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Rehenes de la lucha de clases

“Chance”
Dirección: Abner Benaim
Duración: 1 hora, 30 minutos aprox.
Clasificación: * * * (Buena, recomendada con ciertas reservas)

Juan Carlos Ampié | 29/8/2010

Parece que estamos en la primavera del cine centroamericano. Meses después del estreno de “La Yuma”, llega “Chance”. La película de Abner Benaim, una coproducción panameña-colombiana, fue un éxito de taquilla en ambos paises. En Panamá, donde se registra oficialmente su nacionalidad, su estreno desbancó a “Avatar” (James Cameron, 2009) del tope de la taquilla. El destrone ocurrió en la quinta semana de exhibición del lujoso producto de Hollywood, pero el triunfo simbólico va a tono con la vena populista del filme y el afán reinvindicatorio de las cinematografías emergentes. 

Breves escenas retratan la rutina de la familia Sánchez Dubois y sus sirvientas. El padre (Francisco Gattorno) es un político vacío y rimbombante. La madre (Isabella Santodomingo) es una ama de casa en clave de arpía, dedicada a todo menos su casa. Las gemelas adolescentes (Maria Cristina y Maria Alejandra Palacios) son princesas de su escuela. El hijo menor (Juan David Valdéz) es el único que aún no se ha visto totalmente corrompido por la frivolidad y el consumismo, aunque no está por encima de orinarse voluntariamente fuera del inodoro. Ese desastre será reparado, como tantos otros, por las sufridas Toña (Rosa Isabel Lorenzo) y Paquita (Aida Morales). Ellas trabajan sin descanso y al crédito. Tienen tiempo de no recibir su salario. Paquita, desesperada por enviar la remesa a su hijo en Colombia, insiste en recibir lo propio en la víspera de un viaje de “shopping” a Miami. Por supuesto que lo que recibe es desdén y condescendencia. Así, decide hacer algo drástico. Los Sánchez Dubois nunca llegan al aeropuerto. La servidumbre secuestra a los señores a punta de pistola. Para recuperar su libertad deben pagar lo que deben, y con creces.

La película se burla de las telenovelas con un chiste recurrente que se derrama incluso a los créditos finales, pero la caracterización primaria de sus personajes no dista mucho de las demandas de esos productos televisivos. Los ricos son malos, los pobres son buenos. Cuando se desata la violencia, “Chance” abre la puerta a posibilidades más interesantes y complejas. Las simpatías del espectador se complican, cuando los mártires se comportan como villanos y los perversos sufren como víctimas. Por unos intoxicantes, incómodos momentos, “Chance” parece una versión tropical de “Funny Games” (Michael Haneke, 1997-2007).

Pero el guión de Benaim y Lino Georg Von Saenger recuerda que no puede retar mucho a la audiencia. Tiene que agradar de todas las maneras esperadas. Poco a poco, las cosas vuelven a simplificarse.  La trama da bandazos entre la complejidad y la complacencia, pero al final se compromete con el populismo taquillero. Las implicaciones morales de la retribución de Paquita y Toña se barren debajo de la alfombra. Los recursos cómicos más pedestres desfilan: chistes a costa de Toña por su obesidad, travestis y homosexuales utilizados como alivio cómico. Enfrentadas al closet de la señora, Paquita y Toña desvían su atención, contra toda credibilidad, en un repentino desfile de moda al mejor estilo de “Sex & The City”. “Chance”, que quiere denunciar la hipocresía de la clase dominante, termina mendigando risas a costa de sus heroínas y las minorías.

En términos visuales, la película maneja un lenguaje sencillo. Ocasionales tropezones de visualización y edición comprometen el ritmo de algunas escenas. Pero Benaim tiene buena mano con sus actores, y cuando las oportunidades surgen, las aprovecha. Aida Morales hace que el empoderamiento de la mansa Paquita sea gracioso y escalofriante a la vez. La rigidez inicial de Isabella Santodomingo cede gradualmente, a medida que el mundo de “la señora Gloria” se derrumba, convirtiéndose sorpresivamente en el personaje más interesante de la película.

El cubano Gattorno, veterano de la industria televisiva mexicana, es un buen deportista. De hecho, es un pequeño milagro que un reparto multi-nacional de diversos grados de experiencia, funcione tan cohesionadamente como éste. Eso, y los coqueteos con el lado oscuro de la lucha de clase, delatan a Benaim como un cineasta a seguir.

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