmentada. Como reaccionando a estos motivos recurrentes, “Biutiful” ofrece un relato lineal – salvo por un “adelanto” que se repite posteriormente en su momento temporalmente correcto– . La casualidad tiene su lugar en desarrollo de giros trágicos, pero no surge como un deus-ex-machina que pone a prueba a un coro de desesperados con similares niveles de protagonismo. Aquí solo importa nuestro moribundo en busca de redención. Los demás personajes son accesorios de consuelo o agentes de mortificación. A veces, ambas cosas a la vez.

Formalmente, la película tiene la impronta del director: nerviosa cámara a mano gobernada por el virtuoso Rodrigo Prieto, edición implacable (cortesía de Stephen Mirrione). Pero virtudes se vuelven problemas, y sus peores tendencias se ven exacerbadas. Siempre ha sido juguetón con la edición de sonidos, pero ahora se esmera en alienarnos sónicamente. Demasiadas conversaciones son susurradas, o sepultadas bajo paredes de música. Quizás quiere mantenernos en la incertidumbre, igual que Uxbal, pero el efecto es exasperante. Su romántico sentido del fatalismo se siente como resaca de los filmes anteriores. La acumulación de tragedias es una prueba para el espectador, y escala a niveles de parodia. Todo lo que puede salir mal, sale peor.

Es cierto que existes directores monotemáticos – véase el ciclo de “Seis Cuentos Morales” de Eric Rhomer, todos sobre un hombre comprometido que coquetea con la infidelidad pero no sucumbe ante ella -, y sádicos amantes de infringir dolor en sus personajes y la audiencia – véase las películas de Lars Von Trier -, pero estos artistas encuentran nuevos bemoles entre la repetición, experimentan con su estilo, retan al espectador. Iñárritu quiere halagarnos por nuestros buenos sentimientos, a cambio de que seamos cómplices de su complacencia. A casi dos horas y media de duración, la película pone a prueba la paciencia de cualquiera. Uxbal no es el único Job en el cine. Hay arrebatos de misticismo parecen un intento desesperado por reconfortar al espectador, saboteando el pretendido realismo de la película. Uxbal puede comunicarse con los muertos poco tiempo después de fallecer y vende sus servicios. No hay lugar para la ambigüedad. La cámara observa objetivamente el fantasma de un niño en su velorio, ante su cuerpo que yace en un atáud. El pretendido realismo es, a fin de cuentas, un truco más. La muerte no es el fin. Una oblicua referencia a la re encarnación lo confirma, para darnos una última palmadita en la espalda. No llores por Uxbal. El universo cuida de todos.

Si tiene paciencia, podrá disfrutar de una sólida actuación de Javier Bardem. Él si se toma estas cosas mortalmente en serio. A ver si el actor inspira al director a hacerlo en la próxima película.

Comentarios

3
Cristhian

Censura pues!

2
Cristhian

Fue un poco grosero, pero tampoco seamos tan sensibles, ademas JC no es comediante es critico..El comediante es Luis Enrique y bueno Luis Enrique no hace gracia..
Y Ampie, es aun peor el spot "Yo soy como Fabio Gadea"
y pues para no dejar pasar la oportunidad tambien es bien feo el intro de Esta Noche

1
Zelda

Hola Juan Carlos
Generalmente me gusta tu trabajo, pero el de ayer me pareció totalmente irrespetuoso, osea los comediantes siguen con la fea mania de hacer reir a costa de la burla hacia los demas! no es posible esto en una persona inteligente como vos, o al menos eso creia
El humor negro no siempre es bueno

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