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ESPECIAL: Comunidad amenazada

Peligro: desechos de guerra

* En Las Palomas, Ejército y PADCA-OEA han destruido más de 24,000 mil artefactos explosivos y municiones de todo calibre.
* Comunidades se dedicaban a sacar extraer artefactos y venderlos como chatarra, hasta que cuatro civiles resultaron heridos por charneles, en 2007.

Roberto Fonseca L. | 1/8/2010

COMUNIDAD LAS PALOMAS, SÉBACO.-- Diecinueve años atrás depusieron las armas  a cambio de una promesa de reinserción social. Un total de 120 desmovilizados de la Resistencia, entre ellos combatientes, correos y madres de caídos, fueron reubicados en la comunidad Las Palomas, entre Sébaco y Matagalpa, otorgándoles un título sobre 1,500 manzanas. La vida parecía sonreírles, pero poco tiempo después descubrieron que aquellos terrenos donde funcionaron almacenes camuflados del Ejército Popular Sandinista, están completamente contaminados de desechos de guerra.

“Dentro de la propiedad sólo quedamos 44 personas, el resto se ha estado yendo a la montaña para buscar cómo trabajar y sobrevivir. Aquí es difícil producir, donde vayas caminando te encontrás con artefactos explosivos, con bombas. Abundan, por eso tenemos temor de salir a trabajar porque no sabemos si vamos a regresar con vida. Nosotros hemos llevado una vida dura aquí”, relató David Velásquez, líder comunitario de Las Palomas.

Irónicamente, aunque la entrada a la comunidad está irónicamente a orillas de la carretera a Matagalpa, en el kilómetro 109, no disponen de agua potable, ni de aguas servidas. Tienen dos letrinas para la comunidad entera. Viven en champas construidas con ripios de madera y con plástico negro. Hasta tres familias en cada una, completamente hacinados.

Ellos, igual que los pobladores de dos comunidades vecinas (Villa Kokomo y Quebrada Honda), vieron en la venta de chatarra una oportunidad para sobrevivir y en los restos de los almacenes militares un enorme potencial. Así que por años se dedicaron a desmantelar cualquier estructura de hierro y, cuando se acabó, reorientaron esfuerzos y energías hacia los desechos de guerra: municiones, granadas, restos de morteros y esporádicamente, alguna mina antipersonal. Hasta que comenzaron a registrarse accidentes peligrosos.

En una ocasión, la señora Felícita Aguilar, buscando chatarra para venderla y alimentar a sus hijos, cayó en una especie de buzón y permaneció soterrada, hasta la altura del cuello, durante dos horas. La sacaron a la fuerza, tirándola del cabello. En otra ocasión, Magdalena García caminaba en busca de leña y se produjo un fuerte estallido debido a un incendio en la maleza, dejándola completamente sorda.

Y, finalmente el 9 de mayo del 2007, un grupo de pobladores de la comunidad de Villa Kokomo, aledaña a Las Palomas, buscaba chatarra en la zona donde estuvieron los almacenes militares y se produjo un estallido, dejando heridos con charneles a cuatro personas, entre los 12 a 20 años. El más afectado resulto Ariel Felipe Zamora, quien tuvo que ser operado para extraerle un charnel del estómago.

Carlos Orozco, coordinador del Programa de Asistencia al Desminado en Centroamérica (PADCA), de la Organización de Estados Americanos (OEA), reconoce que ese accidente –del que se enteraron por una emisora matagalpina—fue el campanazo sobre el tema de los desechos de guerra en Las Palomas.

Funcionarios y promotores de PADCA-OEA fueron al sitio, recogieron denuncias de los pobladores y compartieron la información con el Ejército de Nicaragua. Un componente del Cuerpo de Ingenieros se trasladó a la zona, pero pronto se dieron cuenta que la gravedad sobrepasaba las capacidades y la metodología utilizada por el cuerpo de zapadores militares.

“Nosotros incorporamos el caso de Las Palomas en nuestro portafolio de proyectos desde hace más de dos años, pero quedó relegado precisamente porque la priorización de los recursos se orientó hacia la conclusión del desminado en Nicaragua”, señaló Orozco.

Hasta que se identificaron recursos externos, se definió una nueva estrategia y metodología operativa –que incluyó importar equipos de detección más sofisticados—y arrancó el proyecto de detección, barrido y destrucción de desechos de guerra en Las Palomas. Entre abril y mayo del presente año.

Desechos peligrosos

A cuatro kilómetros de la entrada a Las Palomas, sobre un camino accidentado, se observa el valle donde trabaja el componente del Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Nicaragua, que ejecuta el plan contingente. Al 7 de julio del presente año, fecha en que visitamos la zona in situ, avanzaban en despejar la primera área, de 1.000 metros cuadrados lineales por 200 metros cuadrados de ancho.

Hay 34 soldados y oficiales involucrados, incluyendo personal médico que se mantiene alerta y con una ambulancia a tiempo completo por si se registra un accidente. También destaca la labor de la excavadora especial del Ejército, donada años atrás por Japón y que funciona como un barre mina, para extraer los artefactos explosivos y las municiones enterradas en la zona. La cabina del operador,  Lucas Cuadra, es blindada.

Los oficiales del Ejército, con cierto recelo, comentan que llevan varios días “pegados” en esa sub-área donde la excavadora-barre mina hunde su brazo metálico, porque la lluvia no contribuye al buen desempeño y porque los detectores especiales no cesan de pitar, sospechándose la presencia de una gran cantidad de artefactos explosivos y municiones todavía por descubrir en esa sub-área de sólo 100 metros cuadrados.

