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El Martirio de Portman

“Cisne Negro”
(Black Swan)
Dirección: Darren Aronofsky
Duración: 1 hora, 48 minutos aprox.
Clasificación: * * * (Buena, recomendada con ciertas reservas)

Juan Carlos Ampié | 7/3/2011

Nina Sayers (Natalie Portman) es una bella bailarina de ballet que consigue el papel estelar en un ambicioso montaje de “El Lago de los Cisnes”. Pero el director, Thomas Leroy (Vincent Cassel), quiere que interprete a la heroína y la villana. Y la trémula Nina no es muy convincente a la hora de asumir al siniestro personaje del cisne negro. Su recato sofoca la sensualidad necesaria, casualmente derrochada por la recién llegada Lilly (Mila Kunis). ¿Busca Lilly usurpar su papel? Y ese es solo uno de los problemas de Nina, asediada por perfeccionismo patológico, represión sexual, una gorgona de madre (Barbara Hershey) que quiere reinvindicar su carrera frustrada a través de la hija, el acoso del director, la espectacular auto-destrucción de la “vieja” estrella que desplaza (Winona Ryder), alucinaciones, paranoia, posible esquizofrenia...¿Quieren más? Porque hay más.

La película de Darren Aronofsky presta libremente elementos dramáticos y de estilo de filmes anteriores. La rivalidad tras bambalinas es puro “All About Eve” (Joseph Mankewitz, 1950) en clave siniestra, la obsesión con el arte es cita directa de “The Red Shoes” (Michael Powell & Emeric Pressburger, 1948), la artista que se desdobla psicológicamente viene del thriller animé “Perfect Blue” (Satoshi Kon, 1998), la histeria sexual homicida sabe a “Repulsion” (Roman Polanski, 1965), el escenario de una compañía de ballet como territorio de pesadilla invoca a “Suspiria” (Dario Argento, 1977), el horror corporal recuerda a múltiples filmes de David Cronenberg...no hay nada de malo en que Aronofsky haga homenaje a otros cinestas. Este “Cisne Negro” es su propia bestia. Por eso, sus aciertos y errores no le pertenecen a nadie más.

Nina no es un personaje. Es un catálogo de desórdenes emocionales. Natalie Portman se compromete a fondo con la tarea y da una actuación notable. No podría ser de otra manera, para una actriz experimentada a quien le sirven un banquete de oportunidades histriónicas. Nina vive en permanente estado de crisis, parece que va a quebrarse en cualquier momento. Cada escena es un clip para la ceremonia del Óscar. Pero comprometerse con ella es problemático. Vemos toda la acción de la película y a los personajes a través de su percepción alterada. Quizás por eso, todos se dibujan como crudas caricaturas. La realidad se dobla y desdobla continuamente, hasta el extremo que acciones y eventos concretos dejan de tener consecuencia. La idea es que Nina está sumergiéndose en su lado oscuro para poder dejar de ser una niña buena e interpretar al cisne negro con la misma pericia que tiene naturalmente para el blanco. Se nos anuncia desde el prólogo. El doloroso diálogo expositivo de Cassel lo remarca. Cada escena histérica es un simple distracción mientras llega el desenlace predeterminado.

El ballet de Tchaikovski y los tutus pueden hacerle creer que estamos en el territorio de las bellas artes, pero no.  Si acaso, explota el recelo populista ante los enrarecidos estratos donde se vive del ejercicio de la cultura: la compañía de ballet es un nido de víboras; las bailarinas son brujas competitivas, casquivanas o dementes en potencia. Tome nota de cómo se explota el ángulo del posible lesbianismo de la protagonista. Las escenas carnales entre Portman y Kunis son pura provocación gratuita. Y eso vende. Por eso, “Cisne Negro” es más comercial que “The Kids Are All Right” (Lisa Cholodenko, 2010). Tienen mejor venta en taquilla dos estrellas jóvenes y bellas jugando a ser lesbianas de la imaginación, que el drama de una familia funcional formada por dos mujeres maduras en una relación estable.

La película es puro entretenimiento morboso, el espectáculo de una chica bonita destruyéndose a si misma. Lo que no quiere decir que no sea entretenida. Está sólidamente producida, técnicamente bien realizada. No crea que cité todas las influencias para pasar de listo - si acaso, es para motivarlo a buscarlas y comparar. Cada una de esas películas posee una solidez narrativa que Aronofsky no parece interesado en emular. El director tendría que haber prestado atención a otra clara influencia, “The Fight Club” (David Fincher, 1999), donde los desdobles del ego también sirven de eje a la historia. Pero Fincher no se contentaba con explotar la patología de su personaje e invocar ideas. También las articulaba en un discurso mayor a la suma de sus partes.

Aronofsky es un artesano talentoso. Filma con ritmo, movimiento, furia; pero todo se desvanece con el desenlace. Al final, funde la trama del ballet con la película, pero es muy poco, muy tarde. Cualquier resonancia queda sofocada por el ruido emocional de la hora y media previa. “Cisne Negro” es agresivamente superficial. Su técnica es admirable, pero le falta garra. Trágicamente, es como Nina.

Comentarios

2
Carlos

Qué significa el "Br"?

1
Julio Rodriguez

Estimado Br. Ampié

Por favor deje de escribir este tipo de articulos bursos de opinion cinematografica, practicamente son una imitacion de los analistas internacionales. Considero esto una falta de respeto con el pueblo Nicaraguense.

saludos cordiales

Julio Rodriguez

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