Este hombre usa el sarcasmo, la ironía fina y mordaz, para decirnos a los periodistas lo que no nos gusta escuchar: que estamos haciendo mal nuestro trabajo. Omar Rincón (Maripí, Colombia, 1961), periodista, catedrático y crítico de televisión, afirma que los periodistas y los medios de comunicación nos hemos dejado llevar por la lógica de los gobiernos latinoamericanos, sus presidentes convertidos en actores de televisión, y hemos dejado de lado a la gente, la defensa de los ciudadanos, el espacio de un diálogo crítico y abierto.
El ego de los periodistas, dice Rincón, mató al periodismo, lo ha convertido en una comparsa del poder, haciendo a los políticos más populares.
Con eso, dice, hemos pagado un alto precio: perder ante la sociedad parte de la legitimidad, la independencia, la credibilidad de la que el periodismo siempre ha gozado. “Teniendo un ego tan asquerosamente grande, no somos capaces de demostrar que hacemos buen periodismo. Eso es un fracaso absolutamente nuestro”, afirma.
Rincón estuvo en Nicaragua impartiendo una serie de talleres a estudiantes de maestría de la Universidad Centroamericana (UCA). Sus charlas despertaron risas y muecas de descontento, pero al final predominó su tesis básica, que comparte en esta entrevista con Confidencial: para fortalecer la legitimidad de esta profesión ante la sociedad, “hay que reinventar el periodismo para que vuelva a contar el mundo. Tenemos que descubrir desde qué temas podemos conectarnos con la gente”.
¿La política se convirtió en una gran telenovela en América Latina?
Me han criticado mucho porque he dicho un par de cosas con las que unos están de acuerdo y otros no. La primera en la que hay acuerdo es que hoy asistimos al Estado comunicador, un Estado manejado por gobiernos que les importa más comunicar que gobernar. La prueba es que les ha ido muy bien porque la popularidad de esos presidentes está buena. Esto tiene una contraparte que es que los medios de comunicación torpemente están vendiendo su capital simbólico de la legitimidad, la credibilidad, la independencia, y se han dejado meter en la lógica de confrontación o de seducción con los gobiernos. Entonces, a los presidentes les está yendo muy bien y a los medios muy mal. Los medios se han convertido en actores políticos a favor o en contra de los gobiernos. En ese sentido les ayudamos a los presidentes a ser muy populares a costa de perder nuestra legitimidad.
¿Se han convertido los medios en la comparsa de los políticos?
Depende de los regímenes. Si miras en México, Colombia, Chile, Perú, los medios y el gobierno son uno mismo, se comportan como aliados. Cuando ves Argentina, Brasil, Bolivia, Ecuador, El Salvador, los medios se comportan como la oposición política, remplazan a los partidos, a los políticos, a los actores del debate público. En ambas opciones perdemos los periodistas y los medios, porque nuestra función no es ser actores políticos, porque ahí los presidentes nos ganan por goleada. Además, nosotros los periodistas en principio somos muy malos políticos. Un periodista es alguien que no quiere que lo quieran; por eso publica lo indeseable, por eso critica la corrupción, el abuso de poder, la falta de transparencia. No informamos para que nos quieran. En cambio, los políticos sí informan para que los quieran. Esto crea un asunto delicado: les está yendo bien a los telepresidentes y nos está yendo mal a los periodistas y los medios, aunque a éstos en el fondo no les va a ir mal porque están haciendo su reacomodo de negocios; les importa tener un buen negocio que produzca dinero e incidencia en la toma de decisiones del poder. Los periodistas no estamos investigando, no estamos contando, no estamos produciendo notas con calidad; nos estamos quedando sin verdad.
¿Entonces la prensa dejó de ser aquel romántico cuarto poder?
No deberían de decir eso de cuarto poder, eso fue una cosa que se inventaron por ahí para decir que es muy importante… Aunque exactamente se está comportando como el cuarto poder, un cuarto poder que quiere ser juez, gobierno y que quiere ser legislación. Eso es un error. Lo que el periodismo siempre ha tenido que ser es un contra poder, la definición de periodismo es: nosotros siempre estamos en el otro lado, nuestra función es nunca estar de acuerdo con nadie, preguntarnos siempre qué es lo que está detrás del poder. Nuestro propósito es siempre defender a la ciudadanía. Frente a todas las cosas no somos patriotas, tenemos que ser antipatriotas, porque la función vital del periodismo es que somos siempre el contra poder de todo poder: de los narcos, de los corruptos, de los políticos. ¡Eso es lo que tenemos que hacer! Pero es lo que se nos ha olvidado. No estamos haciendo contra poder, sino comparsas o peones útiles.
