“Somos siete diputados. Somos quienes decidimos hacia dónde puede ir la agenda de la Asamblea Nacional. Ésa es la realidad”. Una mañana de la semana pasada, mientras el Plenario de la Asamblea bullía con la discusión de la propuesta presupuestaria del Gobierno, el diputado Ramiro Silva explicaba a Confidencial la “estrategia” que ha hecho de ese pequeño partido llamado ALN una bancada de peso político en el parlamento: Han sido los siete diputados de ALN quienes en varias ocasiones han puesto en jaque a la oposición e inclinado la balanza para complacer al oficialista FSLN.
“Así es, así es”, responde Silva cuando se le pregunta si hay un acuerdo entre su partido y el Frente Sandinista a la hora de votar las leyes que le interesan al oficialismo, aunque inmediatamente afirma que “también hemos tenido acuerdos con la Bancada Democrática y el PLC”. ¿A cambio de qué se dan esos arreglos con el FSLN? Silva prefiere obviar la pregunta y corre a criticar a las otras bancadas liberales, de las que el ALN parece férrea opositora.
“La Bancada Democrática sigue la estrategia del PLC, que está buscando una excusa para terminar de amarrarse con el FSLN. Nosotros no queremos hacer lo que diga el PLC, queremos seguir valorándonos como siete diputados. Nuestra estrategia va a ser siempre no seguir lo que le interesa al PLC”, dice Silva.
Ramiro Silva es un hombre bajo y regordete, ha perdido la visión en un ojo y tartamudea al hablar. Silva se enorgullece al decir que sigue viviendo en el mismo barrio que habitaba antes de ser diputado, Loma Linda, y al decirlo pareciera que se está frente a un hombre sin mayores ambiciones, pero para algunos diputados de oposición, es un político de cuidar. Uno que junto a sus compañeros ha sabido valorar su capacidad de voto en la Asamblea Nacional. A Silva lo han llamado “mercenario político” y “zancudo”, pero a él parece que no le preocupan los adjetivos. “Cuando querés desacreditar a alguien porque no hace lo querés, lo tratás de esa forma”, dice.
Ramiro Silva fue electo diputado por la Alianza Liberal Nicaragüense, el partido dirigido por el ex candidato presidencial Eduardo Montealegre, que en las elecciones de 2006 participó en alianza con el ahora fragmentado Partido Conservador. En septiembre de 2007, Silva anunció su salida de ALN afirmando que sufría “atropellos y discriminación” y acusando a la organización política de ser un partido de “cheles y sabios”. Silva culpó directamente a Montealegre por su salida, ya que éste, explicó, no hizo nada para evitar la “discriminación”.
Golpe a la oposición
En febrero de 2008 el Consejo Supremo Electoral (CSE) decidió, arbitrariamente, quitarle a Montealegre la presidencia legal de ALN, favoreciendo al diputado Eliseo Núñez Hernández. En ese momento Silva coqueteaba con la recién creada Bancada por la Unidad Nicaragüense (BUN), pero en mayo de 2009, Silva anunciaba su regreso a ALN, esta vez convertido en una bancada minoritaria. Desde entonces, los siete diputados de ese partido son señalados de estar al servicio de las necesidades del FSLN en la Asamblea Nacional.
El 18 de mayo pasado, las bancadas opositoras en la Asamblea Nacional acordaron no asistir al Plenario para no hacer quórum mientras no se lograron los 47 votos necesarios para derogar el llamado “decretazo” emitido en enero por el presidente Daniel Ortega. Sin embargo, tres diputados de ALN asistieron a la convocatoria (Ramón Macías, Francisco Jarquín y el suplente de Carlos García, Francisco Sánchez), lograron que el FSLN hiciera quórum y apoyaron la votación de iniciativas de interés para el oficialismo.
A mediados de octubre, los diputados Carlos García, Enrique Quiñónez, Ramón Macías y Francisco Jarquín, hicieron nuevamente quórum a favor del FSLN, a pesar de que había un acuerdo entre las bancadas opositoras de paralizar la Asamblea hasta que el presidente de la misma, René Núñez, declarara nula la publicación en La Gaceta de una versión de la Constitución que incluía todas las reformas elaboradas en los últimos 20 años.
Y a finales de octubre, en una sesión parlamentaria de urgencia convocada por Núñez a petición del presidente Ortega, los diputados de ALN aprobaron la reforma presupuestaria que incluía un aumento de mil 207 millones de córdobas de las recaudaciones para supuestamente atender la emergencia causada por las intensas lluvias que azotaron el país. El FSLN logró 52 votos, incluyendo los de ALN.
“Fue por el tema de la emergencia”, se defiende el diputado Silva. “Votamos para aprobar préstamos en beneficio de la ciudadanía. No queremos ser irresponsables y caer en el juego de la politiquería”, agrega.