“Vamos a entrar por aquella gaveta, para tener acceso a tocar el centro del lugar, que es donde están más concertados los materiales, donde está más cargado de artefactos”, comentó Lucas Cuadra, el operar de la excavadora, durante un receso. Tiene nueve años de operar esa mole metálica, de 20 toneladas de peso y con vidrios blindados.

Muy cerca un soldado vigila los cerritos de municiones, de explosivos, de pistones de AK-47, que han sacado a lo largo de tres días, del 5 al 7 de julio. Se observan sarrosos, casi petrificados, de apariencia inofensivos, pero no es así. Son potencialmente peligrosos.

“Entre los artefactos que hemos encontrado en esta área (donde trabaja el barreminas), hemos encontrado municiones de bajo calibre, de alto calibre, componentes de fusiles y artefactos explosivos. Algunos están completamente inertes, pero otros todavía tienen algunas cualidades que representan peligro. No hay que descartar que algunos guardan todavía sus cualidades combativas”, afirmó el Teniente Primero Yader Herrera, del Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Nicaragua.

Desde finales de abril hasta el 26 de julio, se han desenterrado y destruidos 28,454 artefactos, según cifras oficiales del PADCA-OEA. En la extensa lista de artefactos destruidos están municiones de bajo calibre, de alto calibre y artefactos explosivos, Entre estos últimos cabezas combativas de cañones, de morteros, granadas, de lanza-cohetes y otros.

Avance del 70% en primera área

Carlos Orozco, coordinador de PADCA-OEA, en entrevista exclusiva sobre este tema, explicó que las municiones de alto calibre, junto a los artefactos explosivos, las destruyen por detonación. Mientras las municiones de bajo calibre serán destruidas en un horno especial, que importarían del exterior.

Incluso comentó que PADCA-OEA contempla trasladar a un técnico de Guatemala, para entrenar al personal para la destrucción de municiones de bajo calibre. “El método más conveniente es incinerarlos en un horno, dejarlos que estallen”, dijo Orozco, coordinador del programa regional de la OEA.

A la vez, vendrán especialistas de una ONG internacional que certificará que la metodología que están empleando es correcta y se están cumpliendo con todas las normas y estándares internacionales para este tipo de operaciones.

“Espero que al finalizar este año, el tema de Las Palomas haya concluido completamente, después de completar el barrido de otras dos áreas pendientes a la fecha. El propósito es brindarles seguridad a los pobladores y a las áreas adyacentes donde se han puesto a producir”, indicó Orozco.

Al 26 de julio del presente año, según estadísticas facilitadas por PADCA-OEA, se contabilizan 333.5 horas hombres, 185.5 horas trabajadas por la máquina y un área barrida de 161,900 metros cuadrados. En los puntos excavados se contabilizan 117,545 artefactos encontrados, de los cuales se han destruido 28,454. 

“Al día de hoy (14 de julio), se ha barrido el 70% de la primera área que se está trabajando. El ritmo de avance es muy impresionante, si comparamos con el proceso de desminado”, insistió Orozco, coordinador de PADCA-OEA.

El Teniente Primero Herrera también estima que concluirán labores en diciembre próximo, una vez que completen el barrido de las tres grandes áreas programadas, apoyándose en jornadas diarias que inician a las 7:30 de la mañana y concluyen a las 3:00 pm, de lunes a viernes. Siempre y cuando se cumplan dos condiciones: no esté lloviendo y esté asegurada la cobertura médica en el hospital regional de Matagalpa o en el Militar “Alejandro Dávila Bolaños”.

Abandonados y empobrecidos

Desde 1991 hasta 2007, año en que se produjo el accidente en que salieron heridos cuatro civiles de la comunidad de Kokomo, los pobladores de Las Palomas y comarcas vecinas sobrevivieron a punta de extraer y vender chatarra, bajo peligro incluso de perder la vida.

Niños y adultos, sin excepción, se dedicaban a esa labor. “Llegaron los compradores de chatarra y empezamos a vender para sobrevivir. Nos pagaban a peso la libra (un córdoba). Ahora que no sacamos, porque se ha parado, la situación es más difícil”, comentó David Velásquez, el líder comunitario de Las Palomas.

El programa PADCA-OEA no cuenta con los resultados de algún censo oficial para determinar el número de personas que viven en Las Palomas, Kokomo y Quebrada Honda, pero extraoficialmente calculan que son alrededor de 750 personas, quienes encontraban en la venta de chatarra un medio de sobrevivencia.

“Queremos sembrar frijoles en las áreas que están limpias, pero nos faltan semillas y nadie nos ayuda. Buscamos apoyo en la Alcaldía de Matagalpa, pero ni nos vuelven a ver. Al finalizar la guerra nos ofrecieron tierras, casas, medios para trabajar y a cambio entregamos las armas, pero desde entonces nadie nos ha ayudado. Nosotros esperamos que el gobierno se dé cuenta de la situaciones que estamos atravesando, a través de ustedes”, concluyó Velásquez.

En manos de los desmovilizados que siguen Las Palomas hay alrededor de 820 manzanas, que han quedado en su poder tras disputas internas. Representan un gran capital de trabajo, sin embargo por casi una década ese potencial ha permanecido virtualmente secuestrado por los desechos de guerra. Viven en realidad sobre un polvorín.

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