Pero hay además toda una nueva relación medios-gobierno que, en el caso de Nicaragua, se caracteriza por una fuerte política de secretismo, ataques directos a periodistas, censura.
Es que adicionalmente, este Estado comunicador tiene una cantidad de estrategias muy buenas. Primera: presidentes que se vuelven periodistas. Ellos dicen qué es noticia, qué se pregunta, qué se responde, dónde se habla. Ya nunca más volvimos los periodistas a preguntar. Segundo: se volvieron hiperprofesionales, los mejores periodistas de América Latina ahora están trabajando con los gobiernos: la gente queda desempleada y ¿a dónde va a trabajar? Al Gobierno. Hay más periodistas trabajando en el gobierno que en los medios. Estos ya no son periodistas, son propagandistas. Tercero: manejan la pauta oficial, con lo cual premian y castigan la función de información. Cuarto: trabajan con lógicas de persecución a los periodistas. Hay persecución a nivel judicial, a nivel de leyes. Una cantidad de estrategias que están haciendo súper bien. ¿Cómo estamos respondiendo nosotros? Diciendo, “ay, somos buenos”; pero informando mal. No demostramos que vale la pena existir. Hoy en día en América Latina nadie hace una manifestación para defendernos, nos cierran y nadie sale a la calle diciendo que vuelvan.
¿Entonces los periodistas estamos haciendo muy mal nuestro trabajo?
Los periodistas somos como la esposa mantenida: nos creímos que no éramos trabajadores, que éramos poder, muy importantes. El ego nuestro es lo peor que tenemos. Ese ego nos llevó a creer que los medios y nosotros éramos una pareja perfecta y que trabajábamos para el mismo lado y que construíamos los mismos principios. Y lo que nos estamos dando cuenta es que nosotros los periodistas somos los desechables y que el medio no nos quiere tanto. Lo que estamos haciendo mal es no sentirnos trabajadores, no estar del lado de la ciudadanía, sino del lado del poder; eso nos ha matado. Teniendo este ego tan asquerosamente grande, no somos capaces de demostrar que hacemos buen periodismo. Eso es un fracaso absolutamente nuestro. Le podemos echar la culpa a la falta de tiempo, de dinero, de recursos... Pero estamos haciendo mal periodismo. ¡Y eso es imperdonable! Periodismo con una sola fuente, sin contexto, periodismo mal contado, periodismo que no ofrece marcos de interpretación, periodismo con 25 fuentes anónimas, periodismo sin datos, periodismo de temas que a la gente no le interesan.
¿Cómo se superar un problema como éste?
Lo básico es volver a hacer tres cosas. Uno: volver a hacer buen periodismo, con contexto, diversidad de fuentes, investigación, relatos, buenas historias. Dos: saber que la solución nuestra no está en los medios solamente, sino que hoy en día hay una nueva esfera pública mundializada que nos puede seguir de apoyo. Hacer buenos trabajos como (Ryszard) Kapuściński: informo lo que tengo que informar, pero lo que sé que no me van a publicar lo voy guardando; después conseguiré dónde publicarlo vía Costa Rica, México, Argentina, la India. Y eso, por la esfera global, va a volver a lo local. A mí no me pueden decir “ay, es que no me lo publican”: hay muchísimos sitios donde publicar. Lo que pasa es que no estamos produciendo información. Tres: nosotros los periodistas de vieja data somos unos jurásicos que solamente sabemos trabajar bajo el régimen de escribir y reportear lo que nos contratan; sólo hacíamos todo por encargo. Hoy eso ya se acabó, hoy tienes que hacer el reportaje y venderlo. Hoy ya somos más prostitutas, nos toca salir a la calle a vender nuestro trabajo, a ofrecer la mercancía. La historia de América Latina no ha sido de grandes medios, sino de grandes periodistas.
Una de esas periodistas, Alma Guillermoprieto, dice que siente que esta profesión se está acabando.
Sí, la profesión como Alma Guillermoprieto la entendía, se acabó, ésa ya no existe más. Hoy en día hay una cosa nueva, un nuevo periodismo ya no en el sentido de aplicar las técnicas de narración de ficción en el periodismo, sino un nuevo periodismo que es aplicar los saberes del mundo actual en la producción de la información: saberes tecnológicos, políticos, de navegación. Antes el periodismo era un lugar para llegar y leer y pensar; hoy el periodismo es un lugar de paso, tanto profesionalmente como informativamente.
