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Un gobierno de izquierda con medidas represivas

Funes, la izquierda y el puño contra las maras

* Diferencias con el FMLN marcan su primer año de Gobierno.
• Pragmatismo en relaciones internacionales: se aleja del ALBA, pone a
Lula como ejemplo y visita la Cuba de Castro.

Carlos Salinas Maldonado | 1/11/2010
@CSMaldonado

Mauricio Funes hizo historia al convertirse en el primer presidente de izquierda en El Salvador. Llegó al poder como candidato del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), la antigua guerrilla reconvertida en partido político tras los acuerdos de paz de inicios de 1990, que sacaron a El Salvador de una cruenta guerra civil.

El triunfo de Funes generó grandes expectativas: la izquierda ortodoxa y sectores conservadores lo veían como el avance del llamado Socialismo del Siglo XXI que promueve el presidente venezolano Hugo Chávez, mientras que para sectores moderados significaba el inicio de un proyecto social demócrata en la región.

Lo cierto es que la Administración de Funes ha sido peculiar: marcó distancia de la izquierda de Chávez y se acercó a la del brasileño Luiz Inácio Lula Da Silva; enfrentó a los barones del partido que lo sentó en el poder y se distanció de la cúpula del FMLN; mantuvo y recrudeció las políticas de mano dura que desarrollaron los gobiernos conservadores de la Alianza Revolucionaria Nacionalista (ARENA); saludó con beneplácito el triunfo de Barack Obama y más tarde viajó a la Cuba de Fidel Castro.

Para el analista político salvadoreño Antonio Martínez Uribe, el gran logro de Funes en su primer año de Gobierno es haber marcado la distancia con el FMLN, no convertirse, como muchos pensaban, en el títere de una organización política que por 20 años ansió el poder en El Salvador. Martínez Uribe explica, sin embargo, que Funes debe mantener su alianza con el FMLN para impulsar los cambios sociales necesarios en un país carcomido por la pobreza y desangrado por una criminalidad que lo ubican entre los países más violentos del mundo.

Martínez conversó con Confidencial en Managua, durante un encuentro sobre seguridad organizado por el Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas (IEEPP). El analista, quien también trabaja en el Centro Nacional de Investigación en Ciencias Sociales del Ministerio de Educación salvadoreño, critica en esta entrevista la política de mano dura de Funes, pero afirma que en un país como El Salvador, a veces es necesaria “una dosis de represión”.

¿Por qué el presidente Mauricio Funes que encabeza un gobierno que se autodenomina progresista, impone ahora una ley que recuerda las políticas de mano dura de los anteriores gobiernos conservadores? El presidente Funes se encontró con una situación muy grave cuando toma la silla presidencial. El presidente tarda cierto tiempo para tomar una decisión. Su primera decisión fue darle mayor participación a las fuerzas armadas en el combate a la delincuencia. Eso ya lo venía

haciendo ARENA desde 1993, violando los acuerdos de paz. Esa tendencia se mantuvo con todos los presidentes de ARENA, que no logran o no quieren controlar el problema, de tal manera que esto aumentó a tal grado que hay un determinado momento en el periodo de Antonio Saca que se dice que una nueva guerra civil ha comenzado en El Salvador.

Usted dice que no hay interés de controlar la delincuencia, ¿por qué? ¿Acaso se ha convertido el tema de la seguridad un tema económico, de negocios, como pasó en Colombia?

Sí, sí. Entre las medidas para combatir la delincuencia está la prohibición de la venta de armas. En El Salvador hay medio millón de armas circulando ilegalmente. ¡Imagínese qué increíble! Y eso los gobiernos de ARENA no lo han querido controlar, mientras muchos de sus representantes siguen manejando el negocio de la venta de armas. Pareciera que hay ciertos intereses creados para no tomar este tipo de medidas, que han sido propuestas por el FMLN antes que llegara Funes. Cuando él llega a la presidencia se tarda seis meses en darle mayores atribuciones a las fuerzas armadas, no las saca de la vía pública, sino que las involucra más. Sin embargo, no logra controlar el fenómeno y lo que queda es una mayor represión por medio de acciones legales. En ese esfuerzo el FMLN lo acompaña, porque la situación se torna bastante grave y la verdad es que cuando eso sucede los Estados y los gobiernos no tienen otra medida que acudir a la represión y la violencia.

Sin embargo, organizaciones civiles afirman que esta ley, además de violar derechos humanos, puede empeorar la situación. ¿Cree que es una medida positiva, que va a solucionar el problema?

Definitivamente que no lo va a solucionar. Ahora se está haciendo algún tipo de estadística que dice que de 14 muertos diarios ya tenemos nueve. Llevar una estadística de ese tipo es equivocado, porque que haya nueve muertos diarios sigue siendo muy grave. El Ministro de Defensa decía que la delincuencia está desbordada, a pesar que algunos periódicos de derecha dicen que ésta ha bajado y que eso se debe a la participación de las fuerzas armadas de El Salvador. Eso no es así. Cuando afirmamos eso estamos diciendo que el resto del aparato del Estado no ha tenido capacidad de resolver el problema en todos estos años.

Bueno, ésa es la contradicción: el FMLN repite las medidas de los gobiernos conservadores.

Sí, y eso es terrible. Yo he criticado esa medida no sólo porque involucró más a los militares, sino porque en determinado momento el presidente Funes pedía que los militares tuvieran las mismas atribuciones que los policías. Propone medidas mucho más represivas que las que tomó el gobierno de ARENA.

¿Está preparado este gobierno para asumir un problema tan grave en El Salvador?

Creo que la situación es grave. Se sabe que hay grupos secretos de exterminio que elevan el nivel de violencia. Si bien la situación es grave, sectores derechistas, golpistas, extremistas han llevado ese fenómeno a niveles tan altos para decir que Funes no puede gobernar. Ellos han tomado esa línea para demostrar que el gobierno es incapaz.

La realidad está en las calles y la sufre el salvadoreño común: pandillas secuestran e incendian buses llenos de pasajeros, decapitan a personas, sitian la capital.

Sí, así es. Es muy grave. Lo que pasa es que hay sectores del país que no quieren que las políticas contra la delincuencia den resultados.

Las encuestas muestran que el presidente Funes tiene una popularidad altísima, hasta del 70%, pero también lo aplazan en el manejo de la violencia.

Creo que cuando la situación está tan desbordada, hay que tener una cuota de represión. Lo malo de la cuestión es que esa cuota de represión no puede estar en manos de militares, porque la situación puede empeorar. Ya han aparecido militares muertos como represalia de las pandillas, o de los sectores que están involucrados, ante la presencia de los militares. Creo que hay que poner una dosis de represión civilizada, que descanse en las manos del sistema de justicia del país y de la Policía Nacional Civil, pero al mismo tiempo hay que hacer planes masivos en materia de salud y educación.

¿El Salvador está viviendo una nueva guerra civil, como usted dijo?

Así se decía hace tres años. Algunos analistas la llaman guerra social, la guerra civil se terminó a partir de los acuerdos de paz de 1992. Lo que hay ahora es una suerte de anomia social: amplios sectores de la población no reconocen la legalidad estatal o no la conocen o la violentan a propósito para generar anarquía. Si en algo hemos fracaso después de los acuerdos de paz es en construir Estado de Derecho.

 

Comentarios

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Luis Bonilla

ARENA: Alianza Republicana Nacionalista

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