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Muertes Grandes y Pequeñas

“Violines en el Cielo”
(Okuribito)
Dirección: Yojiro Takita
Duración: 2 horas, 10 minutos
Clasificación: * * * (Buena)

NOTA: La película se presenta exclusivamente en Cinemark, en tandas de 8:50 pm

Juan Carlos Ampié | 3/10/2010

Fue una semana funesta en Hollywood. El lunes, la actriz Gloria Stewart, con 100 años de edad, partió a conocer a los verdaderos pasajeros del Titanic. El martes, Sally Menke, la gran editora de Quentin Tarantino, salió a pasear por el Griffith Park en el día mas caliente del año. La encontraron sin vida al día siguiente, con su fiel perro resguardando su cuerpo. El miércoles, Arthur Penn, director que trajo a América la energía de la nueva ola francesa con “Bonnie & Clyde” (1967), sucumbió a un infarto. El jueves, el legendario galán Tony Curtis se fue a acompañar a Jack Lemmon y Marylin Monroe, sus compañeros de “Some Like It Hot” (Billy Wilder, 1957). Esta fue la peor semana– o la mejor –  para ver “Violines en el Cielo”, la ganadora del Óscar a Mejor Película en Lengua Extranjera del 2009. Sí, es sobre la muerte. Pero de buena manera.

Daigo Kobayashi (Masahiro Motoki) toca el violoncello en la orquesta clásica menos exitosa del Japón. Cuando su empleo se desvanece en el aire, decide abandonar la música y volver a su pueblo natal con su esposa (Rioko Hirosue). Un evasivo anuncio clasificado lo lleva  la agencia NK. Él cree que será guía turístico, pero el negocio involucra a un tipo inesperado de viajero: su eventual jefe, el Sr. Sasaki (Tsutomu Yamazaki), prepara a los difuntos en una ceremonia tradicional que se ejecuta frente a los deudos. Horrorizado y fascinado en partes iguales, Daigo toma el empleo callando en casa su verdadera naturaleza. La secretividad parece ser implementada para proveer a la película con una eventual crisis. Al mismo tiempo, Daigo tiene que lidiar con el bagaje emocional de la muerte de su madre, y la ausencia del padre que lo abandonó siendo un niño. Esa es otra crisis, mas natural, que también reventará.

Por qué en español se llama “Violines en el Cielo” cuando el protagonista toca el violoncello es un misterio que solo el distribuidor puede aclarar. Y por qué se presenta en el Cinemark casi clandestinamente, sin publicidad alguna, es una oportunidad perdida. Pareciera que no quieren que nadie la vea. Es un destino que el filme no merece. Se llevó el Óscar a Mejor Película Extranjera, frente a filmes mas innovadores y atrevidos, como el docu-drama isralí en dibujos animados “Waltz with Bashir” (Ari Folman, 2008), o “Entre les Murs” (Laurent Cantent, 2008), película francesa ganadora de la Palma de Oro en Cannes.  Al ver “Violines...”, la sorpresa de la Academia deja de serlo. El “gran sueño” es, después de todo, universal. Aunque el tema suena siniestro, el tono es ligero y ocasionalmente cómico. Las costumbres japonesas, exóticas para los occidentales, se muestran en términos accesibles. La partitura musical toca las notas necesarias para exaltar las emociones. La muerte es protagonista, pero se ensalza la vida con reconfortante frecuencia.  De hecho, a veces en demasía. Podríamos habernos ahorrado las tomas panorámicas de Daigo retomando su instrumento en pintorescas montañas. Prepárese, porque va a reir y a llorar.

Por suerte, con frecuencia esas risas y lágrimas son merecidas. Motoki ofrece una actuación cómica de admirable control, y cuando debe pasar a clave dramática, lo hace sin llamar la atención. Yamazaki, mejor conocido por las clásicas comedia de Juzo Itami, tiene una gran presencia. Cuando Daigo se resiste a abandonar su empleo, a pesar de crecientes presiones, es comprensible no sólo por el orgullo que han encontrado en su oficio, sino en el peso emocional del vínculo filial que ha establecido con esta contundente figura paternal. Y esta relación se establece sin grandes declaraciones, sólo a través de la interacción natural de los personajes. Uno quisiera que Yamazaki tuviera mas tiempo en cámara, pero esta es, a fin de cuentas, la historia de su pupilo.

Bajo el afán de complacer, hay algunas ideas realmente intrigantes. Además de la inexorable desaparición física, la película cristaliza las pequeñas muertes que se experimentan día a día. Al renunciar a su carrera musical, Daigo sepulta al hijo ideal que sus padres deseaban.  La ceremonia fúnebre se percibe como una costumbre en peligro de desaparecer, así como los baños tradicionales que una vecina se resiste a vender para darle paso a unos condominios. La cultura y los modos de vida también se extinguen. En cada funeral que los agentes de NK visitan, se ejecuta un pequeño drama familiar sobre esperanzas y expectativas disueltas por  el curso de la naturaleza. Secretos, rencores, reclamos, sueños y declaraciones de amor...como dos benignos ilusionistas, Sasako y Daigo las conjuran y desvanecen en su solemne ritual. Se siente como la mejor manera de irse.

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