Circunstancias fortuitas me impidieron escribir sobre la exitosa comedia de Todd Phillips, cuya secuela se estrena actualmente. Menos mal. Habría sido una experiencia redundante. Así de idénticas en estructura y espíritu son ambas películas.
La trama básica: en una despedida de soltero, un grupo de amigos sufre una laguna mental colectiva inducida por drogas. Al despertar, un personaje crucial para la inminente boda ha desaparecido – el novio en la primera, el cuñado estrella en la segunda -. Los “sobrevivientes” deben recordar y recorrer las estaciones de su noche de desenfreno para recuperarlo. La secuela es tan cínica que reproduce cada giro de trama. Cambiar el escenario de Las Vegas a Bangkok permite añadirle xenofobia y racismo a la misoginia que servía de combustible a la pretendida hilaridad.
Para estos “muchachos” (rayando los cuarentas), esposas y novias son ideales de pureza que se mantienen al margen de “la manada”. En grupo, los hombres son libres para darle rienda suelta a su lado oscuro. Las consecuencias se resuelven con ligereza o se barren bajo la mesa. “¡Lo que nosotros hacemos es olvidar!” le dice exasperado Bradley Cooper a Ed Helms, el novio lloroso que acaba de descubrir que en el punto mas desenfrenado de su noche, fue entusiasta y voluntariamente sodomizado por un “lady boy” de Bangkok. El director no puede resistir exhibir al personaje transgénero, para que la audiencia se regodee en sus prejuicios. Quizás esa es la gran novedad de la película: aprovechar la homofobia del público en general, que bien amaestrado dice “uuuuuuuuuuyyyyy” en el momento indicado.
Pero nadie bate una pestaña cuando la película se mete en la cabeza del personaje más antisocial – el niñato encarnado por Zach Galifianakis – repasando los eventos de la noche. Vemos los momentos de desenfreno, con pre-adolescentes disfrazados de los protagonistas: bebiendo alcohol, echándose rayas de cocaína, instalados en el regazo de strippers. ¡Ah! Esa es la clave. Los hombres son como niños, por eso hay que perdonar sus transgresiones. Flaco favor le hace a la masculinidad este triste ejemplo de comedia. Como la serie televisiva “Two and a Half Men”, glorifica la patanería presentado una imagen grotesca y desfigurada de la hombría. Es “Sex and the City 2” con testosterona.

Comentarios
Hasta m´hijo que le vale el arte y mira los "reality" de MTV (qué verguenza) me dijo que "era mejor la primera" con cara de -NO VAYÁS A VERLA MÁ-, así que a pesar del calor y el aburrimiento, no fuí.
Exelente apreciacion!
Que bueno que ya somos dos los que pensamos que esta pelicula no vale ni un centavo y que de comedia no tiene ni un apice!