Las excusas de ALN
Los diputados de ALN consultados por Confidencial usan la misma excusa para explicar su comportamiento en la Asamblea Nacional. Niegan ser una bancada al servicio del FSLN y hasta acusan a los medios de comunicación de “orquestar” una campaña en su contra.
“Decime qué leyes políticas hemos votado con el Frente”, espetaba el miércoles el diputado Carlos García. “Aquí hay manipulación de algunos medios de comunicación, el ataque es contra ALN. Hay una campaña orquestada por algunos medios”.
Ramón Macías dijo que su voto y el de sus compañeros ha ido a favor de leyes “que benefician al país” y no a iniciativas políticas que benefician al Frente Sandinista. “Cuando éstos (las otras bancadas liberales) le quieren torcer el brazo al Frente, nos llaman zancudos y traidores porque votamos leyes que benefician al país. Yo quiero que me digás sin son leyes políticas: el Presupuesto no es una ley política, era un Presupuesto de emergencia. Nunca hemos apoyado al Frente en una ley que viole la Constitución”, explica.
En busca de más poder
* Dispuestos a negociar directamente con el FSLN y lograr cuotas de poder en importantes instituciones del Estado
La semana pasada crecían los rumores de un posible acuerdo político entre el PLC y el FSLN para elegir a 25 funcionarios públicos de importantes instituciones del Estado. Los ojos de los periodistas parlamentarios se dirigieron hacia los diputados de ALN y el papel que van a desempeñar en este nuevo capítulo de la turbulenta vida política nicaragüense.
Hasta ahora las negociaciones han estado en punto muerto por las intrigas entre la oposición, las prohibiciones impuestas en los llamados acuerdos de Metrocentro y el desgaste político en la Asamblea Nacional y otros poderes como la Corte Suprema. Los diputados de ALN firmaron los acuerdos de Metrocentro, en los que la oposición se comprometió a no reelegir a los actuales magistrados del Consejo Supremo Electoral, encabezado por el controvertido Roberto Rivas, a quien se le acusa de fraguar el fraude masivo denunciado en las elecciones municipales de 2008.
En entrevistas con Confidencial, cuatro diputados de ALN afirmaron que no apoyarían la reelección de Rivas, aunque confirmaron su disposición a negociar directamente con el FSLN y lograr cuotas de poder en importantes instituciones del Estado. Según Ramiro Silva, la ALN aspira a lograr un miembro en la Contraloría General de la República, un magistrado en el Consejo Electoral, además de la Procuraduría de Derechos Humanos.
Ramón Macías es uno de los diputados de ALN que está dispuesto a una negociación con el FSLN a cambio de cuotas de poder. Así lo afirmó la semana pasada, mientras el ministro de Hacienda Alberto Guevara explicaba ante el Plenario el proyecto de presupuesto del Ejecutivo y la diputada Ana Julia Balladares dejaba su curul mientras decía, con pereza: “Me estoy durmiendo, voy a traer aquí una cama para acostarme”.
“Si hay elección de magistrados, nosotros vamos a reclamar nuestro derecho como fuerza política. Tenemos nuestros candidatos y estamos esperanzados a que se tomen en cuenta a la hora de elegirlos, porque aquí estamos hablando de cuotas políticas y nosotros estamos reclamando nuestras cuotas”, decía Macías.
“Si en un momento hay que sentarse con el FSLN a negociar, nosotros no tenemos ningún problema. Eso sí, no creo que ninguno de nosotros nos vayamos a tirar al abismo sin paracaídas. Si hay una negociación vamos a mantener firmes nuestros cargos. Mientras no estemos sentados en la mesa de negociaciones no podemos decir que sí (votar por magistrados como Rivas). Si nos garantizan nuestras cuotas puede ser que sí”, afirmaba por su parte Ramiro Silva.
“Aquí los nombramientos se van a seguir haciendo por acuerdos políticos”, agregaba el diputado Francisco Jarquín. “Aquí se va a dar un acuerdo entre quienes ajusten los 56 votos. Apostamos a una negociación en la que consideramos que haya tres magistrados liberales y un candidato de consenso que pueda inclinar la balanza”, explicaba.
“Si se mantiene Roberto Rivas dentro de las cuotas del FSLN, a mí no me importa”, decía Jarquín. “Si el Frente va a elegir con ellos no los podés estar vetando. Nosotros siempre hemos estado dispuestos a las negociaciones, porque lo más importante aquí es sentarse a negociar”.
“No estamos interesados en reelegir a Rivas”, decía el diputado Carlos García, “pero esto es una cuestión de números: si ellos (PLC) logran los 56 votos, el pueblo los va a juzgar. Eso sí, de brazos cruzados no nos vamos a quedar”, sentenciaba.
