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La Vida en Código

“La Red Social”
(The Social Network)
Dirección: David Fincher
Duración: 2 horas aprox.
Clasificación: * * * * (Muy Buena)

Juan Carlos Ampié | 1/3/2011

* Esta brillante película retrata un momento en el que la tecnología y sus posibilidades han dinamitado las reglas, los valores y el balance de poder en la sociedad.

Al igual que el sitio de internet que lo inspira, “La Red Social” es una vorágine temática donde confluyen tantas ideas sobre la vida a inicios del siglo XXI que es difícil destilar en unas cuantas frases su esencia. Leí “Los Billonarios Accidentales: La Fundación de Facebook: Una Historia de Sexo, Dinero, Genio y Traición”, el libro investigativo de Ben Mezrich que sirve de inspiración al guión de Aaron Sorkin, pero la película de David Fincher trasciende la relación anecdótica de los acontecimientos que rodearon el nacimiento de Facebook. Va más allá de retratar los insulares mundos de la Universidad de Harvard y Silicon Valley, polos entre las cuales rebotan sus personajes. En sus momentos más brillantes, cristaliza dilemas intemporales y universales de la condición humana.

Despechado por el abrupto final de una relación amorosa, Mark Zuckerberg (Jesse Eisenberg), estudiante de segundo año de Harvard, decide vengarse con el género femenino creando en cuestión de horas un sitio de internet donde cruelmente se comparan fotografías de compañeras de universidad. Mandarle el enlace a un par de amigos es el inicio de una tormenta viral que en unas cuantas horas topa la capacidad de los servidores del campus. Así nace la idea de traducir a ciberespacio “la experiencia social de la universidad”. La frase encanta a Eduardo Saverin (Andrew Garfield), el estudiante de administración que prontamente se saca mil dólares del bolsillo para financiar la empresa de su mejor amigo. Pero los gemelos Cameron y Tyler Winklevoss (Armie Hammer) tienen otra versión. Según ellos, todo comienza en un sitio de citas exclusivo para su universidad, de su propia invención.

Una brillante secuencia define los estratos tribales del Ivy League. Los exclusivos clubes, anquilosados en sus tradiciones, acarrean muchachas de otras escuelas en buses de lujo para sus desenfrenadas fiestas. En los dormitorios, sus opuestos, los “nerdos” de baja estirpe, ejecutan sus propias distracciones misóginas con las computadoras. La naturaleza humana no cambia, pero si los medios para encontrar gratificación. O aceptación. Mark y Eduardo quieren “pertenecer”. Uno trata de hacerlo a la antigua, sometiéndose a ridículos rituales de iniciación. El otro, idea proezas de programación computarizada. La lucha de clases se pone en perspectiva cuando los patricios Winklevoss invitan a Mark a su club para reclutarlo. Es el “Porcelian”, el más antiguo de Harvard. Y nuestro genio judío no puede pasar del recibidor. Pero eso no le hará falta. Mientras retrasa el sitio de los gemelos, hecha a andar su propio proyecto. En cuestión de meses, Mark le aclara a  sus abogados el nuevo orden del mundo con la frase “puedo comprar los edificios de toda la calle y convertir tu club en mi cuarto de ping pong”. Ouch!. Y tome en cuenta que a fin de cuentas, el dinero no le importa.

Esta brillante película retrata un momento en el que la tecnología y sus posibilidades han dinamitado las reglas, los valores y el balance de poder en la sociedad. Ninguno de sus personajes comprende completamente lo que pasa o hasta donde llegarán las cosas– ni siquiera el genio antisocial en el centro del huracán –, y todos buscan viejos referentes. Los Winklevoss, aferrados a sus privilegios de clase y fortuna, dan por descontado que el derecho esta de su lado. Eduardo insiste en hacer las cosas a la antigua, siguiendo su curso académico y buscando publicidad en Nueva York, dejando a  Mark en California bajo la influencia del bala perdida de Sean Parker (Justin Timberlake),  creador de Napster, el sitio web que puso de rodillas a la industria disquera. El mismo Mark, patológicamente obsesionado con mejorar su status, cambia a los clubes por la gendarmería en el ejército del emprendedor ególatra que lo usa para desquitarse de viejas ofensas. De paso, sacrifica la única relación afectiva de peso que le queda tras la salida de su novia, es decir, la amistad con Eduardo.

