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Las Cosas Eternas

“Las Horas de Verano”
(L'Heure d'Éte)
Dirección: Olivier Assayas
Duración: 1 hora, 43 minutos
Clasificación: * * * * * (Excelente)

*Es bellamente actuada y dirigida, un sublime ejercicio cinematográfico. Es poco probable que vea algo mejor en los cines este año

Juan Carlos Ampié | 30/1/2011

En una pintoresca casa de campo, la familia Merly se ha reunido para festejar los 75 años de la madre, Helene (Edith Scobb). Con despiadada claridad, ella presiente la cercanía de la muerte y trata de obligar a su hijo mayor, Fréderic (Charles Berling), a contemplar los detalles de su herencia: desde la  ruinosa pero hermosa casa, hasta la abundante colección de arte que ha preservado como  legado de un tío pintor cuya memoria se ha dedicado a preservar. Emocional, el primogénito prefiere negar cualquier apremio y darle largas al asunto. Asume que sus hermanos, como él, querrán conservarlo todo.

Ellos son Adrienne (Juliette Binoche), una diseñadora divorciada residente en Nueva York, y Jérémie (Jérémie Renier), un ingeniero expatriado trabajando en China. Esposas y nietos pululan alrededor en un huracán de actividad. Nada queda resuelto al despedirse en una confusión de abrazos, excepto la convicción de Helene de que sus bienes son una carga demasiado pesada. Una disolvencia a negro cierra el capítulo.

Regresamos sin saber cuánto tiempo ha pasado. Fréderic, profesor universitario de Economía, cumple con el compromiso de dar una entrevista radial para promover su último libro. Su siguiente parada no es otra obligación rutinaria. Helene ha muerto, y a él le corresponde gestionar el lote del cementerio.

No es un accidente que la muerte suceda fuera de cámara. Más que explotar posibilidades dramáticas, el director se dedica a observar la conducta humana. Su tratamiento casi denuncia cuan desmesuradamente histriónico es el cine de ficción promedio.

En “Las Horas de Verano” conflictos y discusiones se escenifican y resuelven sin histeria. Secretos se revelan sin golpes artificiales de efecto. En una sucesión de capítulos anecdóticos, las consecuencias de la muerte hacen eco. Los hermanos se reúnen para compartir el duelo y decidir que hacer con las cosas materiales. En encuentros que van de lo tenso a lo melancólico, pasando por lo terapéuticamente gracioso, confrontan los problemas prácticos y las demandas que les imponen conciliar los caminos que han elegido con la necesidad de encontrarle lugar estas reliquias. La nueva generación – encarnada por los hijos adolescentes de Fréderic - irrumpe con el desparpajo de los jóvenes hambrientos de experiencia.

Mientras los adultos contemplan los bellos objetos de Helene, virtualmente embalsamados en una exposición de museo, bellos pero sin vida al seguir existiendo después de su dueña, los muchachos arman una fiesta épica en la casa de campo vacía. Los recuerdos de los muertos se han desvanecido, mientras los jóvenes construyen nuevas memorias.

Una lectura superficial podría alienarlo de los personajes. Por aquí pocas personas heredan colecciones de arte y pintorescas casas de campo. Quizás la globalización y la bonanza no han desgranado a nuestras familias; pero si lo han hecho la guerra, la crisis económica y la inestabilidad política. Todos nos aferramos al pasado, ponderamos el futuro y su desenlace final.

La película de Assayas es específica a la hora de observar a sus personajes, pero universal en su visión. Bajo su engañosa sencillez oculta profundas meditaciones sobre amor, vida, muerte, arte, patria y familia. Me aterra apilar adjetivos sobre ella. Es tan fina y delicada que puede sucumbir bajo la hipérbole. Baste decir que es bellamente actuada y dirigida, y que es un sublime ejercicio cinematográfico. Es poco probable que vea algo mejor en los cines este año. O algo más humano. No se la pierda.

NOTA: “Las Horas de Verano” se presenta únicamente en Cinemark, en tandas de 9:25 pm.

Comentarios

1
Juan Carlos Ampié

Corrección de la hora: 9:15 pm

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