Owen Wilson y Jason Sudeikis son una pareja de amigos que exasperan y averguenzan a sus esposas, con sus incesantes despliegues de lascivia dirigidos a otras mujeres. Después de un episodio público particularmente humillante, las consortes Jenna Fischer y Christina Applegate deciden darles lo que una amiga psicóloga llama un “pase libre”: una semana para que regresen a un estado ideal de soltería, donde pueden levantarse a quien deseen sin consecuencias negativas en el matrimonio. Pero el camino a la seducción esta fraguado de complicaciones para los dos cuarentones. Mientras en la playa sus esposas capturan la atención de dos galantes deportistas sin esfuerzo alguno, ellos caen en una desventura tras otra en su loca carrera por convertir sus fantasías carnales en realidad.
Los directores, los hermanos Peter y Bobby Farrelly, han afianzado las bases de una escuela proletaria de comedia, donde la vulgaridad y el sentimentalismo coexisten cómodamente. Bajo su afán de chocar, son tan moralistas como lo peregrinos de Nueva Inglaterra. Son como un cura con facilidad para contar chistes de tono subido. Aunque trabajan con estrellas, son decididamente anti-glamour. No es casualidad que todas sus películas son escenificadas en su Rhode Island natal – es un poco decepcionante ver en los créditos finales que esta fue filmada en Georgia -. También tienen una curiosa preocupación por poblar sus repartos con actores regionales y poco conocidos, que escapan de los estándares de Hollywood. Parecen gente normal, y eso le da una refrescante sensación a la producción, aún cuando escala a niveles insospechados de humor grotesco. La reciente “No Strings Attached” (Ian Reitman, 2011) se ve antiséptica en comparación.
Pero esa “normalidad” también está definida por un estilo visual pedestre. Los hermanos pueden conjurar gags capaces de vencer al decoro y el buen gusto, pero no pueden escenificarlos creativamente. Son buenos escritores de chistes con capacidad básica para filmar sketches vagamente conectados. Algunos funcionan y arrancan carcajadas, otros le darán ganas de taparse los ojos. Si le ofende el humor escatológico, la desnudez frontal - masculina y femenina -, el diálogo explícito y la franqueza sexual, pues...esta comedia no es para usted. En el cine de al lado, Ashton Kutcher y Natalie Portman lo esperan.
Los actores recitan sus líneas y ejecutan los movimientos marcados, pero son como utilería. No trascienden a las circunstancias. La visita de Sudeikis a una casa de masajes es hilarante, pero tendría mas tracción si su personaje fuera interesante. Esto es un problema cuando estamos supuestos a invertir emocionalmente en el dilema de las pareja. Wilson, en particular, sufre por la desdibujada bondad que define a su personaje. Pareciera que está sedado. “There's Something About Mary” (1998), la película que los puso en el mapa, funcionaba tan bien no sólo por sus chocantes ocurrencias, si no porque daba ganas seguir a Cameron Diaz y Ben Stiller mas allá de la cita infernal que dejó a la inocente rubia con un copete de pelo facilitado por un fluido corporal. Los perdedores de “Pase Libre” se desvanecen cuando se extingue la risa.
