Durante la guerra civil española, Justo (Juan Diego Botto) es un abogado de encendida retórica que arenga a los republicanos por la radio, mientras las tropas franquistas cercan Madrid. Su esposa Manuela (María Valverde) cuida de su pequeña hija Paloma (Alba Barragán), y trata de llevar una vida normal en la ciudad asediada. Pero cuando Franco aplasta la revolución, toda pretensión de normalidad acaba. Justo debe huir y Manuela se queda atrás, y de remate, embarazada. Convertida en paria por asociación matrimonial, ve cómo su apartamento es expropiado por la parentela del ex secretario de su esposo. Pierde a su hermano y lucha para sobrevivir con dos pequeños hijos. El tiempo y una que otra tragedia pasan. Paloma crece (y se convierte en Ivana Baquero, la estrella de “El Laberinto del Fauno”). El filme cambia del punto de vista de Manuela al de la adolescente, quien pierde el norte durante el exilio en Francia. Dolores de crecimiento emocional, exacerbados por su relación con una célula de anarquistas, alteran la dinámica de su familia. O lo que queda de ella.
Le he hecho un gran favor a la película con esa sinopsis. Suena emocionante. Pero lo que se ve en pantalla es la típica co-producción internacional, malograda en sus buenas intenciones. Marie Noelle y Peter Sehr, co guionistas y co directores, son incapaces de crear momentum dramático incluso dentro de los confines de una escena. No saben dónde poner su cámara, ni armar una secuencia. Un reparto multinacional se desperdicia tratando de darle vida a sombras de personajes: la alemana Nina Hoss como una intrépida aviadora; el francés Jean Marc Barr es un luchador de la resistencia; y la italiana Laura Morante es...pues...una italiana moderna que se metió en una máquina del tiempo y apareció en la Francia de los cuarentas. Es una especia de proeza perversa desperdiciar las posibilidades dramáticas de un momento tan convulsionado de la historia.
La misma noche busqué refugio en su antítesis, una franquicia comercial bendecida por Hollywood. Hasta la más floja adaptación de los libros de J. K. Rowling hace gala de un nivel profesional en el uso de las herramientas del cine, que podía consolarme después de someterme a ese ejercicio de pasmosa ineptitud. Olvídense de Voldemort, una mala película es un demonio que debe exorcisarse lo más pronto posible.
Vaya sorpresa. “Harry Potter y las Reliquias de la Muerte, parte 1”, La séptima película en la serie es la mejor desde “El Prisionero de Azkaban” (Alfonso Cuarón, 2004). La acción se desarrolla en el mundo “real”, fuera del opresivo ambiente de parque de atracciones del internado de Hogwarts. El choque entre el mundo “muggle” y lo fantástico genera bienvenida tensión. Voldemort y sus secuaces han ejecutado un genuino golpe de estado en el Ministerio de la Magia, imponiendo una tiranía que apunta a exterminar a los “mestizos”, afianzar su control sobre el mundo y acabar con Harry, por supuesto. Los magos buenos se lanzan a la clandestinidad. Violentas batallas se libran, lealtades se ponen a prueba, y sangre inocente se derrama.
Los actores, la audiencia meta y la historia misma ha madurado al extremo de asumir el lado más oscuro de la historia. ¿Es segura para los “no-potterófilos”? Quizás. Yo he visto todas las películas, pero su intrincada mitología se funde en un miasma indistitivo. Sin embargo, mentiría si le dijera que esta larga película de casi dos horas y media no me mantuvo entretenido la mayor parte del tiempo. O talvez el truco para disfrutarla es verla inmediatamente después de sufrir la peor película del año.

Comentarios
Pues vaya sueño que te pegaste con esta pelicula(La Mujer del Anarquista), porque aunque soy seguidor de las peliculas de Harry Potter esta no me parecio mucho mas que las anteriores,
espero que la ultima si este ala altura.