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Sensibilidad por Shock
“Preciosa”
(Precious: Based on the Novel Push by Sapphire)
Dirección: Lee Daniels
Duración: 1 hora, 49 minutos
Clasificación: * * (Regular, recomendada con ciertas reservas)
Foto: Claireece Precious ¿Que hacer con una película como “Precious”? Si nos dejamos llevar por la Academia, la respuesta es inundarla de premios. Recibió 6 nominaciones al Óscar, incluyendo Mejor Película. Geoffrey Fletcher hizo historia como en el primer afro-americano en ganar la categoría de mejor guión. La comediante Mo’nique fue la pre determinada ganadora de mejor actriz de reparto – y se llevo el premio equivalente en cada ocasión posible. La modesta producción independiente conquistó como padrinos a dos íconos de la cultura negra norteamericana: la empresaria mediática Oprah Winfrey y su equivalente masculino, Tyler Perry, quienes se materializaron como productores del filme después de su finalización, para garantizarle distribución. No podría haberle pasado a una película más masoquista.
La acción se desarrolla en el Nueva York de 1987. Claireece Precious Jones (Gabourey Sidibe) es una obesa adolescente que camina por la vida encerrada en si misma. Y con buena razón. Es la única manera de sobrevivir a su infernal vida familiar. Tiene un bebé por el abuso sexual de su padre. Su madre, Mary (Mo’Nique), la martiriza con violencia física y verbal. En la escuela es virtualmente invisible para los demás. Nadie parece enterarse de que es casi analfabeta. Usa todas sus energías en escapar a inocentes fantasías de celebridad. A veces se ve en el espejo como una muchacha flaca, rubia y blanca. Una luz aparece en el final del túnel: expulsada de su escuela convencional por un segundo embarazo, Precious es enviada a una institución especial donde cae bajo la influencia positiva de la profesora Rain (Paula Patton). Pero para superarse, tendrá que escapar de la espiral de horror de su madre.
No dudo que existan muchas “Preciosas” por ahí. Es difícil no conmoverse, o escandalizarse, ante la acumulación de vejaciones impuestas en la protagonista. Para generar el mayor shock posible, las circunstancias se pintan con la brocha más gorda. El director Lee Daniels trafica en los peores estereotipos raciales - ¿deberían aceptarse cuando el artista que los utiliza pertenece al principal grupo ofendido? -. La monstruosa Mary es una “welfare queen”, la mujer pobre y negra que nunca busca trabajo porque prefiere pasar sentada en el sofá viendo tele-basura y devorando comida chatarra. Es la misma caricatura que los detractores de la beneficiencia social, con sesgo racista, esgrimen en contra de las políticas de asistencia. En el otro extremo está la beatífica Srta. Rain, que emana aire a santidad. Los personajes van de la mano con el material y su tratamiento.
No hay manera discreta o bonita de mostrar el abuso y la violencia, pero no se trata de decisiones estéticas. Más que explorar la dimensión humana de la pobreza urbana, el racismo, la falta de oportunidades y cualquiera de los problemas sociales a los que alude, el director quiere adular a la audiencia, sirviendo una historia “inspiradora”, de esas que “enaltecen el espíritu humano”. Preciosa es crucificada para que nosotros nos sintamos como mejores seres humanos.
Pero no puedo desestimar completamente la película. En la narración en primera persona de su protagonista, el guionista Geoffrey Flecther establece una personalidad distintiva. Y la debutante Gabourey Sidibe vuela con ella, para revelarse como un talento de consecuencia con tan sólo un papel en su haber. La comediante Mo’Nique justifica todos los premios que se llevó, infundiendo humanidad en el monstuo irredento que se le ha servido. Y Mariah Carey brilla en el pequeño papel de una abrumada trabajadora social. La cantante que hasta ahora se ha distinguido por ser una pésima actriz convence, desglamorizada, como una agotada burócrata dedicada a administrar pobreza y dispensar compasión con puño de hierro. Si tan sólo la película fuera tan honesta como ellas.

