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Retro-Pooh

“Winnie the Pooh”
Dirección: Stephen J. Anderson, Don Hall
Duración: 1 hora, 9 minutos aprox.
Clasificación: * * * (Buena)

Juan Carlos Ampié | 24/7/2011

Más que alimentado por la nostalgia, acudí a “Winnie the Pooh” informado por el sentido del deber. Para escribir esta columna, me propongo ver semanalmente un estreno de la pantalla comercial, que sea accesible a cualquier lector…y si tiene que ser de dibujos animados, doblada al español, pues que así sea. Casi me sé de memoria las canciones que de niño escuchaba en un disco que recapitulaba el corto “Winne Pooh y el Árbol de Miel” (1966), pero este regreso del personaje inspirado por las historias del escritor A.A. Milde me olía a sobre-explotación disneyesca. Después de todo, ya han sobre-explotado al oso y sus amigos a través de series de televisión, “secuelas” de segunda categoría y toneladas de mercadería “Made in China”. En estas circunstancias es fácil ser cínico. Cuan equivocado estaba.

En lugar de “modernizar” a Winnie Pooh, los realizadores se han apegado a la fórmula clásica, hasta el extremo de recurrir a la animación a mano, nadando contra la corriente que exige acabados digitales, preferiblemente en 3D. Y no solo la animación es “retro”. El guión se desarrolla ligero y a un ritmo cavilante. La premisa es simple. El neurótico burro Eeyore ha perdido su cola, y sus amigos se enfrascan en un concurso para encontrarle sustituta.  El que logre encontrar la mejor, se lleva un gran tarro de miel. Por supuesto que el hambriento Winnie Pooh aspira a ganar. La situación escala en una serie de graciosos malentendidos.

Olvídese del frenesí de los actuales sainetes que pasan por cine infantil. “Winnie the Pooh” se niega a lanzar estímulos constantes y chistes a ritmo de metralleta, que aspiran a fundirse con cultura pop para divertir también a los adultos. Este es un filme agresivamente inocente, perfecto para niños pequeños y público de todas las edades que entren en su mansa frecuencia de comedia gentil. La animación es de la vieja escuela. El único cambio notable está en la figura y traje de Christopher Robin, discretamente rediseñados. Por lo demás, este es el Pooh de nuestros abuelos, y eso es algo bueno.

Una de las pocas concesiones que se hace a los adultos están en un recurrente chiste gráfico en el cual las palabras del texto del libro invaden utilitariamente la realidad de los personajes. O viceversa. Una escalera de letras sirve para salir de una gran agujero. Pooh baila sobre una oración y tropieza en el punto final. Es la mejor clase de referencia metafísica: ingeniosa, sutil y respetuosa del material y la audiencia. Demasiadas veces, las películas de dibujos animados contemporáneos parecen zonas de guerra. La nueva película de “Winnie Pooh” es un remanso de paz. Pueden agradecerle a John Lasseter. El visionario fundador de Pixar ahora dirige las operaciones de animación de los estudios Disney. A pesar de que ha marcado la pauta digital, sabe que la animación tradicional tiene su propio encanto. Ojalá el público aprecie sus esfuerzos.

Comentarios

2
pkijk

maia

1
Scarlett Sofía Zamora

Sr. Juan Ampié.

Gusté mucho de su apreciación. Sobre todo de la siguiente frase: “Winnie the Pooh” se niega a lanzar estímulos constantes y chistes a ritmo de metralleta, que aspiran a fundirse con cultura pop para divertir también a los adultos.

Creo que es fundamental reconocer que las películas para niños deben ser PARA NIÑOS, no como han venido presentando últimamente, fábulas pensadas para adultos.

Qué bien por Disney, que continue apostando por la inocencia y la magia de la niñez.

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