El universo nos está diciendo que tenemos que ver a “Los Pitufos”. O al menos, el mercado. Es el único estreno de la semana, acaparando 17 pantallas. Suficiente publicidad directa e indirecta inculca en los niños la apremiante necesidad de ver la película. El factor nostalgia opera sobre los adultos, sea por los libros originales de Peyo o la serie de dibujos animados de los 80s. A pesar de mi edad, estoy en la audiencia meta. Además, tengo los referentes de cultura popular norteamericana que me permiten descifrar la mayor parte de los guiños para adultos.
Puedo reconocer al gurú de la moda Tim Gunn, el chef Tom Colicchio, la publicista Liz Smith y el columnista Michael Musto, celebridades de bajo calibre con papeles medianos a ínfimos. Sé que cuando un pitufo reclama paso a un taxi, imita a Dustin Hoffman en “Midnight Cowboy” (John Schlessinger, 1969), clásico filme sobre prostitutos masculinos en el sucio Nueva York de finales de los 60s. También sé que cuando un ventilador le levanta la falda a Pitufina frente a sus compañeros, emula la clásica imagen de Marylin Monroe en “The Seventh Year Itch” (Billy Wilder, 1955), sexi-comedia sobre tentaciones adúlteras en un caliente verano newyorkino.
No me enorgullezco particularmente de identificar los referentes. Comparto el hecho para ilustrar la pregunta que rondaba en mi cabeza mientras veía la película: ¿Para quién demonios está hecha? Tratando de abarcar a toda la audiencia, los realizadores han creado un cínico engendro comercial apto para nadie.
Sacar dibujos animados de su plano original y enviarlos al mundo real es un truco clásico. Desde que Gene Kelly bailó con Jerry en “Anchors Aweigh” (George Sidney, 1945), o probablemente antes, el cine ha re-vigorizado a sus propiedades animadas haciéndolas interactuar con personas. También ubicarlos en el aquí y ahora actualiza de un solo golpe al personaje más anticuado. Las primeras dos películas de Los Muppets, “The Great Muppet Caper” (Jim Henson, 1981) y “The Muppets Take Manhattan” (Frank Oz, 1984) ejecutaron el truco a la perfección. A esa ciudad llegan las míticas criaturas azules, con resultados menos afortunados.
“Los Pitufos” apela al mínimo común denominador de la película familiar moderna: violenta comedia física; humor escatológico; inuendo sexual y destellos de cultura pop para entretener al adulto encargado de pagar la entrada; cierre con un manido mensaje inspiracional para mandarlos a casa con la ilusión de que la experiencia fue edificante.
Gárgamel recibe tanto abuso que uno empieza a preocuparse por el actor Hank Azaria. En menos de cinco minutos, tenemos un chiste de vómito de gato, uno involucrando a una letrina portátil y otro que posiciona a un pitufo bajo una montaña de papel higiénico en un inodoro, solo para que sugiera ser mierda animada. Para cuando Gárgamel se orina en una hielera en un restaurante abarrotado, cualquier pretensión de buen gusto se ha ido por el desagüe. Si algo nos han enseñado Mel Brooks y los hermanos Farrelly es que todos podemos apreciar un buen chiste de esa naturaleza de vez en cuando, pero esto es exageración. Por un momento pensé que veía “Jackass”. Oh, y no olvide la publicidad integrada: compre reproductores blu ray Sony, chocolates M&Ms, el juego de video Rock Band, y cuando visite la Gran Manzana...¡no deje de ir a la juguetería F.A.O. Schwartz!
El elemento humano está para aprender. Neil Patrick Harris, como un sufrido ejecutivo de publicidad que protege a los visitantes, debe descubrir que la familia es más importante que el trabajo y que no debe temerle a la responsabilidad de convertirse en padre de familia. A pesar del profesionalismo del actor, su transformación es poco convincente, porque Harris es la voz de la razón durante todo un film que se dedica a acusarlo de errar. Se estresa cuando las criaturas azules irrumpen desastrosamente en su vida. Reclama por el exasperante hábito de pegar el calificativo “pitu” antes de cualquier sustantivo o adjetivo. Yo quería aplaudirlo. Pero la receta define las reacciones humanamente reconocibles como irracionales. Debe calmarse y seguir el plan, cantando “la-la-la” y sellando su aquiescencia con lágrimas.
Pero yo no tengo que seguir el plan. Ví las caricaturas en los 80s, y eso no quiere decir que deba seguir la línea de la propaganda. También me gustan los gatos, y no por eso voy a decirles que Azrael no parece accidente de taxidermia generado por computadora. “Los Pitufos” es una mala película. Atesore sus recuerdos de infancia, y si tiene que llevar a sus niños al cine, “Winnie the Pooh” sigue en pantalla. Es todo lo que esta pieza de basura tóxica debería ser y no es.

Comentarios
Completamente de acuerdo contigo Juan Carlos, creo que no es necesario llegar al absurdo de destruir un clasico animado como los pitufos,
Juan
Hacete otro comentario final para esta semana, donde se refleje el horror de los sistemas "delivery" en una farmacia de los robles por madarme jabon de tocador me mandaron uno para perro!
Difiero de usted:
A diferencia de la crítica del señor Ampié, yo disfruté la pelicula, si con nostalgia por el recuerdo de las caricaturas sanas que veía de niño, y no me arrepiento de haber disfrutado las aventuras de esos personajes azules con la tecnología ahora en 3D, que es la nueva dirección que esta obligada a tomar el cine para no ser sustituida tecnologicamente como le ha sucedido a las bibliotecas. El punto aquí es que pude ver una pelicula sana, para enseñarle a mis niños acerca de esos personajes tan divertidos que habían antes, ya que los niños de hoy en día estan siendo enseñados por la televisión a que siendo niños pueden y deben tener noviazgos infantiles y besarse y estar a solas, escuchar rock y vestir a la moda rebelde, mi punto es que fue una pelicula sana como pocas hoy en día. Y si había publicidad, y personajes secundarios irrelevantes, pienso que es parte de la naturalidad con la que se quiso hacer la pelicula y que no me sentí tan ofendido como el "Critico".