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Alicia, por las armas

“Alicia en el País de las Maravillas”
(Alice in Wonderland)
Dirección: Tim Burton
Duración: 1 hora, 48 minutos
Clasificación: * * (Regular)

Juan Carlos Ampié | 8/3/2010

Raras veces hay una unión tan perfecta entre material y cineasta como en el caso de “Alicia en el País de las Maravillas” y el director Tim Burton. El colorido más allá de “Beetlejuice” (1988); la esquizofrenia amenazante de “Batman” (1989) y “Batman Vuelve” (1992); la inocencia casi infantil de “Edward Scissorhands” (1990) y “Ed Wood” (1994)...todo parece entrenamiento para acometer la versión cinematográfica definitiva de la novela de Lewis Carroll. Pero la sensibilidad del director no es la única fuerza gobernante. De hecho, palidece frente a la expectativa monetaria de los estudios Disney, que son los que pagan las cuentas. A esta “Alicia...” no le cortan la cabeza, pero si le ponen una espada en la mano y le arrancan el alma.

La adolescente Alicia (Mia Wasikowska) asiste a una fiesta en la pedirá su mano un ampuloso pretendiente. Todo el mundo sabe el objetivo de la reunión, excepto ella. Y todos dan por descontado que dirá que si. “Nunca conseguirás nada mejor que un Lord”, le dice solícita su hermana. De remate, el futuro suegro promete salvar a la familia de la indigencia, comprando la compañía que el padre de Alicia ha dejado en precarias circunstancias a su muerte.  Pero en el punto culminante de la ceremonia, ella huye tras los pasos apresurados de un conejo, hasta caer en un profundo agujero que la lleva a.... “La Tierra Inferior”. Cualquier atisbo de maravillas se ha echado a perder, bajo el ruinoso reinado de la Reina Roja (Helena Bonham Carter). Los personajes emblemáticos están ahí, pero como sobrevivientes de un apocalipsis. Y dudan de que Alicia sea la verdadera “Alicia”. Resulta que una profecía anuncia que solo ella puede destronar a la tirana y reinstaurar a la Reina Blanca (Anne Hataway),  matando al dragón Jabberwocky. Alicia no recuerda haber estado ahí. Y tampoco ve con buenos ojos que aquí también su futuro esté escrito. En el mundo real, está llamada a callarse y casarse. En este el mundo fantástico, debe convertirse en redentora. Lo que Alicia quiere saber es donde podrá hacer lo que ella quiera hacer.

Si mis recuerdos de los libros de Carroll y la adaptación animada de Disney (1952) no me fallan, la historia tiene que ver con la exasperación infantil al tratar de encontrar sentido en el mundo adulto. Descartar eso no es necesariamente malo. Al pasar de la página a la pantalla, los artistas tienen pleno derecho de reinventar a su antojo. Pero dudo que la propuesta del guión de Linda Woolverton ofrezca algo más interesante. No queda mucho  de la sátira social y la estructura episódica del texto. La audiencia masiva  no tendría paciencia para una narrativa de ese tenor. Por eso, la trama es reformulada como una historia de empoderamiento personal. Suena magnífico, pero la protagonista se convierte en la típica heroína de Disney, siguiendo un arco dramático familiar que es, en su predecibilidad, la antítesis de la naturaleza anárquica del original. No importa cuán asombrosa sea la visualización del director, la película es agresivamente convencional. Para cuando llega la lucha climática -  anunciada desde el inicio -  menos que un filme estamos en medio de un video juego, con la niña sensata convertida en guerrera.

Sin embargo, la imaginación de Burton florece dentro de las limitaciones. Hay toques magníficos por todas partes. Desde los metálicos soldados rojos hasta la apariencia roñosa de la Libre de Marzo. Los personajes generados por computadora son ingeniosas caricaturas, corporalmente sustanciales. Y ayuda mucho que los distribuidores no nos hallan impuesto una versión doblada. Las voces originales de actores como Alan Rickman, Timothy Spall y Michael Sheen son simplemente irremplazables. Johnny Depp roba protagonismo en un papel de reparto, como el Sombrerero Loco. Depp se transforma con maquillaje demencial, pero sobreviven a la tarea de balancear lo humano con lo grotesco. Pero lo mejor está en un limbo, entre lo humano y lo digital. Helena Boham Carter brilla como la volátil Reina Roja. Tiene una cabeza gigante sobre un cuerpo diminuto, con una cintura de avispa que apenas la sostiene. Fíjese en la escena en que confronta la traición de su caballero (Crispin Glover). Su ancho rostro proyecta emociones que la pantalla apenas contiene. Es...trágica. Mia Wasikowska, la joven revelación de la serie de HBO “In Treatment”, tiene todo el carácter para interpretar a un paradigma de sensatez en un mundo de locura.

Entre esos elementos, y la eficiente propulsión narrativa, es fácil distraerse de la cuestión de fondo. Estamos ante una gran oportunidad perdida. Esta “Alicia...” es una pálida sombra de sus antecesoras. Podrá atravesar con su espada al dragón, pero solo puede rendirse ante las demandas del mercado. La película es como el Gato de Cheshire. Encanta cuando aparece, y después, se desvanece poco a poco, sin dejar nada atrás.

Comentarios

1
Benjamin Wasigoosegg

No puedo jugar

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