Soy un hombre adulto tratando de tomar en serio una película sobre robots que se convierten en autos. No es fácil. Tengo que hacerlo porque está monopolizando pantallas alrededor del mundo, y según Hollywood, el futuro de la exhibición teatral depende de ella. Apenas dos años tras el éxito popular de “Avatar” (James Cameron, 2009), los ingresos en cines 3D, supuesta salvación de la industria, se han desplomado por culpa de los altos precios de los tickets, demasiadas películas mal convertidas (¡Hola, “Furia de Titanes”!) y la notable disminución de luminosidad en la pantalla. De los tres problemas, están tratando uno.
El director Michael Bay ha enviado una carta a los proyeccionistas junto con su película, recomendándoles subir la luminosidad de los equipos. También ensalza las bondades de una “versión platino 6” creada para teatros selectos dotados de proyectores digitales, con mejorías intrínsecas en brillo y nitidez de la imagen. No sé si los proyeccionistas nicas recibieron la carta, o si las bendiciones del “platino” están disponibles localmente. Lo cierto es que la terrible película que ví es mas de lo mismo. Mucho, mucho mas.
Los “buenos” Autobots pelean contra los “malos” Decepticons convirtiendo a la tierra en su ring. Entre escenas de acción, estamos supuestos a involucrarnos emocionalmente con los predicamentos de Sam Witwicki (Shia La Beouf). Tras salvar el mundo en dos películas anteriores, trata desesperadamente de encajar en la vida normal y encontrar trabajo. Tiene una nueva novia (Rosey Huntington-Whiteley) que trabaja para un intimidante joven magnate (Patrick Dempsey).
Mientras tanto, el militar Lennox (Josh Duhamel) sigue el camino del héroe, trabajando una operación encubierta que conecta un naufragio autobote en el lado oscuro de la luna con el desastre nuclear de Chernobyl. De ese satélite viene un nuevo Transformer, comocido como Sentinel Prime (voz de Leonard Nimoy), padre de ciencia y tecnología del desaparecido planeta de los juguetes. Su reactivación reinicia la vieja rivalidad, que se resuelve en una épica batalla que destruye a una simulación digital de la ciudad de Chicago y consume cuarenta minutos de su vida. Supongo que debemos sentirnos entretenidos.
El truco para humanizar a los robots de personalidades apenas discernibles es deshumanizar a todos los personajes de carne y hueso, en escenas bruscas y chirriantes. En las márgenes, actores tan valiosos como Frances McDormand, John Turturro y John Malkovich juegan a interpretar caricaturas de calibres variables. Todas en clave monótona. Es como si todos recurrieran subir al histrionismo a las enésima potencia para competir con los monumentales edificios que se desmoronan alrededor. Es un espectáculo deprimente. El único actor que conserva algo de humanidad dentro de los límites es Dempsey. ¿Quién lo hubiera pensado?
Si el 3D contribuye a algo es en agudizar la calidad inmaterial de los colosos y la ciudad que pulverizan en su lucha de poder. El sonido trabaja a decibeles extras para convencernos de la sustancia y densidad de los materiales, pero los robots se mueven de acuerdo a sus propias, antojadizas, leyes de física. Si cierra los ojos, puede que el ruido lo convenza. Si los abre, solo verá demasiada chatarra generada por computadora.
La misogínia, la homofobia y el racismo siguen marcando la pauta narrativa de la serie. No es una casualidad que lo primero que vemos de “la modelo que no es Megan Fox” son las piernas y el trasero. Aún mas alarmante es la violencia. Escudándose en que los guerreros son estructuras de metal y no seres humanos, la película se luce en mutilaciones, torturas y ejecuciones dispensadas sin parpadear. Bay quiere antropomorfizar a sus vehículos robots a la vez que aprovecha su in-humanidad para disfrutar de la carnicería sin remordimientos. Algunos humanos son pulverizados en el apocalipsis de Chicago, pero convenientemente se deshacen en el aire y no dejan sangre detrás. Esta es una película infantil y brutal al mismo tiempo, en los peores sentidos posibles de ambas palabras. Aquí el 3 D trae tres dimensiones de más.

Comentarios
Generalmente no comento en estas cosas, pero he de decir algo.
Los críticos de cine siguen juzgando las películas de ahora según los mismos parámetros de siempre, creando una supuesta comparabilidad que es imposible (hola Juan Carlos Ampié). He visto críticas de este autor, como la del discurso del rey, que la subjetividad lo lleva incluso a olvidarse que está criticando una película, no dos.
Con respecto a esta película, es cierto que es mala en muchos aspectos (el principal es la duración) pero el guión no es más que una excusa para todos los efectos especiales y secuencias de acción, aunque a mi parecer demasiado largas. Pero no hay que restarle valor al trabajo de edición y animación, trabajos que ningún crítico toma en serio por su afán de encajar las películas en sus esquemas.
Está claro que no voy a juzgar esta película como si fuera de Kiarostami. Si lo hago, obviamente que sería una película malísima.
Así como de niño me gustó hacer sonidos de explosión y hacer pelear a mis propios transformers, me gustaría ver eso en los cines alguna vez, ahi que me disculpen los críticos.