¿Cuál cree que son los grandes temas pendientes del periodismo latinoamericano?
El gran tema es lo que mejor hacemos los latinoamericanos: nosotros somos excelentes narradores, y eso es lo que no estamos haciendo, no estamos contando. Tenemos que volver a preguntarnos qué significa contar hoy en día. El reto narrativo es pensar realmente cómo es que se cuenta en cada medio. En el internet tenemos que hacer el anti-periodismo: ofrecer las diferentes herramientas del periodismo, totalmente fragmentadas y que el lector o el internauta decida como quiere hacer el recorrido. Martín Caparrós dijo algo así como que el periodismo es de cobardes porque como sabíamos que ya no nos iban a leer todo, poníamos todo en el primer párrafo. ¡Es verdad! ¿Imagínate una profesión que todo lo cuenta en el primer párrafo? ¡Entonces para qué escribes cinco párrafos más! Eso es mal periodismo, y es el que hacemos todos los días. Internet nos da la posibilidad de liberarnos y decir vea, esto fue lo que las fuentes dijeron, con un trabajo de edición, de fragmentación; esto lo que se puede ver en imágenes, lo que dicen los datos, lo que se encuentra en la red; y ésta es la historia, que yo me siento y la cuento, me preocupo por contar la historia. Ojo: a la gente no le interesan los temas de ONG, el medio ambiente, ni los derechos humanos; eso es verdad. A la gente le interesa la comida, pero no la seguridad alimentaria, sino cómo comemos, de qué comemos. Hay que volver a hablar de lo que la gente sabe: la gente sabe de comida, de rumba y de música, de fútbol. Desde ahí podemos hablar de país, de política, de denuncias.
Al periodismo se le escapó el mundo.
Sí. Esa frase es de García Márquez. Él dice: al periodista se le escapó el mundo, luego hay que reinventar el mundo. Yo siempre he pensado que esa frase es muy linda, pero debería ser al revés: al periodismo se le escapó el mundo –ya no estamos contando–, luego hay que reinventar el periodismo para que vuelva a contar el mundo. Tenemos que descubrir desde qué temas podemos conectarnos con la gente.
Usted ha dicho que no tiene ni Twitter ni Facebook. ¿No es que estas son las herramientas para un nuevo periodismo?
Claro, pero es que yo soy un mal periodista, soy un fraude como periodista. Yo hago periodismo más de ensayística, soy más un analista. Si yo hiciera reportería diaria creo que Twitter es una excelente herramienta… Pero viéndola como herramienta dentro del ejercicio periodístico, porque lo que está pasando es que la gente está aceptando que las fuentes les manden la noticia por Twitter y la publican directamente. Entonces, yo como periodista salgo sobrando. El periodista era el que ponía en diálogo a los que pensaban distinto; eso se está perdiendo y es gravísimo. Y eso es lo que no está haciendo el Internet, porque todos los que siguen un twitter piensan igual. Nosotros tenemos que demostrar que vamos a romper esa homogeneización y vamos a volver a la diversidad de opiniones.

Comentarios
Todos los periodistas deben ser como los medicos, IMPARCIALES, no partidistas y
asi serian reconocidos seriamentes.
He estado hablando con un grupo, sobre periodismo para el desarrollo, cosa que según análisis y nuestro diario vivir, no se práctica.
Pero, bueno considero que ha sido una estrategia de algunos grandes poderes subordinar a otros para mantener su poder.
Talvés criticas como estas podamos escucharla y trabajar en un buen cambio a favor de la ciudadanía y del acto periodístico.
Felicidades a quien tomo la iniciativa de traer a este hombre. Su pensamiento sintetiza la crítica que la intelectualidad latinoamerican hace de la labor periodistica en nuestros paises.
El movimiento feminista en particular, pero no exclusivamente, ha sido victima de la complacencia del gremio con los antivalores encarnados en la cultura machista y misógina.
Ojalà criticas como esta, hechas desde adentro, sirvan para alimentar una nueva ética de la comunicación pública sin la cual no es posible la democracia y el desarrollo humano.
Todo lo que los periodistas debemos saber para reflexionar, mejorar y ser verdaderos periodistas, lo dice Omar.
Una lección que nunca debemos olvidar los que hacemos periodismo.