La versión original de “Tron” (Michael Lisberger, 1982) murió en la taquilla norteamericana. Consiguió nominaciones al Óscar en vestuario y sonido, pero los revolucionarios efectos especiales fueron ignorados. En aquel entonces, el uso extensivo de computadoras era considerando “trampa”. No solo en ese punto estaba adelantada a su tiempo. Su apropiación del ethos cibernético vaticinaba el mundo por venir. Recuerdo haber disfrutado mucho la película. Era perfecta para niños de 10 años de edad. Desde aquel entonces no la he revisitado, pero si la memoria no me traiciona, era mucho mejor que esta “secuela” que Disney ahora lanza con toda la fuerza de su músculo corporativo.
Jeff Bridges regresa como Kevin Flynn. El intrépido hacker se ha convertido en un magnate visionario, mezcla de Bill Gates/Steve Jobs/Richard Branson. Una noche desaparece misteriosamente, tras recapitular oportunamente para su hijo Sam, de pocos años, la mitología establecida en el filme original. Saltamos en el tiempo dos décadas, y Sam es ahora un joven rebelde (Garret Hedlund) que, resentido por el abandono paternal, se niega a tomar las riendas del emporio que Kevin construyó. Apenas sabotea los esfuerzos de los tiburones corporativos que manejan el barco en su lugar. Hasta que una noche, una pista sobre el paradero de Kevin lo conduce a su escondite secreto, donde seguirá literalmente sus pasos hacia una realidad cibernética paralela. Ahi, encuentra no un padre, sino dos. Kevin manufacturó a Clu, un programa visualizado a su imagen y semejanza, para ayudarle a construir “un mundo perfecto” a la par de Tron (Bruce Boxleitner). Clu también es interpretado por Bridges, pero “rejuvenecido” con efectos especiales. El problema está en que Clu se ha convertido en tirano destructor, empeñado en invadir el mundo real.
La película funciona en dos ámbitos, como “re-make” y como secuela, y en ambos fracasa estrepitosamente. Las secuencias de acción son re escenificaciones de la primera película, pero ejecutadas con tecnología del punta. Así, Sam se convierte en gladiador de peleas de discos, corre en carreras de motos que a su paso construyen paredes para entrampar al contrincante...solo que los gráficos son mas bonitos y ahora el duelo se ejecuta en varias plantas, y no una sola. Es como comprar la actualización innecesaria de un juego de video.
Como secuela, la trama mezcla torpemente el melodrama familiar, fantasía revolucionaria y una especie de parábola creacionista. Kevin es como el Dios que ha creado este mundo, incluyendo a un hijo hecho a su imagen y semejanza, Clu. Este lo traiciona y se subleva en su contra, matando a su buen hermano – Tron – como Caín mató a Abel. Para acentuar esta interpretación, Kevin es caracterizado como una especie de sacerdote New Age. Bridges porta una barba canosa y ondulantes mantos blancos, vive en una guarida modernista con toques decorativos de “2001: Odisea del Espacio”. Es como si Jeffrey “The Dude” Lebowski, el protagonista de “The Big Lebowski”, se hubiera aburguesado. Peor aún, la animación digital que “rejuvenece” a Bridges como Clu lo hace parecer un muñeco de plástico con vida. Esto podría tener coherencia si el efecto estuviera confinado al mundo virtual, pero los realizadores utilizan al tenebroso autómata en el prólogo, asi que tenemos que aceptarlo en el mundo real también. Después de todo, los efectos especiales terminan siendo la razón de ser de esta película. Eso, y el innecesario 3D que permite cobrar el doble por la entrada.
“Tron Legacy” ni siquiera tiene la convicción de explorar a fondo sus propias ideas. El binomio Kevin/Clu podría servir como punto de entrada para comentar sobre el narcisismo intrínseco a muchos visionarios de la nueva era, la obsesión con la juventud, la ambivalencia humana....La confrontación climática de Kevin es, a fin de cuenta, consigo mismo. Pero la idea nunca es explotada, porque hay que concentrar todos los esfuerzos en despachar a Sam de regreso al mundo real, donde cumplirá su destino...como gerente de una gran corporación.
Es una lástima, y no porque “Tron” sea una especie de texto sagrado. El avance de la frontera digital nos ha llevado a un punto donde la ficción especulativa podría florecer. Pero “Tron Legacy” no tiene nada que decir sobre el presente, ni el futuro. De remate, las actuaciones son terribles. Michael Sheen se pone en vergüenza como Castor/Zuze, anfitrión de una especie de club nocturno que parece caricatura de David Bowie a medio camino entre Ziggy Stardust y el extraterrestre de “The Man Who Fell To Earth” (Nicolas Roeg, 1976). Bridges es francamente perezoso. Olivia Wilder sucumbe bajo el peso de terribles líneas de diálogo. Lástima que este producir este esperpento sea mas lucrativo que re editar en DVD el original, que no está disponible en ningún formato. Legalmente, al menos. ¿Que haría Kevin Flynn en estas circunstancias?

Comentarios
La verdad la pelicula si la vemos del punto de vista moderna, para los actuales jóvenes que les gusta lo nuevo y que no vieron la pelicula original es el boom de la tecnología, pues eso es lo que está de moda.
Yo creo que las peliculas modernas han venido haciendo como una especie de rrec recuerdo y modernizar las peliculas de los años 70 y 80 y que los jóvenes del nuevo siglo no disfrutaron de ellas, pero que hoy si la disfrutan con tecnología de punta, acostumbrados los jóvenes a esto, pero que los hace viajar a los años 70 y 80, pues además muchas músicas actuales y modernas hacen recocimientos a las músicas viejas...