 Una nube de melancolía cubre la película. Como en “Il Gatopardo”  (Luchino Visconti, 1963), atendemos al final de una era. Pero si el majestuoso Príncipe de Salina podía distinguir y aceptar que la burgesía desplazaba a la realeza, aquí nadie pisa terreno seguro. El mundo cambia con la rapidez de un click. O la velocidad del diálogo del guionista Aaron Sorkin. Hasta la conversación más banal es un duelo verbal en el que las reglas de combate se definen palabra por palabra. Tiene que estar atento. La estructura del filme salta en el tiempo, y de una deposición legal a otra. La desorientación es intencional, porque nos pone en los zapatos de los personajes. A pesar de ser una película tan verbosa, “La Red Social” sorprende como banquete visual. La cámara define los espacios y la atmósfera del Cambridge otoñal con fidelidad. La edición imprime un sentido de urgencia intoxicante. La música de Trent Reznor encuentra un balance perfecto entre melodía e inestable ruido blanco. Pero la verdadera atracción está en las actuaciones. Eisenberg merece el Óscar por hacer tan magnético a un personaje tan opaco. Sus confrontaciones con Garfield añaden una dimensión de derrota al éxito de Mark. Y Armie Hammer, con una pequeña ayuda de la tecnología digital, da dos increíbles caracterizaciones como los hermanos Winklevoss.

 Esta tecnocracia en ciernes es un club de hombres, pero las voces de la moral y la razón residen en los personajes femeninos. Rooney Mara apenas tiene tres escenas, pero después de ellas, basta con una foto suya para invocar un mundo de emociones. Rashida Jones, como una abogada del equipo de Mark, dibuja en pocos momentos un ser humano tangible y le da la estocada final a la película.  Las demandas legales son sólo “un pequeño obstáculo” en el camino del visionario. Y eso es lo mas trágico de todo el asunto. La película nos introduce a Mark inmerso en el mundo, rodeado de gente, en torpe interacción con otro ser humano, pero interacción real a fin de cuentas. La última vez que lo vemos está solo, en una estéril sala de reuniones, refrescando una página de Facebook buscando esa conexión perdida irremediablemente. Lo virtual no siempre suplanta lo real. Una sola visita no basta para hacer sentido de todos los ecos de este filme. No se lo pierda, y véalo en la pantalla grande.

Comentarios

2
marta

Profe: Si, el guión es superior al cisne negro. ay balas y ráfagas que te mantiene inteligente hasta cuando perdés una. Las caricaturas de Cassel gemelos deliciosas. nos encanta la ambiguedad.

El Club de Tobie se hace nerd. Marcar tarjeta con el género con dos mujeres honorables no es suficiente, ni hacer pagar a los men por sus roles nuevos y viejos. Hasta en BIG Bang Théory (22 cable) hay mujeres cerebros como la neurocientífica mamá de Leonard etc.

El contexto y la historia seducen más. Somos antropólogos vergonzantes que creemos en las películas como reflejos gloriosos de lo mejor y lo peor, paradigmas para nuevas realidades es la esperanza.

Así el balance del poder mediante insurrección mediática. Comunicólogos tienen un nuevo fetiche y los cerebritos también, profe ¿Cuál es Ud.? yo se cuál soy, adivine. Reconozcamos, es divertido.

Creo que el dinero y el éxito aquí son iguales, Don redsocial escoge el éxito.

Difiero la mejor actuación: Hemos visto más a la dramática que al estoico. Qué es mas notable? Sentir que nos sacamos la espinapluma u obviar lo que no queremos ver en una mezcla de Harold Loyd con monje Lama?

1
snake

EXELENTE !!

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