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Los Herederos Desesperados

“El Cuerno de la Abundancia”
Dirección: Juan Carlos Tabío
Duración: 1 hora, 40 minutos
Clasificación: Regular (**, Recomendada con ciertas reservas)

Juan Carlos Ampié | 14/2/2011

En el pueblecito cubano de Yaraguei, el ingeniero Bernardito (Jorge Perugorría) se convierte en pararrayos de una tormenta de codicia desatada por la promesa de una fabulosa herencia que puede beneficiar a todos los ciudadanos de la isla con apellido Castiñeiras, descendientes de unas monjas de la era colonial que tuvieron el buen sentido de guardar su fortuna familiar en un banco inglés.

No es una coincidencia que en un sutil guiño cinéfilo, Bernardito pase caminando frente a un cine donde se presenta “Bienvenido Mr. Marshall” (Juan Luis Berlanga, 1953), la clásica comedia sobre un villorio español conmocionado por la supuesta visita de benefactores norteamericanos. La premisa es irresistible y ha sido aplicada a diferentes épocas y nacionalidades – Vittorio de Sica la adoptó para “After de Fox” (1966), en la que Peter Sellers comandaba una pandilla de ladrones que trataba de sacar de Italia una fortuna de oro robado a través de un humilde pueblecito costero. En ese caso, más que el dinero, la carnada era la cercanía con la celebridad.

Curiosamente, el modelo anticuado de esta farsa funciona armoniosamente con el limbo temporal de la sociedad cubana. Los edificios derruidos, carros antiguos, trenes destartalados apuntan a un indefinido pasado lejano que permanece vigente. Bernardito y su esposa manejan un videoclub clandestino de videocasettes pirateados. Podríamos estar en los tempranos noventas – Bernardito declara que regresó de sus estudios universitarios en Alemania al caer el muro de Berlín -, hasta que un teléfono celular y el reclamo de un pretendido vaquero al que le han rentado “Brokeback Mountain” nos ubica en el mundo post-2005.

Las dramáticas estrecheces económicas impuestas por el régimen ponen la tragedia en la tragi-comedia. La ambición desplegada por los personajes, que en otro contexto sería repelente, tiene un conmovedor matiz de desesperación por la escala de sus objetos de deseo: una casa digna, zapatos para los niños. Pero la película so se hunde en el patetismo. El gerente de la “diplo-tienda” trata de meterse en el árbol genealógico para conservar a su novia arribista que tiene la vista puesta en el pobre frutero que la ama platónicamente, sólo porque lleva el apellido afortunado. Una virtual guerra de clases se desata entre los Castiñeiras que se escriben con “i” ó con “y”, los “blancos” y los “morenos”, liderada por el beligerante padre de Bernadito (Enrique Molina) y su aburguesada prima Charo (Mirtha Ibarra).

Así, lo particular y lo universal subsisten en esta reunión del equipo creativo sobreviviente de “Fresa y Chocolate” (1994) y “Guantanamera” (1995). El actor Jorgue Perugorría porta bien la tribulación de Bernardino. Su carisma permite que sus peores transgresiones no alienen a la audiencia.   Además de Ibarra, Vladimir Cruz figura en un pequeño papel. Sus caracterizaciones son bienvenidas, pero se funden en el colectivo. Esta es, a fin de cuentas, una historia comunal. Lamentablemente, el director Juan Carlos Tabío no tiene el vigor creativo de su mentor, Tomás Gutiérrez Alea, con quien trabajó en las dos cintas antes mencionadas. “El Cuerno de la Abundancia” flaquea a la hora de mantener el ritmo. Su puesta en escena no tiene la inspiración visual de clásicos de Gutiérrez Alea como “Las Doce Sillas” (1962)  y “La Muerte de un Burócrata” (1966) que se decantaban por un género similar. El alumno no ha superado al maestro. A veces se siente como si la parálisis que el sistema ha impuesto en la sociedad cubana infecta también al artista. La resonancia emocional se diluye al final. Pero a como sucede con los personajes, es difícil resentir sus flaquezas. Es admirable como sobreviven a pesar de todo.

* NOTA: La película se presenta exclusivamente en Cinemark, en tandas diarias de 9:35 pm.

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