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Siesta en la Reserva Federal

“Wall Street 2: El Dinero Nunca Duerme”
(Wall Street 2: Money Never Sleeps)
Dirección: Oliver Stone
Duración: 2 horas, 13 minutos
Clasificación: * * (Regular)

Juan Carlos Ampié | 24/10/2010

La primera vez que vimos a Gordon Gecko, el magnate de “Wall Street” (1987) proclamaba “¡la codicia, por falta una mejor palabra, es buena!”. El director Oliver Stone lo concibió como una siniestra figura mefistofélica, peleando contra el buenazo de Martin Sheen – haciendo de sindicalista, para más claridad moral - por el alma de su hijo Charlie, un inocente corredor junior. La película le pasó la cuenta, pero el carisma de Michael Douglas y la interpretación selectiva de la audiencia lo convirtió en una especie de héroe de los 80s, cuando los grandes especuladores de bolsa eran aclamados como “maestros del universo” en la fiebre de los años “reaganómicos”. Quizás Gordon mordió el polvo al final, pero triunfó en la corte de la opinión pública al convertirse en el elemento mas memorable de la película.

Han pasado 23 años, y el panorama se ve preñado de posibilidades para otra harenga anti-capitalista del combativo Stone. Es muy atractiva la premisa de sacar a Gecko de prisión a un Nueva York post-debacle hipotecaria, post-Greenspan post-Madoff y un interminable etcétera. También hay nuevos inocentes que corromper: Jake Moore (Shia LaBeouf) es un ambicioso corredor de bolsa, comprometido con Winnie (Cary Mulligan), la hija de Gecko que ha cortado toda comunicación con el padre, a quien culpa de la debacle de su familia. Pero parece que los años en la sombra han amansado al tiburón. Gecko ahora solo trafíca en su notoriedad, escribiendo libros que predican responsabilidad fiscal. El peso de la villanía corre por cuenta de Bretton James (Josh Brolin), dispersando rumores que destruyen la firma de Louis Zabel (Frank Langella), el mentor de Jake. Cuando el hombre se ahorra la ignomínia de enfrentar la bancarrota lanzándose frente a un tren subterráneo, Jake quiere venganza. ¿Y que mejor profesor en esas artes oscuras que su suegro?

En todo este tiempo, la realidad ha superado a la ficción. La sección económica de los periódicos es mas entretenido que la película. Quizás preocupado por aburrir a sus espectadores con demasiadas escenas de gente tecleando furiosamente sobre sus computadoras, ladrando “¡vende!…¡compra!” por el teléfono o haciendo presentaciones de power-point, Stone crea constante estímulo visual. Animaciones convierten la silueta de rascacielos en gráficos de desempeño. Las bandas de información accionaria se proyectan sobre el rostro de los personajes. La pantalla se corta en paneles múltiples para seguir habladurías. Y en un momento crucial,  aparece por disolvencia la fantasmagórica imágen de un difunto. Todo esto es supérfluo e innecesario. Y justo cuando creía que Stone había agotado los trucos mas viejos del oficio, subliminalmente comenta sobre la burbuja hipotecaria...con un grupo de niños haciendo pompas de jabón en el fondo de una escena.

La sutileza nunca ha sido una de las virtudes del director. Pero sus películas solían compensar con energía demencial, y en el mejor de los casos, sorpresivas reservas de empatía. Nunca me hubiera imaginado que, por ejemplo, su “Nixon” (1995) pintara al caído ex presidente como una figura trágica. Pero no hay nada de eso aquí. Con “Wall Street 2”, quizás por primera vez, Stone se expone como un cineasta agotado y envejecido, luchando por mantenerse “actual”. Desde el casting de LaBoef – ya puesto en evidencia como inadecuado para heredar el sombrero de Harrison Ford en “Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal” (2008) - hasta las superfluos amagos de acción – ¿de veras necesitamos una carrera de motos entre Bretton y Jake para ilustrarnos la rivalidad? - Stone parece un viejo narrador luchando infructuosamente por mantener su historia interesante para los muchachos de ahora.

La verdadera atracción está en lo márgenes. Brolin se roba la película como el faux-Gecko. Uno quisiera que la película botara a los blandengues veinteañeros para dedicarse a un genuino duelo de inmoralidad entre los adultos. En la única línea memorable del filme, Douglas le dice tersamente “deja de decir mentiras sobre mi, y dejaré de decir verdades sobre vos”. Susan Sarandon brilla en un par de escenas como la madre de Jake. Aunque le han asignado el ingrato papel de representar a la clase trabajadora que infló la burbuja hipotecaria comprando casas que no podía pagar, la actriz esconde reconocible experiencia de vida en sus súplicas por dinero. A la par de ella, el hijo y la nuera parecen manequíes. Y el problema conceptual de la primera parte vuelve a manifestarse. Todo apunta a que este mundo es corrupto, malo y vacío. Pero la fotografía de Rodrigo Prieto lo pinta irresistible. Y después de un (in)esperado giro dramático, Douglas vuelve a demostrarnos por unos momentos que si de él depende, la decencia simplemente no tiene chance. 

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