RSS

Confidencial.com.ni

Confidencial » » Leer artículo

Todos a la cárcel

“Celda 211”
Dirección: Daniel Monzón
Duración: 1 hora, 53 minutos aprox.
Clasificación: * * * (Muy Buena)

Juan Carlos Ampié | 30/11/2010

Un día antes de iniciar su trabajo como guarda, Juan Oliver (Alberto Ammann) visita la prisión que será su centro de trabajo para entender cómo funcionan las cosas. Atrás queda su dulce esposa con seis meses de embarazo (Marta Etura), decorando el modesto apartamento que comparten. Justo cuando empieza el paseo por la galería de prisioneros peligrosos, un estruendo lo cambia todo. Herido en la cabeza y sin sentido, sus guías apenas atinan a dejarlo acostado en la fatídica celda 211 mientras un violento motín se desata a su alrededor. Es la obra maestra de Malamadre (Luis Tosar), el macho alpha del ecosistema carcelario. Las autoridades observan atónitas por circuito cerrado los acontecimientos, mientras el hombre que sería guardia tiene que hacerse pasar por presidiario para sobrevivir.

Este thriller de Daniel Monzón es un ejercicio de género de impecable manufactura. Corre con un sentido de urgencia que quita el aliento. El novel director tiene pulso firme para desarrollar su trama, definir a los personajes a través de la acción y establecer los parámetros de la realidad objetiva de su escenario. Es testamento a su habilidad que no es si no hasta después que la película termina, en escrutinio posterior, que se pone en perspectiva cuan importante es la casualidad en su historia. Talvez demasiado. Sin embargo, en el momento de verse, estos eventos fortuitos que escalan en una tormenta perfecta se registran mas bien como inexorable fatalidad.

Buena parte del mérito reside en los actores.  Tosar – mejor conocido aquí por ser el narcotraficante maestro de “Miami Vice” (Michael Mann, 2006) – se presenta como una fuerza de la naturaleza, pero nunca cruza límites de credibilidad. Demasiados personajes como él en películas como éstas se dibujan como insólitas mentes privilegiadas. Si no estuvieran tras las rejas, serían capitanes de industria o premios Nóbel. Tosar mantiene a Malamadre en términos estrictamente humanos. Es implacable y sanguinario, pero limitado por los particulares de su carácter y procedencia. También tiene debilidades. La relación con Oliver – a quien bautiza “calzones” después de obligarlo a desvestirse frente a toda la galería en un perverso ritual de sumisión – pasa rápidamente de la desconfianza a la amistad en la olla de presión del motín. La vida corre más rápido en estas circunstancias. De hecho, el vínculo termina amenazando su propio liderazgo a la vez que siembra resentimientos y recelo entre su séquito. Ammann también da una excelente actuación con un personaje más retador. Es Oliver el que sufre la mayor transformación en el filme. Sus dos identidades – el manso hombre de familia afuera, el falso criminal de adentro – colapsan en un nuevo ser a medida que el sistema al que pertenece le falla cada vez más.

De hecho, la relación con Michael Mann, poeta fílmico de la criminalidad, va mas allá de la presencia de Tosar. La lealtad entre hombres en lados opuestos de la ley es tema recurrente en las películas del director norteamericano. También es artífice de integrales repartos. Aquí las márgenes también están llenas de ricas caracterizaciones. Desde los presos de fugaz intervención hasta los burócratas asediados. Cada uno podría protagonizar su propia película. “Celda 211” termina en una nota forzada de crítica social, pero su verdadero mérito está en ser una electrizante pieza de entretenimiento.

Comentar

Favor no llenar:

El comentario no puede ser más largo que 250 palabras.

Más en:

Otros artículos del mismo autor