El analista español Antoní Gutiérrez-Rubí ofrece una metáfora particularmente útil para entender la importancia de las redes sociales (y de manera más general de las tecnologías de la información y la comunicación) en los procesos de cambio del mundo árabe.
Su artículo "#Egipto: La chispa, la mecha y el polvorín" empieza, como se debe, por el polvorín: la situación económica, política y social: pobreza extrema, desempleo, población joven y una dictadura que no supo entender a tiempo los profundos cambios que tambaleaban al país. El papel de la mecha lo jugaron los nuevos medios de comunicación. "La combinación Google, Twitter, Facebook y Al Yazira, en manos de jóvenes armados de teléfonos de nueva generación, ha roto las compuertas y los grilletes sociales", escribe.
Vale agregar que en el momento de la insurrección 5 millones de egipcios tenían cuenta en Facebook y 77% de los ciudadanos disponía de un teléfono celular. La penetración de la internet es de 21%. Lo determinante resulta ser, según Micah Sifry de TechPresident.com, la confluencia de altos índices en la penetración de la telefonía móvil y una proporción alta de juventud urbanizada.
La chispa la encendió la difusión por Al Yazira de "las imágenes del suicidio desesperado -a lo bonzo- del joven Mohamed Buazizi, el pasado 17 de diciembre," retomadas ad infinitum por las redes sociales. Prendió primero en Túnez (en condiciones socio-económicas y políticas comparables) hasta que el fuego se extendió al polvorín egipcio gracias a la mecha que las dictaduras, acostumbradas a controlar los medios tradicionales (broadcast), no supieron controlar.
Las cifras nunca revelan el cuadro completo y Gutiérrez-Rubí, durante una conversación sostenida en Barcelona a principios de mes, sumó elementos de peso.
El primero, que podría llamarse "la creación del espíritu de la revolución", proviene de la capacidad narrativa propia de los nuevos medios, apta para transmitir emociones de manera instantánea y multimedia. A la gente le gusta comunicarse "siguiendo, enlazando, retwitteando y… escribiendo. La popularidad, el potencial y el magnetismo digital del microblogging ofrecen un caudal de vías para la comunicación. También para la política. Pero para otra política: la que encadena personas con personas. Y desde esa base construye redes, alianzas, compromisos y acciones".
Contagian la emoción "¡Podemos!" que, en un contexto muy diferente, claramente plasmó Obama con su "Yes we can!"
De ahí el ambiente empoderador, generador de autoestima nacional. Sentir orgullo, por fin, de ser tunecino, egipcio, árabe. Sentimiento tanto más fuerte cuando estalla en un espacio radicalmente democrático calificado por Gutiérrez-Rubí de "trans": transgénero, trans generacional, trans clase social. "Todos los grupos estaban representados en la plaza Tahrir", recalca.
De nuestra discusión surgió también un elemento muy conocido por los teóricos de las redes sociales formulado por Gutiérrez-Rubí como "El partido se juega dentro y fuera". El hecho de saber en tiempo real que hay mucha gente en la plaza contribuye a convencer a los que dudan de no permanecer en casa: no estarán solos si salen a la calle. También contribuye la formidable red transnacional que se teje alrededor de tales eventos. La información, organizada por gente de dentro y fuera, se agrega y retweetea, se comparte. Clara aplicación de dos conceptos claves formulados por Clay Shirky reiteradamente mencionados por este columnista: la capacidad de "organizarse sin organización" y lo que llama el "añadido cognitivo" (cognitive surplus) con plena dimensión internacional. Una colaboración en la que contribuyen diásporas y mucha gente sin conexión particular, pero atraída por el acontecimiento, por su impacto, por lo que de él puede aprenderse.
En esencia nadie puede dudar hoy del increíble aporte de las TIC y de las redes sociales a los movimientos políticos y sociales. Además de capturar el espíritu de un momento histórico excepcional, permiten difundirlo, conseguir apoyo y hasta cierto punto organizarlo. Lo más notable probablemente sea su efecto acelerador. Nada de lo que hemos examinado es totalmente nuevo en términos políticos. Contagio, por ejemplo, y efecto dominó han ocurrido en otras circunstancias. Lo nuevo reside en la velocidad con la que la chispa lanzada literalmente por Buazizi encendió a Túnez, Egipto, Libia, Yemen, Bahrein y Siria, por sólo mencionar los más sobresalientes.
El problema de este listado estriba en que incluye países donde las cosas acontecen de distinta manera. Los nuevos medios juegan un gran papel pero no son una varita mágica. Los regímenes autoritarios aprenden, resisten y, en el proceso, revelan las limitaciones de las herramientas que los pusieron en jaque.
Limitaciones que resulta fundamental tomar en cuenta de manera detallada si queremos entender a cabalidad el profundo proceso de transformación iniciado en el mundo árabe y susceptible de cambiar al mundo. Un proceso que pone en cuestión lo esencial de la política: el poder, su ejercicio, su importancia y las diferentes maneras de tomarlo. O no.
#Egipto: La chispa, la mecha y el polvorín http://www.gutierrez-rubi.es/2011/03/09/egipto-la-chispa-la-mecha-y-el-polvorin/
Del storytelling al microblogging http://www.gutierrez-rubi.es/2011/02/23/del-storytelling-al-microblogging/
Micah Sifry http://techpresident.com/blog-entry/egypt-tunisia-generation-txt-comes-age
