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De la inmortalidad del cangrejo

Fernando Alemán Malespín | 24/8/2010

Desde el punto de vista epistemológico la inmortalidad del cangrejo es el primer dogma del pensamiento occidental, es el tema de reflexión más sublime de la filosofía universal, que ha alimentado las más complejas y simples teorías tanto de las amas de casa estándar así como las del gobernante, teólogo, modelo, escritor, artista u opinólogo más renombrado. En nuestro país, por ejemplo, durante muchos años la inmortalidad del cangrejo ha ocupado un lugar de primer orden que ha relegado a otros temas como el origen del universo o la dialéctica hegeliana a las mazmorras del pensamiento filosófico. Las paradojas que presenta son dignas de análisis por parte de la lógica, la retórica más avanzada, así como también para el comentario futbolístico y la catarsis habitual de las redes sociales. Pensar en la inmortalidad del cangrejo es deporte nacional e internacional reconocidísimo. Toda ama de llaves, empleada o dueña de casa que se precie de tal cuenta con un completo arsenal axiomático que le permite pasar largas horas buscando respuesta a esta cuestión tan apasionante como las pruebas de la existencia de Dios de Santo Tomás de Aquino o el precio de la verdura en el supermercado, todas ellas llenas del más precioso onanismo mental.

Para los pensadores dueños de neuronas entumecidas por la religión, así como para los blogueros nicaragüenses amos del pensamiento crítico cuya base reside precisamente en esta filosofía justo antes de cualquier entrada, la inmortalidad del cangrejo constituye una de las pruebas fehacientes del diseño inteligente, pues Dios (ese ser vanidoso al que le debemos alabanza y gratitud, según el libro inventado por quienes lo inventaron) eligió con sabiduría dotar del rasgo de inmortalidad a un ser superior como el cangrejo (señalado como superioriscangrejae en latín) en detrimento de una especie imperfecta como el ser humano. Puede que esté muerto, que sus hijos lo hayan devorado, que el mar lo guarda en el fondo oscuro, pero cada vez que lo nombramos el cangrejo continúa su existencia. Un día de estos almorcé sopa de punche. Cuando los vi en el plato me pareció que estaban muertos y ahorita que los menciono no sé porqué, siento que algo me camina en el estómago.

Otro significado se basa en que, como el cangrejo no tiene conciencia de sí mismo, todos los cangrejos son, desde el punto de vista de quien los ve, el mismo. Son iguales, saben lo mismo, hacen lo mismo. No hay ningún conocimiento que permita a un cangrejo ser distinto al otro, por lo que todos son uno. Debe haber alguna especie de cangrejos a los que nunca se ha visto morir naturalmente, por tanto la expresión también alude a su suicidio. ¿En qué se basa, según usted, la inmortalidad del cangrejo? La respuesta parece simple: dentro de su conchita el cangrejo se reproduce, luego es devorado por su hijo y  éste lo reemplaza. Es lindo de tu parte que pienses así pero no, la inmortalidad del cangrejo se basa en que el cangrejo no tiene conciencia de sí mismo, y por lo tanto, tampoco tiene conciencia de que su existencia acabará. Desde su punto de vista, y para todo efecto práctico, el cangrejo es inmortal. Me asalta una duda: en Semana Santa se habla mucho de la inmortalidad de Jesús; aquí se dice que los cangrejos son inmortales. ¿Eso quiere decir que Jesús es un cangrejo? Yo creo que no le da la gana morir y es divertido, quijotesco y hasta revolucionario llevar la contraria ¿No crees? Cada vez que se le menciona lo hacemos inmortal, en ello radica ese estado. Pero bueno, usted no sólo siéntase indignado por haber leído semejante texto, tenga presente siempre que hay gente que cree que está pensando cuando en realidad está reordenando todos sus prejuicios, pero  igual haga algo al respecto.

Blog de Fernando Alemán: www.infortuniosliterarios.blogspot.com

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